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Ocho famosos que han pagado cara su incontinencia en Twitter

Un tuit de Elon Musk ha provocado que las acciones de Tesla pierdan un 10% de su valor. No es el primer rostro conocido a quien sucede algo así. Kanye West, Donald Trump o Roseanne Barr dan fe

Kanye West, en una actución-misa durante la edición de 2019 del festival Coachella.
Kanye West, en una actución-misa durante la edición de 2019 del festival Coachella. Getty

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Parecía una buena idea. Un chiste gracioso, un comentario agudo y punzante, una reflexión en voz alta con la que demostrar que detrás de la estrella, actor, filántropo, político, cantante o todo eso a la vez hay, también, un ingenio subestimado. Entonces las notificaciones de Twitter empiezan a moverse muy rápido. El mensaje parece haberse hecho viral, pero no por los motivos previstos. Con el paso de las horas, el problema está lejos de remitir: en el móvil hay dos llamadas perdidas del director de publicidad con el que ibas a empezar una campaña la semana que viene. También otras quince de tu agente. Se perfilan dos grandes opciones. Por un lado, agachar la cabeza, pedir disculpas y esperar a que el asunto cicatrice. Por otro, huir hacia adelante, contar que hay una dictadura de la corrección política que obliga a la gente a rechazar el racismo de tu tuit y, tal vez, perder unos cuantos fans por el camino, pero fidelizar para siempre a esa extraña gente sin avatares y con el nombre compuesto por muchos números y banderitas que acaba de comenzar a seguirte.

No todos los personajes enumerados en la siguiente lista responden al mismo patrón. En los casos más honrosos, que los hay, puede ser una demostración de integridad, aunque (todo hay que decirlo) a un coste económico inasumible para el común de las personas. Por eso mismo, está claro que la evidente posición de privilegio de varios de ellos hace difícil saber si siquiera les compensa sentirse arrepentidos. Sus contables, en cambio, quizá no pensaban igual echando aquellas horas extra para volver a cuadrar las previsiones del año.

Elon Musk

Cuando eres el dueño de una empresa multimillonaria, tuitear que vas a dejarlo todo, no parece una buena idea, a menos que realmente vayas a dejarlo todo.
Cuando eres el dueño de una empresa multimillonaria, tuitear que vas a dejarlo todo, no parece una buena idea, a menos que realmente vayas a dejarlo todo. Getty

El pasado 1 de mayo, el director general de Tesla decidió compartir con sus seguidores en Twitter una apreciación personal respecto al valor económico de su empresa: “El precio de las acciones de Tesla es muy alto, en mi opinión”. Jornada muy provechosa para el magnate sudafricano, que publicó otra decena de tuits a lo largo del día, entre ellos uno anunciando que vendería todas sus posesiones y que, de ahora en adelante, no tendría casa para así “ser libre”. Poco después, Musk contó que el tuit había enfadado a su novia, la cantante Grimes, que, 72 horas después, daría a luz al hijo de ambos, X Æ A-12.

Tesla cayó en bolsa un 10% a lo largo del día y, lejos de tranquilizar a los inversores, el fundador insistió a The Wall Street Journal en que su mensaje no era ninguna broma: realmente le parecía que la empresa costaba más de lo que merecía. A pesar de todo, nada apunta a que el pequeño X Æ A-12 vaya a pasar hambre nunca: según Forbes, a su padre aún le quedan cerca de 40.000 millones de dólares por dilapidar.

Josh Trank

En la noche previa al estreno de Cuatro Fantásticos, el director tuvo un extremadamente inoportuno ataque de escrúpulos y decidió revelar en Twitter lo que, por otra parte, ya era un secreto a voces: que la versión que llegaba a los cines no era la suya, sino un montaje mutilado por el estudio de la película que él originalmente había concebido. Aunque para Fox probablemente la perspectiva fuese muy distinta, Trank no dudó en tildar su visión de “fantástica” y en asegurar que, de haberse seguido adelante con el plan que tenía, “las críticas hubieran sido excelentes”.

