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UNA CONVERSACIÓN, UN LIBRO / ‘Apóstoles y asesinos’

Barcelona o el Chicago de Al Capone

El escritor novela el rostro más agresivo del anarquismo en España a través de la legendaria figura de Salvador Seguí. “Ni en los peores momentos de ETA se llegó a las cotas de violencia que atravesó entonces la capital catalana”, dice el autor

Antonio Soler afirma que sus personajes reivindican la dignidad de los perdedores

Cuatro horas de espera en el aeropuerto de Barajas impidieron que el escritor Antonio Soler (Málaga, 1956) llegara ayer a tiempo a Bilbao para participar en la inauguración oficial de la Feria del Libro. La feria echó a andar sin él y Soler sólo pudo cumplir con el compromiso de presentar su obra El nombre que ahora digo, Premio Primavera de novela 1999, ante los medios de comunicación y firmar ejemplares en unos grandes almacenes. "Es, una vez más, una historia de perdedores, pero que combaten y arriesgan con dignidad", dijo.

Soler, Benítez Reyes y Prada dan por enterrado el compromiso político

El compromiso político de los escritores es algo que pertenece a un pasado cada vez más lejano. Los años sesenta registraron los últimos episodios de esta pasión. Mario Vargas Llosa aún consideraba a Sartre el guía de sus pasos éticos, mientras que Blas de Otero y Gabriel Celaya teñían sus versos con el color azul de los monos de los obreros. Los novelistas Antonio Soler, Felipe Benítez Reyes y Juan Manuel de Prada certificaron ayer en Sevilla que el compromiso político es algo enterrado y muerto desde hace años.