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Crónica:PEKÍN 2008 | Natación

Rice vuela al futuro

La australiana logra el oro y se convierte en la primera mujer capaz de bajar de 4m 30s en los 400 metros estilos

"¡Vamos! ¡Vamos!", se supone que chillaban los chinos hasta que el griterío que acompañó a la carrera quedó silenciado por un crujido. La bella cabeza de Stephanie Rice emergió del agua precedida por su nariz griega, y su garganta se rompió en dos vibrantes chillidos de mezzosoprano. Fue la mejor expresión de su sorpresa. "Me volví y miré el cronómetro", contó sonrojada. "Esto me ha dolido mucho para un 4m31s, pensé. Corrigieron la marca y me quedé paralizada".

Rice llevó ayer a la natación femenina hasta el futuro. A los 20 años se convirtió junto a Kirsty Coventry, plata, en la primera mujer capaz de derribar la barrera de los 4m30s en la prueba de los 400 metros estilos (4m29,45s). Su triunfo en la final de los Juegos fue la profecía de una nueva época. Sólo hay que observar el podio. Coventry tiene 24 años y nadó tan rápido que con su registro (4m29,89s) habría batido la anterior plusmarca. La estadounidense Katie Hoff, bronce, perdió su récord con sólo 19 años (4m31,71s). Y Liz Beisel, cuarta, lloró su bautizo olímpico con 16. Hay nadadoras de sobra para pulverizar marcas durante años. Entre todas sobresale Rice, un talento dentro y fuera de las piscinas, capaz de combinar la excelencia deportiva con las portadas de las revistas masculinas. Pin-Up girl, le dicen. La chica del calendario.

Su triunfo con 20 años en la final fue la profecía de una nueva época

En este momento hay nadadoras de sobra para pulverizar marcas durante años

"Pensé que no me estaba moviendo, que me pararía en el agua", dijo Rice

"Ha sido el mayor dolor que nunca he experimentado en una carrera. Pensé que no me estaba moviendo, que me pararía en el agua", dijo con las mejillas al borde del colapso y la larga melena empapada recogida en un moño monumental. "Intenté concentrarme", continuó, rodeada de varios micrófonos. "Éste es un éxito increíble para el que he trabajado muy duro durante mucho tiempo. No tengo remordimientos sobre mi preparación para estos Juegos Olímpicos. Lo di todo, hasta sentirme agotada".

Rice mencionó los remordimientos como si así todo se aclarara. La chica vive perseguida por la prensa australiana. Se informa de que hace seis semanas pasó por el quirófano, para operarle del esófago. Se cuenta su ruptura con el sprinter Eamon Sullivan. Y se publicita que antes que nadadora fue insinuante morena en neumático traje de policía. Las fotos se podían encontrar en marzo en Facebook, la red social que conecta a gente de todo el mundo por Internet, y convocaron el interés de la Federación de Natación australiana. Hoy, a semanas vistas de su triunfo en la pileta china, han sido retiradas. "Siento alivio. No era cuestión de recuperar el récord, sino de competir", dijo. Habló Rice y se hizo a un lado. Venía Coventry, la zimbaubense del cabello dorado y el futuro exiliado.

La crisis económica y la represión del gobierno de Robert Mugabe convierten al deporte en algo secundario en Zimbabue. "No dejaré de representar a mi país", aclaró Coventry, formada en Estados Unidos. "Sigo nadando para darle esperanzas". La nadadora vuelve una vez al año a Zimbabue. El peligro es evidente. El precio, humano y deportivo. "Planeamos los entrenamientos alrededor de esos viajes", dice, tras su escotada camiseta roja, Kimberly Bracker, su entrenadora. "No le gusta mezclar política y deporte, pero quiere ser un modelo para sus compatriotas, además de llevarles algo de felicidad". ¿Y el futuro? "Desde ahora, está claro: game on [juguemos]. Va a ser muy buena. Tiene confianza y autocontrol".

Eso es lo que le falta a Katie Hoff. La estadounidense se quedó ayer rumiando una chocolatina energética mientras digería el resultado. El bronce es un sueño para muchas. Para ella, que vio cómo la veterana Dara Torres se convertía en la nadadora de más edad con una medalla al cuello (plata con 41 años en el relevo del 4x100 metros en sus quintos Juegos), fue un fracaso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de agosto de 2008