
Suyos eran los pájaros
Las protagonistas de esta novela son dos mujeres unidas, a ratos contra su voluntad, por una intimidad difícil de entender.

Las protagonistas de esta novela son dos mujeres unidas, a ratos contra su voluntad, por una intimidad difícil de entender.

El azar no tiene ideas, no tiene moral, no tiene sacerdotes, no pretende decirnos qué debemos hacer.

Al obrar según el consejo “Nunca prestes más de lo que estarías dispuesto a dar”, no se enfada si no hay intento de devolución.

En España hay miseria, una miseria solidificada que se cierra sobre algunas personas como la losa de una tumba.






Te obvié. Y casi, casi, te olvidé. No voy a hacerme la fuerte, esto nunca ha sido un adiós definitivo, sigues rondando mi cabeza.

Le gustaba a Carmen Laforet bromear con estas cosas tan serias. Por ejemplo, los duendes… ¿Tú crees en ellos?






Dan ganas de aplicar un poco de crema hidratante a la fotografía en una especie de vudú inverso que no funcionaría porque lo que vemos es muerte pura y dura

No es lo mismo un perfecto imbécil que uno famoso. Éste no sólo lo es, sino que su imbecilidad es de todos conocida

Eso hacemos los escritores huérfanos: nos encerramos en nuestro rincón de imaginar y encapsulamos en la memoria lo que se fue

Las mujeres afganas son los negros del ‘apartheid’ de hoy, los judíos del nazismo. No podemos olvidarnos de ellas

Sólo a veces, cuando un verso se incrusta y se expande en el cuerpo, me produce esta sensación colosal: la de no estar ahí

No puede ser más difícil pactar después de 40 años de democracia que después de 40 años de dictadura

La literatura es antes que nada un placer, como el sexo, pero también es una forma de conocimiento, igual que el sexo

No se trata solo de a quién amas, se trata de quién eres. Por eso, aunque nos rompa por dentro, somos también Samuel

Debemos aprender a conciliar el progreso con el desprogreso cuando no sabemos muy bien en qué consiste lo primero y en qué lo segundo

Misteriosas escrituras desvelan nuestra historia: los surcos de las arrugas, las cicatrices, el subrayado de las ojeras…

Ya no sabemos cómo era preguntar cómo se llega a tal lugar, ligar en un azar, no registrar cada momento, pensar un rato