Vidas digitales

Cuando el algoritmo se equivoca

Las personas no son infalibles. Las máquinas, tampoco: se limitan a reproducir lo que nosotros hacemos y pensamos. Cada vez se delegan decisiones de mayor trascendencia en sistemas automatizados. Y cada vez son más sonoros sus fracasos, que pueden hundir la vida de una persona y hasta derribar gobiernos. El machismo y el racismo son solo ejemplos de sesgos que se han colado en fórmulas que deciden si alguien es apto para un puesto de trabajo, para alquilar una casa, recibir un préstamo o una ayuda social. Y el reconocimiento facial es otra de las aplicaciones cuestionadas. Bienvenidos al lado oscuro de los algoritmos.