¿Añoranza del útero?


Imposible no detenerse ante esta imagen, por lo que tiene de espejo, cuando se tropieza con ella en el periódico. ¡Cuántas veces, a lo largo de nuestra vida, hemos llorado o pensado en esa postura! De niños, desde luego, en un rincón del patio de la casa, pero también de adultos, quizá sobre el suelo del cuarto de baño, a resguardo de la mirada del resto de la familia. Es también la postura que eligen muchos mendigos en las aceras de nuestras calles. Colocan delante de los pies un bote sobre el que los viandantes podemos desprendernos de nuestra calderilla, y ellos, apoyados en la fachada del edificio, ocultan el rostro por vergüenza o para echar un sueñecito. Podemos hallar, pues, varios significados en la elección de ese gesto, incluido el del regreso al útero, pues el feto tiene que meditar mucho para construir toda esta arquitectura alucinante que llamamos cuerpo.
La foto corresponde a una momia de más de 9.000 años de antigüedad hallada en Guangxi (China). Dado que se le pueden contar los huesos, la piel debe de tener el grosor de un papel de fumar. Lo cierto, en todo caso, es que lleva más de 9.000 años pensando, o llorando, o echando un sueñecito, o pidiendo limosna, o añorando el útero. Ignoro si se han puesto de acuerdo los antropólogos. Sabemos que enterrar a la gente acostada viene a ser como desearle un feliz descanso, porque la verdad es que vivimos agotados. Pero quizá en la época de los cazadores-recolectores chinos sepultaban a sus muertos de este modo suponiendo que en el más allá seguían dándole vueltas a los problemas de este perro mundo. En fin.
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