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Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Francia Márquez no rompe techos de cristal

Entender la llegada de la vicepresidenta electa de Colombia al poder también implica entender el feminismo afro, vinculado con la filosofía Ubuntu que antepone el colectivo sobre el individuo, el ‘Soy porque somos’

Seguidoras de Francia Marquez durante un evento de campaña en Bogotá el 21 de Octubre de 2022.
Seguidoras de Francia Marquez durante un evento de campaña en Bogotá el 21 de Octubre de 2022.Iván Valencia

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Al ganar las elecciones del pasado domingo en Colombia junto con Gustavo Petro, Francia Márquez hizo historia. Esta mujer de 40 años que fue madre soltera adolescente, que dejó su casa amenazada de muerte por defender su tierra, que trabajó limpiando casas, que estudió derecho, que se ganó un Premio Goldman de Medio Ambiente y que se forjó en la lucha ambiental y social antes de llegar al poder, será la primera vicepresidenta negra de un país donde el clasismo y el racismo siguen muy presentes.

Por primera vez una mujer afrodescendiente ocupará una oficina que históricamente ha estado reservada a la élite blanca y lo hará con un Gobierno de izquierda, algo inédito en el país. Su ascenso a la más alta esfera de la política colombiana es también el asalto al poder de los nadies y llena de esperanza a un sector del país que nunca se había visto reflejado en su clase política. “Logramos un Gobierno del pueblo, el Gobierno de la gente de a pie, el Gobierno de los nadies y de las nadies de Colombia”, dijo en su primer discurso como vicepresidenta electa. ”Vamos hermanos y hermanas a reconciliar esta nación, vamos por la paz sin miedo, vamos por la dignidad, por la justicia, vamos las mujeres a erradicar el patriarcado de nuestro país, vamos por los derechos de nuestra comunidad diversa LGBTIQ+, vamos por los derechos de nuestra madre tierra, de nuestra casa grande, vamos juntos a erradicar el racismo”.

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Su triunfo labrado desde los márgenes es también el de las comunidades afros e indígenas de Colombia y de América y el de la filosofía panafricanista Ubuntu, la que mueve a Márquez y que tiene como lema ‘Soy porque Somos’. “Ella es porque antes fueron las luchas políticas de nuestros pueblos que, a pesar de la estigmatización, del racismo, las persecuciones, destierros y asesinatos han tenido logros trascendentales que las convierten en referentes de América Latina y el mundo”, escribe Velia Vidal. Su figura explica, en parte, la votación masiva que tuvo el Pacto Histórico en zonas del Pacífico colombiano, cuna de las mayores comunidades afro del país.

Además, el ascenso de Márquez ha inspirado especialmente a mujeres negras y pertenecientes a minorías de todo el mundo. “Lo que más me gusta de cómo la gente negra ha celebrado la elección de la vicepresidenta electa Francia Márquez son los tuits diciendo que se parece a la tía de cualquiera. Las nigerianas la están llamando Nkechi y Iyabo, las keniatas, Khakasa y las estadounidenses, Kimberly. Compartimos la misma sangre”, tuiteó Uju Anja, profesora de la Universidad Carnegie Mellon en un mensaje que acompaña con tres fotografías de Márquez con sus coloridos vestidos: una con el puño izquierdo en alto y mirando desafiante a la cámara, otra con una sonrisa de oreja a oreja y una tercera de ella hablando en un atril. Para la congresista estadounidense de origen puertorriqueño Alexandria Ocasio Cortez, la elección de Francia Márquez como vicepresidenta envía un “mensaje histórico”. “Mi mamá también fue empleada doméstica. Ver las historias de tanta gente como la de ella y ver lo lejos que pueden llegar es profundo”, afirmó esta semana en declaraciones a la prensa. Mientras que para la periodista brasileña Carol Pires, el triunfo de Márquez supone en cierto modo resucitar a Marielle Franco, la política y activista brasileña asesinada en 2018, que también compartía la filosofía Ubuntu.

Márquez sigue el rastro de otras mujeres negras de la región que han alcanzado posiciones a donde tradicionalmente no llegaban quienes se ven como ellas. En América, solo ha habido una presidenta de origen africano: la haitiana Ertha Pascal-Trouillot. Lo fue de manera provisional durante 11 meses entre 1990 y 1991. Además, hay dos precedentes de vicepresidentas: la estadounidense Kamala Harris y la costarricense Epsy Campbell, quien hasta mayo pasado fue la número dos del Gobierno de Costa Rica y con quien la líder ambientalista se reunió este viernes. Pero pese a ser una de las pioneras del continente, Francia Márquez no cree que esté rompiendo ningún techo de cristal, un término más asociado al feminismo blanco.

“No estoy aquí para romper techos de cristal; eso es para mujeres como Hillary Clinton. Yo vengo a buscar las reivindicaciones que nos corresponden”, dijo en un acto de campaña con campesinas del Valle de Aburrá organizado por el movimiento político de mujeres Estamos Listas. Entender la llegada de Francia Márquez al poder también implica entender el feminismo afro, muy vinculado con la filosofía Ubuntu que antepone al colectivo sobre el individuo y que “pone en la conversación no solo a las mujeres, sino a todas las personas que son leídas como subalternas”, explica desde Bogotá la escritora feminista Carolina Rodríguez Mayo, creadora del podcast Manifiesto Cimarrón, donde aborda temas sobre negritudes y resistencia.

