Tribuna

Un electorado maduro y reflexivo

Un electorado maduro y reflexivo. El rotundo triunfo del sí en el referéndum del día 12 de marzo es, al margen de las consecuencias políticas que encierra, un tema apasionante para la sociología electoral de este país. Las diferencias entre las encuestas y sondeos publicados el día 6 de marzo y los resultados reales son tan significativas que a la fuerza hay que pensar que dichas encuestas y sondeos, sobre todo los que daban más probabilidades de victoria al voto negativo, han alentado el cambio de voto del electorado. Éste es precisamente uno de los efectos, aunque no el más frecuente, que puede tener la publicación de encuestas. En mi opinión, el temor a que triunfase el no ha tenido más influencia para que saliera finalmente el sí que las últimas y muy meritorias, aunque reiterativas y casi insoportables, intervenciones del presidente del Gobierno.El temor a que triunfara el no no hubiera sido tan determinante si el principal partido de la oposición no hubiera cometido la irresponsabilidad de preconizar la abstención. Los culpables de que al final el referéndum tuviera el aspecto de un plebiscito sobre la labor del Gobierno son fundamentalmente Fraga y sus compañeros de coalición. Con su actitud han provocado que el electorado socialista de las últimas elecciones generales, entre el que se contaban numerosos partidarios del no, decidiera votar al final para que el Gobierno saliera triunfante de su difícil trance. Con ello Manuel Fraga, que ha demostrado que su futuro político está en ser alcalde de Villalba, ha conseguido que todos los triunfos por nuestra permanencia en la Alianza sean del PSOE y de Felipe González, que cuentan con el electorado más maduro, paciente y reflexivo que pueda haber en el mundo entero.

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Sí al referéndum

Sí al referéndum. La decisión del Gobierno de convocar el referéndum sobre nuestra permanencia o no en la OTAN merece mi encendido aplauso. No veo ambigüedad alguna en el preámbulo de la pregunta, ya que el Gobierno se limita a exponer su postura y los términos en que plantea nuestra continuidad en la OTAN, y la pregunta me parece meridianamente clara. No creo que nadie haya tenido alguna vez confusión sobre qué es la Alianza Atlántica, y si la hubo la habrá disipado ya o tendrá motivos de sobra para hacerlo antes del 12 de marzo. Me viene a la memoria la tremenda confusión y ambigüedad de la pregunta que se formuló el 28 de febrero de 1980 en el referéndum sobre el Estatuto de Andalucía, y, sin embargo, los ciudadanos supieron perfectamente lo que querían responder. Los españoles tenemos muchos defectos, pero no se cuenta entre ellos la tontería o la debilidad mental.Merece también mi admiración que el Gobierno haya afirmado taxativamente que el referéndum será moral y políticamente vinculante. Cuestión ésta muy importante, sobre todo si tenemos en cuenta que, como Fraga recordó en el pasado debate parlamentario, fue la izquierda la que no quiso que el referéndum ocupase un papel más determinante que el que le confiere el artículo 92 de la. Constitución. Éste fue un error de la izquierda, que, más pendientes del pasado que del futuro, no comprendimos entonces que el referéndum podía convertirse dentro de un sistema parlamentario en uno de los instrumentos clave de la participación.