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Póntelo fácil en marzo: 11 recetas con sabor a pasta que no son pasta

Estrenamos sección mensual para solucionar las comidas y cenas del día a día, con consejos para sacar el máximo partido a cada preparación, ingredientes que facilitan la vida y platos de temporada

Puedes usar el pescado que prefieras
Puedes usar el pescado que prefierasCarlo A. (Getty Images)

Empieza otro mes, con él una nueva semana y con ella otra sucesión de comidas y cenas que hay que preparar para alimentarnos de lunes a viernes, mientras trabajamos, estudiamos o cuidamos personas y hogares (a veces, todo lo anterior junto). Que no cunda el pánico: la nueva sección “póntelo fácil” está aquí exactamente para eso: ayudarte a optimizar recursos, tener a mano fórmulas, ingredientes o técnicas que nos ayudarán a comer bien sin dejarnos ni el sueldo ni la energía en ello.

Nos estrenamos con once recetas que saben a pasta, pero no son pasta, usando algunas de sus salsas y combinaciones más populares para hacer otros platos ricos. ¿Estamos diciendo con esto que los espaguetis son malos, los macarrones Satanás y la mafaldina debería ser erradicada de la faz de la tierra? Obviamente no, tampoco y para nada. Pero esto va de dar opciones sencillas y variadas, y los sabores que asociamos a la pasta son conocidos, reconfortantes y les podemos dar mil vueltas en forma de guiso, crema, sopa o acompañamiento para huevos, pescado, carne o verdura asada. Todas las recetas son para cuatro personas, a no ser que se indique lo contrario (puedes duplicar las cantidades de la salsa con atún o alla norma, la crema de garbanzos o la boloñesa exprés y congelar para tener a mano en otro momento).

Además de recetas, cada mes daremos una lista “más fácil todavía” para cocinar una vez y comer varias, comprar congelados o embotados que formen parte de las diferentes recetas que vayamos a proponer. También habrá ideas para acompañarlos y completarlos, además de algunas sugerencias de fondo de despensa que pidan poco tiempo de cocción para esos momentos en los que la rapidez marca la diferencia.

Judías verdes a la asesina

Quita las puntas a un kilo de judías verdes frescas (o deja que se descongelen, si son congeladas). Pon una cazuela a fuego medio con un buen chorro de aceite de oliva, dos dientes de ajo entero y dos o tres picados, y una o dos guindillas secas picadas: la idea es que quede alegre, por eso se llaman “a la asesina”. Cuando tenga color, añade las judías bien escurridas y dales unas vueltas durante unos minutos para que algunas se tuesten un poco. Añade unos 250 gramos de passata -o 100 de tomate concentrado y 150 de agua-, y un poco de sal, tapa y cocina unos tres minutos, destapa para que evapore un poco, remueve y deja tres minutos más destapado. Sirve con un chorro de aceite bueno y un poco de sal (si tienes en escamas, genial).

Crema de garbanzos a la carbonara

Pela y trocea en grueso un par de cebollas -o una cebolla y un puerro- y dora ligeramente en una cazuela con un poco de aceite. Añade un par de dientes de ajo pelados y cortados grandes. Cuando todo tenga un poco de color, pon 800 gramos de garbanzos cocidos con su líquido de cocción y unos 750 mililitros de agua o caldo suave. Dale un hervor de unos ocho minutos, tritura, salpimenta y rectifica de sazón (si crees que está muy densa, ponle un poco más de líquido y tritura de nuevo). Sirve muy, muy caliente con unos daditos de guanciale o panceta previamente salteados y una yema en el centro, que al romperla y mezclarla se cocinará ligeramente con el calor de la crema. Un poco de queso curado rallado y más pimienta son opcionales, pero muy recomendables.

Lentejas con tomate y atún

Prepararemos la salsa según los preceptos de nuestra compañera Anna Mayer: pela y lamina un par de dientes de ajo y dóralos en una sartén o cazuela con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra (si quieres, añade una cayena). Pon dos latas grandes de tomate pelado un poco escurridas y cocina a fuego fuerte unos 15-20 minutos, hasta que se haya evaporado el líquido en exceso. Añade 250 gramos de atún en conserva y, si quieres, un puñado de aceitunas negras -tipo Aragón- deshuesadas. Si has usado cayena, es un buen momento para retirarla para evitar que termine en el plato de alguien. Cocina todo un par de minutos y listo: añade un kilo de lentejas cocidas bien lavadas y escurridas -no queremos líquido extra, a no ser que te apetezca comerlo con cuchara, como un guiso, en cuyo caso bienvenido sea-, mezcla bien y cuando todo esté caliente, a comer.

