El auge de las clases particulares: los ricos las usan para diferenciar a sus hijos, los pobres para que no se queden atrás

La mayor investigación sobre las extraescolares educativas realizada en España revela un mercado mucho mayor del calculado hasta ahora: casi la mitad de los alumnos asisten a ellas y el gasto total alcanza los 1.700 millones

Alumnos en la academia de repaso Ancor de Terrassa, en Barcelona.
Alumnos en la academia de repaso Ancor de Terrassa, en Barcelona.CRISTÓBAL CASTRO

El creciente clima de competitividad escolar y el intento de las familias por mejorar la trayectoria educativa y las expectativas laborales de sus hijos ha disparado el mercado de las clases particulares a unas cotas muy superiores a lo que se pensaba hasta ahora: el gasto total en extraescolares educativas se eleva a 1.700 millones de euros al año y un 47% de los niños y adolescentes asisten a ellas. La mayor investigación hecha en España sobre el fenómeno advierte que constituyen una gran fuente de inequidad educativa, y recomienda aumentar la oferta pública y gratuita de clases de apoyo para paliar sus efectos.

El estudio, elaborado por el catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la UNED Juan Manuel Moreno y el economista Ángel Martínez para el Centro de Política Económica de la escuela de negocios Esade (EsadeEcPol), divide las extraescolares en dos grandes categorías: las destinadas a “ampliar y perfeccionar” conocimientos ―por ejemplo, las clases particulares de idiomas―, y las que tienen como objetivo “reforzar y recuperar” aprendizajes no adquiridos en “materias curriculares básicas”, como matemáticas. Los autores concluyen que las familias ricas utilizan en mayor medida las extraescolares del primer tipo, y que lo hacen como una vía para “diferenciar” a sus hijos y proporcionarles “ventajas competitivas”. Las más desfavorecidas recurren, en cambio, en mayor grado a las clases particulares del segundo tipo con el fin de evitar que sus hijos se queden atrás, repitan curso y caigan en el fracaso escolar.

Una clase en un colegio público valenciano.
Una clase en un colegio público valenciano.KIKE TABERNER

El informe, titulado Educación en la sombra en España: una radiografía del mercado de clases particulares por etapa escolar, capacidad económica de los hogares, titularidad del centro y comunidad autónoma, utiliza la información proporcionada por dos publicaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), la última Encuesta de Gasto de Hogares en Educación, del curso 2019-2020, y la Encuesta de Presupuestos Familiares del año 2021. Ello ha permitido a los autores hilar más fino de lo que lo hicieron en otra investigación, sobre el mismo tema, presentada hace un año, basada solamente en la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE, que mostró magnitudes más reducidas (un 24% del alumnado receptor de clases particulares y un gasto total de 732 millones) al no contabilizar extraescolares muy frecuentes, como la enseñanza de lenguas extranjeras al margen de las escuelas oficiales de idiomas. La Encuesta de Gasto de Hogares en Educación de 2019-2020 (que empezó a recopilar datos en el verano de 2019) se vio afectada por el gran confinamiento, pero, según los autores, de forma menor.

El estrato social es lo que más determina cuánto se usan las lecciones particulares. El estudio de Esade muestra que ya no son un recurso limitado a las clases altas y medias, sino que se han extendido de forma generalizada, aunque con intensidades muy diferentes. En las familias situadas en el quintil más bajo en cuanto a capacidad de gasto (un concepto del INE parecido al nivel de renta), el 30% de los niños asiste a algún tipo de extraescolares educativas. En los dos quintiles más elevados, el porcentaje supera, en cambio, el 60%. El gasto medio por alumno ―que hasta cierto punto puede tomarse como un indicador de la calidad de las actividades y de la frecuencia con que se usan― también es muy distinto según la clase social: la inversión de los hogares más ricos triplica al de los más pobres. Como promedio, el gasto por alumno y curso asciende a 270 euros (en Madrid alcanza los 350 y en el otro extremo, en Castilla-La Mancha, los 153).

El trabajo también constata disparidades en función de las redes educativas a las que acuden los alumnos (debido sobre todo a que la escuela pública matricula a muchos más estudiantes desfavorecidos de lo que le correspondería si su distribución fuera equilibrada). El gasto por escolar en clases particulares es de 300 euros en la concertada y de 235 en la pública. Y mientras en la pública la principal partida se destina a refuerzo de materias curriculares básicas, 96 euros, seguida de los idiomas, 89, en la concertada el orden es el inverso: las familias gastan 146 euros por curso en idiomas y 90 en materias curriculares. La tercera diferencia, y según Juan Manuel Moreno la “más significativa”, es que si bien el gasto por alumno durante las etapas de infantil y primaria es casi el mismo en ambas redes, en secundaria el gasto de las familias de la concertada “se dispara un 50%” respecto a las de la pública.