“No se piensa en el yo como individuo rompiendo techos de cristal, sino que piensa: no importa cuántos techos de cristal yo rompa si sigue habiendo dentro de las dinámicas sociales en las que yo me muevo mujeres asesinadas por ser quienes son, mujeres ambientalistas que no pueden decir: ‘El río me lo están contaminando’ porque las asesinan”, afirma Rodríguez Mayo. En esa cadena del ‘Soy porque somos’ también se tienen en cuenta a los ancestros, la naturaleza y la espiritualidad. “El Ubuntu no piensa en representaciones vacías sino que busca entender en qué seguimos trabajando. Lo que le queda a esta mujer es mucho trabajo y ella lo reconoce. Y lo reconoce la misma sociedad colombiana cuando la entrevistan y se dan cuenta de que hay un sesgo racial terrible, un sesgo clasista terrible porque ella viene de un sector muy popular”, añade.

A sus 31 años, Rodríguez Mayo asegura que en su vida nunca imaginó poder ver a alguien como Francia Márquez alcanzar una posición política tan alta. Y aunque dice que, como mujer afro, verse reflejada fenotípicamente en mujeres que alcanzan posiciones de poder es “un abrazo a la niña que no vio esas cosas mientras crecía”, no es lo más importante. “Cuanto más navegas el tema del afrofeminismo y de las ciencias sociales, más crítico te vuelves con respecto a cómo la representatividad tiene que ver con el fenotipo”, explica. Y pone el ejemplo de Kamala Harris, cuya llegada a la vicepresidencia de EE UU celebró, especialmente tras el Gobierno “tan difícil y tan racista” de Donald Trump, pero con quien no comparte muchas ideas. “Yo me veo más en mujeres académicas como Ochy Curiel y Angela Davis o en Francia Márquez. No son solo mujeres en las que me veo físicamente, sino que son mujeres que están trabajando no por una visibilidad, sino por ayudar a reparar el tejido social. Cualquier ser humano que haga eso, para mí está representando algo en lo que yo descanso como persona. Si fenotípicamente se parece a mí, pues mejor, porque obviamente significa que llegó con unas dificultades y obstáculos que conversan con los míos”.

⚡Bonus: El aborto deja de ser un derecho constitucional en EE UU

“Bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, deben permanecer vigilantes toda su vida” (Simone de Beauvoir)

Robin Gwak, una joven de 20 años se manifiesta en Washington este sábado en una marcha a favor de los derechos reproductivos.
Robin Gwak, una joven de 20 años se manifiesta en Washington este sábado en una marcha a favor de los derechos reproductivos.EVELYN HOCKSTEIN (REUTERS)
  • Qué ha pasado: El Tribunal Supremo ha derogado el derecho al aborto en Estados Unidos. No fue una sorpresa después de que meses atrás se filtrara un borrador, pero no por eso ha sido una noticia menos impactante. En una sentencia emitida este viernes, una mayoría de seis jueces contra tres decidió tumbar el precedente de ‘Roe contra Wade’, un fallo de 1973 que convirtió en constitucional la interrupción voluntaria del embarazo. Su protección queda ahora en manos de cada uno de los 50 Estados del país.
  • Por qué ahora: Aunque el precedente de ‘Roe contra Wade’ ya había sido cuestionado judicialmente en múltiples ocasiones, no ha sido hasta ahora que ha sido derogado. Esto ha sido posible gracias a la mayoría conservadora del Tribunal Supremo que se gestó durante la presidencia de Donald Trump, que nombró a tres de los nueve miembros de la máxima corte y la moldeó a su medida. “Roe contra Wade estuvo atrozmente errada desde el principio”, escribe el juez conservador Samuel Alito, autor de la opinión mayoritaria del tribunal en un escrito de 79 páginas en la que defiende que el aborto es un “asunto moral profundo” que suscita “visiones opuestas”. La composición de la corte, además, hace temer más retrocesos en cuestiones sociales. El juez Clarence Thomas pide, en un voto particular concurrente, que el Supremo reconsidere otros precedentes, como el derecho a la contracepción, el que protege las relaciones entre personas del mismo sexo y el matrimonio homosexual.
  • Por qué importa: La decisión del Supremo estadounidense deja desprotegidas a 36 millones de estadounidenses en edad reproductiva, las que viven en los Estados en los que el acceso al aborto está en peligro. La sentencia deja en manos de los Gobiernos estatales los derechos reproductivos: 13 tienen leyes restrictivas que ya han entrado en vigor o lo harán próximamente. Además, cinco cuentan con normas anteriores a 1973 listas para aplicarse. Esto afectará especialmente a las mujeres pertenecen a minorías raciales, los colectivos marginados y las clases bajas, como contó María Antonia Sánchez-Vallejo en Americanas cuando se filtró el borrador de la sentencia.

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Lorena Arroyo

Editora y jefa de la edición América de EL PAÍS. Cubre Centroamérica, el Caribe e inmigración. Antes trabajó en Univision Noticias en Washington y Miami, en BBC Mundo y en la agencia EFE en Brasil, Bolivia y Madrid. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización.

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