Con un presupuesto estimado de 155 millones de dólares (hasta 200 si se añaden gastos de publicidad), la película solo recaudó 56 millones en la taquilla estadounidense. De la noche a la mañana, Trank, prometedor talento que tenía a los grandes estudios llamando a su puerta tras haber rodado un éxito como Chronicle con solo 26 años, perdió su silla de director al frente de una de las nuevas películas de Star Wars, vio como su profesionalidad se ponía en duda conforme trascendían detalles sobre su comportamiento en el set de rodaje y, por decisión propia o ajena, se apartó del cine. Hasta este mes: su nueva película, una producción independiente sobre la vida del mafioso Al Capone, se estrena el 12 de mayo en plataformas digitales.

Kanye West

¡Borra eso! ¡No publiques! Eso le grita su gente a Kanye West, pero él raramente hace caso.
¡Borra eso! ¡No publiques! Eso le grita su gente a Kanye West, pero él raramente hace caso. Getty

Resulta complicado ponderar económicamente hasta qué punto el deterioro de la imagen pública del rapero ha afectado al ritmo de sus ganancias, que este año han llevado a su patrimonio a superar, según Forbes, los mil millones de dólares por primera vez (pese a que él ya llevaba años asegurando ser “milmillonario”). Sin embargo, es un hecho que Kanye West lleva tiempo poniéndoselo muy difícil a, como mínimo, su base de fans afroamericanos con declaraciones como que “la esclavitud fue una elección”. A pesar del interés y el reconocimiento de la crítica internacional, en los últimos años el cantante ha perdido relevancia en el plano artístico —frente al avance de figuras a las que él mismo ha influido, como Childish Gambino— y su principal fuente de ingresos ya no es la música, sino su marca de ropa y zapatillas Yeezy, que mantiene un acuerdo con Adidas.

West, que afirmó que en un primer momento le pidieron que no revelase públicamente su apoyo al presidente Donald Trump, mantiene una estrecha amistad con el mandatario, luce con frecuencia la gorra de “Make America great again” y ha llegado a dedicarle en Twitter epítetos del calibre de “Podéis no estar de acuerdo con Trump, pero la masa no puede hacer que deje de amarle. Ambos somos energía de dragón. Es mi hermano”. En directo, este tipo de arrebatos no le han salido bien: apenas unos días después de las elecciones que llevaron al candidato republicano a la Casa Blanca en 2016, tuvo que cancelar un concierto por las pitadas y abucheos que recibió tras alabar las virtudes del ultraderechista, no sin antes amenazar con presentarse él mismo a las elecciones de 2020.

La relación convulsa entre el rapero y Twitter, por cierto, viene de largo: en 2016, a través de la red social, pidió públicamente a Mark Zuckerberg “invertir mil millones de dólares en ideas de Kanye West” (así, en tercera persona). Ahora ya los tiene.

Jim Carrey

En una línea relativamente similar a la de Josh Trank, Jim Carrey se desvinculó en Twitter de su película Kick-Ass 2: Con un par antes de que llegara a los cines. Aunque por motivos no relacionados con su calidad cinematográfica: el actor explicó que la masacre en la escuela primaria de Sandy Hook, en Connecticut, donde fueron asesinadas 26 personas (entre ellas 20 niños), había cambiado “sus sentimientos” sobre la violencia mostrada en la película. “Mi conciencia me dice que no puedo apoyarla. Mis disculpas a todos los involucrados”, escribió. El actor, en diversas ocasiones, ha manifestado su oposición a la venta de armas. 