Un caso aparte

Los alumnos de centros privados (no concertados) representan un caso aparte. El gasto de sus familias en clases particulares es mucho más elevado y se concentra en lo que los autores describen como búsqueda de la diferenciación. Destinan 483,3 euros por alumno y curso a estudios de idiomas y apenas 76,5 (menos que las de la pública y la concertada) a sesiones de repaso de materias curriculares básicas.

Entrada en un colegio privado de Madrid.
Entrada en un colegio privado de Madrid.Marta Fernández Jara (Europa Press)

El gasto por alumno en la pública también es inferior en las extraescolares que engloban los “estudios no reglados de enseñanzas artísticas” (como danza, plástica, música o teatro): asciende a 38,5 euros, frente a 55,7 en la concertada y 57,3 en la privada. Y el quintil más rico es el único en el que la cuarta y última categoría de clases particulares recogida en el informe bajo el nombre de “otros estudios”, del que forman parte la enseñanza de técnicas de estudio, informática o programación, suponen un porcentaje significativo (un 7% del gasto total en extraescolares educativas realizadas por estos hogares). El informe no aborda las actividades extraescolares deportivas debido a la falta de datos, explican los autores, ni se aventura a decir en qué proporción se trata de actividades no declaradas que permanecen en la economía sumergida, aunque Moreno cree que es muy relevante.

El bum de las clases particulares es global. España forma parte de esa tendencia (el gasto total casi se ha triplicado en una década), pero Moreno, que durante buena parte de su carrera ha sido especialista educativo del Banco Mundial, afirma que todavía está lejos de lo que sucede en los países asiáticos, grandes referentes en la materia. “Si miramos al porcentaje de los alumnos españoles que consumen clases particulares, 47%, efectivamente, estamos avanzando rápido hacia lo que ocurre en los países asiáticos. Sin embargo, si comparamos el gasto medio en relación con nuestra renta per cápita con la suya, vemos que seguimos a años luz de ellos”.

El primer objetivo

El aumento de las clases particulares supone un gran caudal de desigualdad educativa, alertan los autores, que proponen a los poderes públicos recomendaciones para mitigar su impacto. “El primer objetivo debería ser eliminar la parte del gasto que se dedica a clases de refuerzo y recuperación de materias básicas del currículo escolar y que constituye un tercio del gasto total. Eso es lo que más nos debería preocupar”, afirma Moreno. El informe de Esade plantea potenciar las clases de apoyo gratuitas en los propios centros educativos para los chavales que lo necesitan, en línea con el programa PROA (Plan de Refuerzo, Orientación y Apoyo) recuperado en los últimos años por el Ministerio de Educación. También recomienda potenciar los servicios de orientación y tutorización personalizada en los centros educativos, revisar “los exámenes externos altamente competitivos” (es decir, la Selectividad) y “las tasas injustificadamente altas de fracaso y repetición”. Los investigadores también consideran necesario aumentar la recogida de información de forma que puedan hacerse análisis más detallados y se incluyan elementos que ahora se quedan fuera del cálculo, como las extraescolares deportivas o las estancias de verano para aprender inglés en Reino Unido o Irlanda.

El texto sobre la educación en la sombra en España incluye un apartado autonómico, que muestra que Madrid es al mismo tiempo la comunidad donde mayor es el gasto por alumno en clases particulares y una de las últimas en cuanto a porcentaje de estudiantes que asisten a las mismas: un 41% frente al 56% del País Vasco (que es donde más). Los autores atribuyen el contraste en Madrid a la desigualdad social que existe en la región (que, expresada mediante el índice Gini, es 10 puntos superior a la media). Y consideran perjudiciales medidas como la adoptada por la Junta de Andalucía de permitir que las familias se desgraven el gasto en clases particulares. “Son un claro ejemplo de transferencia de recursos públicos al sistema de educación en la sombra con la justificación de subvencionar a las familias para mejorar el rendimiento académico de sus hijos. Es una política desaconsejable, porque se convertirá en un incentivo adicional para incrementar la demanda de educación en la sombra y con ello en una fuente de desigualdad educativa y de pérdida de confianza pública en la escolarización. Y esto, amén de que la desgravación solo bonificará a las familias de clases media-alta y alta”.

Puedes seguir EL PAÍS EDUCACIÓN en Facebook y Twitter, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites

Sobre la firma

Ignacio Zafra

Es redactor de la sección de Sociedad del diario EL PAÍS y está especializado en temas de política educativa. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia y Máster de periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid y EL PAÍS.

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS