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EDITORIAL
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Respeto a la agencia Efe

El nombramiento del exsecretario de Estado de Comunicación produce un daño innecesario al decoro institucional

Miguel Ángel Oliver, entonces secretario de Estado de Comunicación, en una rueda de prensa en noviembre de 2019 con motivo de las elecciones generales del 10-N.
Miguel Ángel Oliver, entonces secretario de Estado de Comunicación, en una rueda de prensa en noviembre de 2019 con motivo de las elecciones generales del 10-N.Kiko Huesca (EFE)

El Gobierno ha propuesto a Miguel Ángel Oliver, quien fue secretario de Estado de Comunicación de La Moncloa entre 2018 y 2021, como nuevo presidente de la agencia pública de noticias española, Efe, tras comunicar su cese a la periodista Gabriela Cañas, nombrada en 2020 y primera mujer en presidir la mayor agencia de noticias del mundo en español. Pedro Sánchez sitúa al frente de Efe a una persona sin la más mínima apariencia de imparcialidad. El nombramiento daña la imagen de la agencia y del propio Ejecutivo, primer responsable de establecer los estándares de decoro institucional en una democracia. Las críticas están plenamente justificadas. Damos la bienvenida al PP al campo de la indignación ante los nombramientos partidistas.

Como responsable de Comunicación de La Moncloa, la gestión de Oliver destacó por la protección militante del Gobierno por encima del servicio a los medios. Llegó a provocar la protesta colectiva de cientos de profesionales por tratar de imponer un control previo en las preguntas al Ejecutivo, especialmente durante la pandemia. Fuera de la comunicación institucional, es un periodista con 40 años de trayectoria en radio y televisión en el Grupo PRISA, editor de EL PAÍS, y en Mediaset. Pero su cualificación profesional es irrelevante en este debate. La agencia Efe tiene unos criterios editoriales sólidos y públicos, recogidos en un Estatuto, y rinde cuentas al Parlamento. No necesita en su cúpula una mejor dirección editorial, sino una mejor gestión. Desgraciadamente, no es este el criterio de los partidos a la hora de nombrar directores de medios públicos, especialmente en el ámbito autonómico, que suele pasar más desapercibido.

La propuesta de Oliver se suma a la ratificación del presidente del CIS, José Félix Tezanos, quien, más allá de su capacitación técnica, contamina con su discurso la imagen de necesaria imparcialidad de un centro de estudios cuya credibilidad es capital para el debate público, al margen del acierto o el error de sus pronósticos.

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La progresiva pérdida de credibilidad institucional en la que profundiza cada uno de estos nombramientos tiene consecuencias más allá de la imagen de La Moncloa a corto plazo, que parece no preocupar a Sánchez. Esta imagen partidista de las instituciones no es un juego inocente. Los precedentes se utilizan de forma revanchista por turnos y el daño dura décadas, hasta que alguien decide tomarse en serio la regeneración. El PSOE demostró entender ese daño cuando bajo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero la televisión pública española disfrutó del mayor margen de desgubernamentalización de la democracia. La respuesta de la audiencia y de la crítica le dio la razón, y pareció señalar un camino irreversible. No fue así, como pudo comprobarse en cuanto Mariano Rajoy llegó a La Moncloa.

Es una mala señal que Pedro Sánchez renuncie a frenar esa deriva e incluso la agrave nombrando a un exmiembro de su Gobierno al frente de la agencia estatal de noticias.

En política, y en la vida, el descuido de las formas se puede pasar por alto cuando es ocasional y se acompaña con explicaciones o disculpas. Pero hasta el momento, el Gobierno ha demostrado un absoluto desinterés por la debida apariencia de imparcialidad en los nombramientos directos. Se puede considerar ya un patrón de conducta continuado que carece de explicación coherente más allá de la decisión de la ocupación sin complejos de los espacios de poder por los más próximos. Hay tiempo para rectificar. Nombrar a Oliver al frente de Efe ahonda en el empeño incomprensible del Gobierno por justificar con sus acciones el relato paranoico de una oposición que sostiene que se va camino de una dictadura.


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