Las palabras de Carrey fueron criticadas duramente por Chloë Moretz, la intérprete de Hit-Girl, que acusó al cómico de no distinguir entre ficción y realidad: “Si crees que las películas son de verdad, no deberías ver Pocahontas porque podrías pensar que eres una princesa Disney”. Mucho mejor se lo tomó el autor del tebeo original, Mark Millar, que se declaró “encantado” con las declaraciones: “Que tu estrella diga que la película le resulta muy violenta es como que un actor porno diga que una película suya tiene mucho sexo. Todo el mundo querrá ir a verla”. El optimismo de Millar no se correspondió con la realidad: fuese por la violencia o por simple desinterés, Kick-Ass 2 apenas recaudó la mitad que su predecesora.

Donald Trump

Pues nada, tuit contra la CNN enviado. Ceno algo y nos ponemos ya con eso de la pandemia.
Pues nada, tuit contra la CNN enviado. Ceno algo y nos ponemos ya con eso de la pandemia. Getty

Sin ninguna duda, a nivel mundial, la de Donald Trump es la cuenta de Twitter que más oscilaciones provoca en bolsa. La financiera JP Morgan ha llegado a desarrollar un índice que mide el impacto de los mensajes del presidente de Estados Unidos sobre el mercado. Bank of America también alertó a sus clientes de que las acciones de la empresa tendían a bajar en los días en los que Trump escribía más tuits. Cuando se mostraba menos prolífico, en cambio, se daba el fenómeno contrario.

Según JP Morgan, las publicaciones de Trump que más movimientos producen en el mercado son aquellas que contienen las palabras “China”, “mil millones”, “productos”, “demócratas” y “grande”.

Stephanie Rice

La nadadora olímpica australiana perdió un contrato de publicidad con la marca de automóviles de lujo Jaguar después de calentarse excesivamente por un partido de rugby: tras la victoria de los Wallabies, como se conoce a la selección de rugby de su país, sobre los sudafricanos Springboks, Rice tuiteó “Que la chupen esos maricones”.

La deportista llegó a ofrecer una rueda de prensa para pedir disculpas entre lágrimas. No fue suficiente: Jaguar incluso le retiró el coche de 60.000 dólares que le había regalado, y que ya se le había visto conduciendo.

Gilbert Gottfried

Las 12 gracietas que el actor publicó en Twitter a costa del tsunami de Japón en 2011 no hicieron precisamente reír a sus empleadores de la compañía de seguros Aflac, que tiene el 75% de su negocio en el país nipón. Después de años poniendo voz a la mascota de sus anuncios (un pato), Gottfried perdió el trabajo a cambio de que el mundo obtuviera chistes como este: “En Japón no necesitan ir a la playa, la playa va a ellos”.

Gilbert Gottfried, que ha actuado en las películas de Este chico es un demonio y doblado dibujos como Aladdin, es toda una leyenda del mal gusto que ostenta el particular honor de ser el primer cómico que hizo públicamente un chiste sobre el 11 de septiembre, solo tres semanas después de los atentados. Tampoco gustó.

Roseanne Barr

Roseanne Barr lo sabe: un mal tuit y no te atreves ni a salir de casa.
Roseanne Barr lo sabe: un mal tuit y no te atreves ni a salir de casa. Getty

Desde la serie Roseanne, la actriz pudo dar voz en los ochenta y noventa a la clase trabajadora frente a las familias de clase alta que dominaban las telecomedias. En los últimos años, sin embargo, sus incursiones en política han enturbiado bastante su figura: tras expresar deseos de convertirse en primera ministra de Israel, Barr concurrió en las primarias del Partido Verde, donde tuvo una encendida polémica con la candidata Jill Stein por su rechazo a los derechos de las personas trans. “Para mí, si tienes pene entonces eres un hombre”: Roseanne Barr, precursora de Hazte Oír.

Roseanne volvió a televisión en 2017, 20 años después de su final, con un revival al que se acusó de difundir propaganda pro-Trump. Pero el regreso duró poco: un tuit racista de Barr, donde básicamente se refería a una asesora de origen iraní de Obama como "el cruce entre un simio y un musulmán", motivó su cancelación por parte de la cadena ABC. Al año siguiente, se estrenó una nueva versión de la serie sin el personaje principal.

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