Aún lejos de mil
Lo más grave que le puede suceder a una sociedad libre y democrática es tener miedo a opinar en voz alta. Y a eso hemos llegado
Lo más grave que le puede suceder a una sociedad libre y democrática es tener miedo a opinar en voz alta. Y a eso hemos llegado

Le has dado otra dimensión a mi concepción del universo lorquiano. Nos dejaste una investigación fundamental llena de un amor profundo
¿Cómo ninguna izquierda puede simpatizar con una revolución de señoritos ricos, de caciques a menudo corruptos y ladrones?
Elegiste un oficio que aspira a desafiar tabúes, a invitar a hablar, a desvelar los miedos encubridores

Algunos herederos trabajaron para que aquello que sabías grande y no alcanzaste permaneciese como herencia y tu apellido firmara columnas
El más maravilloso premio es cuando el lector encuentra placer en un libro y lo usa para vivir de una manera más rica
Este artículo va dedicado a los que siguen hablando. A los que no se callan frente a un dictador o frente a un jefe injusto
Para que funcionara, deberíamos dejar de abrazarnos de boquilla. Y devolverle a la palabra abrazo algo de su sentido.

¿Puede ser verdaderamente de izquierdas, y demócrata, quien hace distingos entre unas dictaduras y otras?
Hasta en el hoyo más profundo puede brillar la luz de la esperanza por más que le moleste a algún que otro carroñero.

Esas memorias se han leído durante décadas sin que nadie señale tal brutalidad. Así se crean esas cegueras sociales que lo permiten todo.

Obsesionados por un ideal irrealizable, olvidamos que la perfección es una cualidad de los objetos, nunca de las personas.

Era enamoradizo, sentimental, hipocondriaco, cariñoso, leal a su manera intermitente y gracioso hasta la infinidad.


Ese pacto es indispensable, pero, como los partidos se muestran reacios, somos los ciudadanos los que deberíamos imponerlo

Más de una vez me he preguntado qué cogería si me dijeran que sólo tengo unos minutos para salvar algo de mi casa.



He tenido que escribir algunos artículos muy complicados a lo largo de mi vida. Ninguno como este.



Basta acordarse de la ciudad pre-Colau para desesperarse al ver la mamarrachada en que esta alcaldesa bufa la ha convertido.

La izquierda, que también se equivoca, me disgusta a veces por lo que hace; la derecha, que a veces acierta, por lo que es.


La invención de las bolsas nos hizo libres para recorrer el mundo: no permitamos que sus herederas asfixien nuestras aguas.

Creo que las religiones y las filosofías se han inventado con el fin de darle un sentido al Mal.