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Una nueva vida para viejas fotos de Estados Unidos

El libro 'American' muestra 80 imágenes anónimas de periódicos locales y su reinterpretación de la mano de más de 200 artistas

Imagen original de un hombre en una barbería de EE UU y la reinterpretación del artista Sergio Mora.
Imagen original de un hombre en una barbería de EE UU y la reinterpretación del artista Sergio Mora.

Como un acto del destino, o quizás de la casualidad, el argentino Patricio Binaghi, creador del Atelier des Jeunes, una plataforma digital destinada al arte emergente, rebuscaba en 2009 entre las webs de subastas viejos objetos de bar cuando su atención recayó sobre un sucinto titular: Lote de fotografías de periódicos locales de EE UU entre los años 1953 y 1969. Casi sin darse cuenta, había ya pujado por esta misteriosa oferta que incluía 3.000 negativos. “Vi por encima algunas imágenes y me di cuenta de que era bastante particular, no se asemejaba a los grandes fotógrafos norteamericanos”, recuerda Binaghi, que por motivos de trabajo tuvo que dejarlo a un lado. No fue hasta 2013 cuando, al revisarlo todo, se quedó prendado de aquellas imágenes en las que el tintado blanco y el negro parecía cobrar vida. Tenía entre manos una representación de los años 50 y 60 americanos sin datar y sin explicar, dejándole así plena libertad para fabular su contexto.

“Algunas imágenes contenían ironía, humor, eran bizarras y yo me preguntaba a qué noticias ilustrarían, pero era imposible descubrirlo porque se desconocía la ciudad de procedencia”, explica. Tras una pequeña muestra en Madrid y otra en Argentina, en 2015 se puso en contacto con 200 escritores, fotógrafos, artistas, dramaturgos, arquitectos, poetas y directores de cine para que reinterpretarán las imágenes. “Plena libertad de creación”, fue su única premisa. Tres años de trabajo después, sale a la luz American (Paripé Books), un libro con cuatro tomos en los que las imágenes originales se contraponen con las nuevas. “Había que armar el cuento y generar historias convocando voces contemporáneas que dieran un nuevo enfoque”, sostiene Binaghi.

Tiendas decadentes, anuncios de electrodomésticos, pequeñas concentraciones en recuerdo de Hiroshima o mujeres que comienzan a acortar su falda son algunos de los originales, que protagonizan el primer tomo. Aúnan lo típico del día a día americano con una estética y sociedad en pleno cambio. “Es un periodo en el que nacieron los movimientos beatniks, feministas y contraculturales y nadie puede quedar al margen de la fascinación que despierta”, apunta el argentino. Cada imagen está sobre un lienzo en blanco sin explicación, ni autoría, ni fecha, ni localización, dejándolas a la libre interpretación del observador.

Pequeña concentración en recuerdo de Hiroshima. ampliar foto
Pequeña concentración en recuerdo de Hiroshima.

En el segundo volumen se exponen las interpretaciones hechas por fotógrafos como el onubense Juan de Sande. "Es un material estupendo, pero muy dispar. Es como ver la serie Cuéntame pero de otra época y otro país", apunta De Sande. El autor destaca dos tipos de instantáneas: "fotografía de calle", sin puesta en escena, y "las teatrales", en las que domina la artificialidad. Por ello, y absorbido por la excentricidad de estas últimas, ha capturado "el telón del proscenio de un teatro y el retrato de una peluca de atrezo".

Peluca de obra de teatro.
Peluca de obra de teatro.

Escritores, dramaturgos, poetas y periodistas ocupan el tercer tomo. “Entonces éramos todo sonrisas. Sonrisas y manos en la cara. Era tanta la alegría, tanta la potencia, que había que sostenerse la cabeza”, escribe el dramaturgo Pablo Messiez evocando una fotografía en la que un niño de unos cinco años observa a su compañera de pupitre embelesado. “Elegí esa imagen por lo que pasaba con las miradas. Había una historia detrás”, apunta Messiez, que además considera que conocer la procedencia del archivo podría haber interferido en el proceso de creación. También escogió una imagen borrosa en la que se ve una concurrida calle de noche. “Esa misma borrosidad de la fotografía me inspiró para escribir sobre ese momento del día en el que los límites pueden cambiar por la oscuridad que reina”.

“Me gustaría que crearas una casa amish”, le dijo Binaghi al arquitecto Valerio Canals al inicio del proyecto. Atónito por dicho encargo, pensó que lo mejor sería mantener la tradición y sencillez características de este grupo religioso. Para ello, con cartón y lápiz, y alejándose de manera intencionada de los programas de diseño a los que está acostumbrado, erigió varias maquetas. Por ejemplo, una en la que varios hombres colocan los pilares de una futura casa u otra, ya desde el interior de la misma, en la que se observa a una mujer cocinando en una austerísima estancia. Para preceder a sus diseños, presentes en el cuarto volumen, quiso poner un fragmento de la canción God is in the house (Dios está en la casa) de Nick Cave. “Es un guiño a ese misticismo y religiosidad que tiene la cultura amish”, confiesa Canals.

Vista interior de la maqueta de una casa amish. ampliar foto
Vista interior de la maqueta de una casa amish.

El artista Tito Pérez Mora también mantuvo la idea de respetar al máximo lo que aparecía en las fotografías porque "ya contenían una belleza especial”. El alicantino ha creado unas maquetas en las que se observan las imágenes originales pero tridimensionales tras cortar pequeños detalles con un cúter y elevarlos para crear esa sensación de realidad. También ha añadido unas figuritas para "escalar la imagen a la medida humana". "Quise intervenir lo menos posible".

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