Huevos revueltos con tomate (y lo que surja)

¿La pizza margherita o la pasta con tomate más sencilla es tus favorita porque si así ya está bien, para qué más? Vamos a convertirla en un revuelto que te apañará una comida o cena rápidamente. Pon tres o cuatro cucharadas de buen tomate frito en una sartén a fuego suave desde frío. Cuando esté caliente, añade un par de huevos, un pellizco de sal y pimienta. Cuájalos suavemente siguiendo esta técnica y remata con albahaca picada y un poco de tu queso favorito (que no sea mozzarella de bola ni nada que suelte agua: queremos un revuelto cremoso, no una piscina). Si lo que echas de menos son los macarrones con chorizo o con jamón, ponle unas lonchas o unos daditos a la vez que la salsa de tomate; también puedes saltear antes un par de champiñones laminados.

Los puedes 'tunear' con lo que quieras
Los puedes 'tunear' con lo que quieraszuveyde eylem topcuoglu (Getty Images)

Sopa jardinera de calabacín y patatas al pesto

Quita las puntas y corta tres o cuatro calabacines medianos -unos 700 gramos- en dados grandes. Pela y lamina dos o tres dientes de ajo. Salpimenta, saltea en una cazuela con un poco de aceite el ajo y los calabacines y retira. Pela y chasca 400 gramos de patata nueva y dórala en la misma cazuela. Cubre con 1,5 litros de caldo de verduras o pollo y deja que se cocinen unos 12 minutos. Añade los calabacines y deja tres minutos más. Remata con un puñado de hojas de albahaca picadas, otro de parmesano o pecorino rallado, unos piñones -si quieres, previamente tostados- y un chorro de aceite de oliva en crudo.

Zanahorias y arroz integral aglio olio

Cuece el arroz integral según las instrucciones del fabricante: unos 200 gramos en crudo para cuatro. Lava bien y corta en rodajas finas seis zanahorias medianas bien frescas (unos 400 gramos en total). Pela y lamina ocho dientes de ajo y ponlos en una cazuela con un buen chorro de aceite de oliva a fuego suave, desde frío. Cuando empiecen a coger color, añadir las zanahorias, salpimentar, subir el fuego a medio y cocinar todo junto tres o cuatro minutos, hasta que las zanahorias empiecen a ablandarse. En ese momento subir el fuego, añadir el arroz y un buen puñado de perejil picado y saltear todo junto un par de minutos. Servir inmediatamente.

Pescado a la putanesca

Tomate, ajo, la sal de las aceitunas y las anchoas y el punto de acidez de las alcaparras: cuatro ingredientes que funcionan tan bien con pasta como con pescado. Dora en una sartén o cazuela amplia a fuego alegre el pescado salpimentado en un buen chorro de aceite: aproximadamente un kilo si es su carne limpia en dados o filetes, sin piel ni espinas, y hasta 1,5 kilos si son piezas con espinas y piel. Retira, reserva, baja el fuego a medio y añade un par de dientes de ajo pelados y picados. Cuando cojan color, añade seis filetes de anchoa picados (no hace falta que sean las mejores del mundo, su función aquí es aportar sabor). Vierte un bote grande de tomate troceado -unos 800 gramos-, un puñado de aceitunas negras, otro de alcaparras, una pizca de orégano y, si quieres, una guindilla. Cocina durante unos 15 minutos hasta que el tomate se reduzca un poco, añadiendo el pescado en el momento adecuado según el que uses y cómo te guste de cocinado; recordemos que ya está marcado. Para mí bonito, atún o salmón tendrían suficiente con un minuto, la caballa, la merluza o el bacalao necesitarían tres o cuatro y las sardinas, rape, sepia -que no es un pescado, pero también queda bien- o besugo, unos seis o siete. Sirve con perejil picado por encima.

Coliflor cacio e pepe en microondas

Esta receta es para dos personas -en lugar de las cuatro raciones habituales- porque es lo que suele caber bien en los microondas de casa: para preparar más, repite la operación y listo, se prepara en un momento y tú solo trabajarás troceando la verdura y removiendo un poco. Corta unos 300 gramos de coliflor en floretes para cada ración. Ponla en un bol en el microondas con tres o cuatro cucharadas de agua, tapa con un plato o una tapa de silicona y cocina tres minutos a máxima potencia. Destapa con cuidado para no quemarte, comprueba la cocción con un tenedor y dale entre dos y cinco minutos más (el tiempo final depende de la potencia del microondas, de lo fresca que esté la coliflor o de cómo te guste de cocida). Cuando esté lista, destapa y, sin sacar el líquido, añade un par de cucharadas generosas de queso curado -se suele usar pecorino, pero puedes hacerlo con manchego, Idiazábal, parmesano o el que tengas en la nevera que se esté quedando seco- rallado bien fino, un poco de mantequilla y bastante pimienta. Remueve todo muy bien en el mismo bol hasta que el queso, la mantequilla y el agua emulsionen y se conviertan una salsa. Sirve, si quieres con más pimienta encima.

