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Cataluña permite la exportación a Rumania de un pez tóxico del Ebro

Un 70% de los siluros del río tiene niveles de mercurio peligrosos, según el CSIC

Un pescado bajo sospecha por su elevada toxicidad se pesca en el tramo bajo del Ebro para ser exportado a Rumania, donde se destinará al consumo humano, entre otros usos. Así lo explican un miembro de la empresa que los pesca y un responsable de la Generalitat, pese a que la seguridad como alimento del siluro es cuestionada por el Centro Superior de Investigaciones Científicas. Un portavoz del Departamento de Medio Ambiente catalán afirmó, por su parte, que la empresa elimina legalmente "los peces con su exportación como masa orgánica" con destino "no humano".

El controvertido negocio es el fruto de un proyecto piloto del Gobierno catalán para combatir al siluro, un gran depredador de agua dulce introducido para la pesca deportiva en la década de los stenta y que causa graves daños en la fauna autóctona.

La empresa ha almacenado tres toneladas del pescado insalubre

La especie fue introducida para la pesca deportiva en los años setenta

La Generalitat autorizó a la empresa Mondo Ivans, propiedad de un inmigrante rumano, a pescar desde el pasado octubre y sin límite ejemplares de siluros que luego son congelados para su exportación. La empresa ya tiene almacenadas casi tres toneladas de pescado y espera a llegar a las cinco para hacer el primer envío a Rumania. "Cuando reunamos cinco toneladas los enviaremos a Rumania. Para fabricar harina y también para comer. Allí es un pescado muy apreciado y enviando más cantidad nos sale más barato", explicó Valentin Ivanov, hermano del dueño de la compañía y encargado de capturar los siluros.

El responsable de Medio Ambiente de la Generalitat en las Tierras del Ebro, Víctor Gimeno, afirmó por su parte que la empresa "comercializa los siluros como mejor les parezca, para consumo humano o para la fabricación de harina".

Combatir la plaga haciendo un buen negocio sería una brillante solución al problema si no fuera porque el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) alertó el año pasado de que siete de cada 10 siluros y carpas del tramo bajo del Ebro contienen "niveles elevados de mercurio, otros metales pesados y compuestos organoclorados", afirma Jordi Grimalt, autor del estudio. La mitad de los ejemplares analizados rebasaba los niveles recomendables para la salud y un 20% superó la concentración de mercurio permitida en la normativa española, según el estudio, encargado por el Ministerio de Medio Ambiente. Grimalt califica de "disparate que se le dé algún uso a estos peces, y aún más que puedan terminar destinados a consumo humano".

La ingesta de elevados niveles de mercurio lesiona a largo plazo el sistema nervioso, detalló Grimalt, que también rechaza su uso para cualquier tipo de pienso. La zona de pesca queda unos 50 kilómetros más abajo del pantano de Flix, que acumula 700.000 toneladas de residuos tóxicos de la industria química.

Pese a estos antecedentes, la Generalitat ha autorizado a esta empresa "a instalar 100 instrumentos de pesca en el río", explica el responsable de Medio Ambiente de la Generalitat, Víctor Gimeno. Los rumanos, según las costumbres de pesca en su país, no pescan a los siluros con caña, sino con redes y trampas.

Por su parte, Valentin Ivanov, de origen ruso y 49 años, dice que ha invertido sus ahorros en el proyecto aprobado por la Generalitat y asegura que de vez en cuando come alguna de sus capturas. "¿Por qué aquí no se comen? Es una cuestión cultural", resuelve, antes de admitir que no sabe si los siluros son tóxicos o no.

Valentin lleva gastados unos 32.000 euros en el plan piloto porque la Generalitat, que tiene en cuenta que la empresa obtiene ingresos con la venta de los siluros, no les ha facilitado ninguna infraestructura, vehículos o redes de pesca. Él y otros tres pescadores han instalado allí una cámara frigorífica donde acumulan sus capturas. También varias habitaciones en las que duermen gran parte de la semana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de noviembre de 2009