El primer ministro húngaro, Viktor Orban, en el Bundestag alemán, en una fotografía de archivo de julio de 2018.
Columna

Elefantes en la habitación

Se abren dos frentes delicados para la UE: ganarse los corazones de polacos y húngaros, y presionar a los gobiernos no solo cuando amenacen los intereses de los contribuyentes europeos, sino también cuando arrasen con derechos que no se cuantifican en un ‘excel’

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