La coliflor admite muchas preparaciones (y está buena en casi todas, menos sobrecocida)
La coliflor admite muchas preparaciones (y está buena en casi todas, menos sobrecocida)Mònica Escudero

Alubias con “boloñesa” exprés

Una especie de chili con carne con sabor italiano, listo en menos de 20 minutos y perfecto para llevar en táper o congelar. Para cuatro raciones, pela y pica un diente de ajo, una cebolla y dos ramitas de apio. Ralla también dos zanahorias. Empieza dorando el ajo en una cazuela con un poco de aceite a fuego suave, un minuto después añade la cebolla y el apio y sube el fuego, removiendo a menudo para que no se quemen. Cuando cojan color, añade la zanahoria y ocho salchichas o dos butifarras -unos 400 gramos en total- sin la piel (también tenemos una versión vegana con soja y setas). Da vueltas un par de minutos y añade una pizca de nuez moscada, un poco de orégano, 300 gramos de buen tomate frito y un kilo de alubias blancas con su líquido de cocción. Remueve bien, lleva a hervor cinco minutos y listo para comer.

Calabaza con hinojo, sardinas, pasas y piñones

Empieza cocinando la calabaza como prefieras -unos 300 gramos por ración-: puedes cortarla a dados y hervirla, hacerla al microondas o, mi opción favorita, cortarla por la mitad a lo largo y asarla al horno a 180 grados durante entre 45 minutos y una hora. Mientras, prepara un sofrito con una cebolla y un bulbo de hinojo -si tiene hojas, reserva para emplatar- en tiritas, y cuando estén dorados añade dos cucharadas de pasas (o al gusto), una de piñones y una lata de sardinillas escurrida. Remueve, prueba y añade pimienta y, si es necesario, sal. Reparte la salsa sobre las calabazas asadas, remata con otra lata de sardinillas, estas enteras para decorar, las hojitas de hinojo si las tienes y más pimienta. No es canónico, pero a mí me gusta ponerle un poco de ralladura de limón.

Salsa alla norma

Otra salsa perfecta para preparar en cantidad generosa y congelar es la que suele usarse para la pasta alla norma: con tomate, berenjenas y albahaca. Corta dos kilos de berenjenas en dados y ponlas en una cazuela con un fondo de aceite. Dales vueltas hasta que estén bien doradas por todas partes, y añade seis dientes de ajo picados, orégano y cayena en polvo al gusto (opcional). Dale unas vueltas y pon 1,5 kilos de tomate triturado -dos botes grandes- y, si lo tienes a mano, tres cucharadas de tomate concentrado. Cocina unos 20 minutos a fuego medio removiendo cada cinco minutos o hasta que el aceite empiece a separarse del tomate, y añade un poco de albahaca picada. ¿Qué puedes hacer con esto? Desde usarla como sofrito base para preparar un guiso rápido con legumbres de bote hasta unas albóndigas, lomo, contramuslo de pollo o bacalao -como si fuera samfaina-, para un bocadillo de queso fundido o rematarlo con unos huevos encima, a modo de shakshuka. Si la receta lo admite, remátala con un poco de ricota normal o salada -a la venta en tiendas de alimentación italiana- y más albahaca fresca.

Lomo con samfaina
En pan es innegociableMònica Escudero

Más fácil todavía

  • Cuando prepares el arroz integral para servir con las zanahorias y el aglio olio, cocina un kilo entero y congela el resto en porciones: pasa por ese proceso conservando perfectamente la textura y el sabor, y se puede descongelar en la nevera, el microondas o directamente dentro de un guiso o una salsa.
  • Prepara el doble de lentejas con tomate y atún, tómalas un día caliente y al siguiente a temperatura ambiente: al día siguiente los sabores se habrán integrado, estará más sabroso, perfecto para comer “frío” (y no te dará la sensación de estar repitiendo plato). Puedes completarlas con un puñado de hojas de espinaca o rúcula por encima, aliñadas con un chorro de aceite. 
  • Mientras asas la calabaza, aprovecha para cocinar otras cosas a la vez y amortiza la energía. Si pones unas cebollas, puedes cortarlas una vez frías y aliñarlas con tu vinagreta favorita, las patatas o boniatos sirven como acompañamiento para cualquier cosa a la plancha, para una ensalada o para hacer puré, y cualquier otra verdura que tengas orbitando en el cajón puede terminar en una rica crema. Los tomates cherry con hierbas y ajo alegran casi cualquier comida, y una pechuga de pavo o un lomo de cerdo bien aliñados, posteriormente fileteados una vez fríos, también pueden ayudarnos a montar después platos rápidos (e incluso bocadillos para el desayuno). 
  • Usa piezas de temporada para el pescado alla putanesca y será más asequible (y sostenible). Si son grandes y salen mejor de precio enteras o por mitades, cómpralas así, congela lo que no vayas a usar y prepara caldos o fumets con las espinas, cabezas o pieles. 
  • Las judías verdes, la coliflor, la sopa o las zanahorias con arroz pueden convertirse en una comida completa si les añades uno o dos huevos a la plancha o escalfados, un par de contramuslos de pollo cortados en tiras, unas cuantas gambas o langostinos -pueden ser descongelados- o unos dados de tofu. 

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