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Bonsáis, cactus y balas de la Guerra Civil en los jardines de La Moncloa

Félix Gonzalo, ante el edificio del Consejo de Ministros.
Félix Gonzalo, ante el edificio del Consejo de Ministros.

Lleva más de 30 años entre los pinos, plátanos y cedros del palacio de la Moncloa. Ha visto pasear a cinco presidentes por los espacios verdes que cuida a diario. Félix Gonzalo es el responsable de un enorme complejo con más de 100 especies.

El palacio de la Moncloa, más que jardines, tiene un bosque. Cedros, pinos, cipreses, abetos y plátanos crecen por doquier sumiendo los caminos del conjunto en una sombra perpetua. El recinto resulta agradablemente silencioso y fresco. La vegetación amortigua el zumbido de la autovía del Noroeste y solo se escuchan de vez en cuando los ladridos de Turca, la mascota del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. “En los años cincuenta se plantaron mogollón de coníferas que han crecido muchísimo y ahora compiten con el resto de árboles”, explica Félix Gonzalo, el jardinero jefe. Antes, por ejemplo, todas las carreteras estaban llenas de plataneros podados para formar una bóveda. “Se han muerto muchísimos y, aunque los sustituyamos, ya no crecen. Las raíces de los cedros se comen el espacio de los demás árboles”.

Bonsáis, cactus y balas de la Guerra Civil en los jardines de La Moncloa
Varios rincones de los jardines de La Moncloa.
Varios rincones de los jardines de La Moncloa.

Gonzalo entró como peón en los jardines con 20 años (ahora tiene 53). Era el primer trabajo de este madrileño. Por aquel entonces, el inquilino de La Moncloa era el expresidente Felipe González, que llevaba cuatro años en el Gobierno de los 13,5 que se alargaría su mandato. El socialista es seguramente el presidente que más ha disfrutado de los jardines. Sobre todo, por su conocida afición a los bonsáis. “Tenía decenas. En cuanto encontraba un rato bajaba a su taller. También había un jardín japonés que estaba espectacular, la gente, cuando lo veía, se quedaba impresionada”, recuerda Gonzalo. Del jardín japonés se conservan las altas plantas de bambú que lo rodeaban; hoy día, el espacio es una zona de descanso con una mesa para almorzar y unas tumbonas. Cuando González abandonó La Moncloa se llevó con él sus bonsáis. Todos menos uno: una especie de bosquecillo de píceas de un metro de altura situado junto al Consejo de Ministros, edificio que él mismo mandó construir para celebrar las reuniones del Gabinete de la Presidencia del Gobierno. En la escalinata de este palacio suelen celebrarse las recepciones oficiales. Está cubierto por una gran enredadera que a Gonzalo le da algún que otro quebradero de cabeza: “Es muy invasiva. Crece constantemente y se mete por todas partes”.

Bonsáis, cactus y balas de la Guerra Civil en los jardines de La Moncloa
Lugar de descanso entre altas plantas de bambú y la enredadera cubre algunas fachadas de los edificios.
Lugar de descanso entre altas plantas de bambú y la enredadera cubre algunas fachadas de los edificios.

Los presidentes que han seguido a González también han dejado su impronta en los jardines, sobre todo utilizados para practicar deporte. José María Aznar instaló una pista de pádel desmontable en la cancha de tenis construida en su día por Adolfo Suárez. En ese espacio, José Luis Rodríguez Zapatero jugaba al baloncesto. Los dos últimos mandatarios, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, han preferido la marcha y el running, respectivamente. Gonzalo cuenta que, además, el actual presidente es aficionado a los cactus. “Trajo varios plantones de sus últimas vacaciones”. Sánchez también ha pedido que se construya un pequeño huertecillo.

Gonzalo y su cuadrilla de seis jardineros cuidan casi seis hectáreas y un centenar de especies. En esta época, las horas se escapan regando, segando y limpiando el terreno. También se cuidan las plantas de interior de los palacios. En otoño llegará la recogida de hojas y las podas; la de los plátanos que bordean la carretera se lleva a cabo con hacha. El jardinero cuenta que todavía hoy se encuentran de vez en cuando mientras trabajan en los terrenos con alguna bala de la Guerra Civil.

El conjunto se encontró en primera línea de batalla de la Guerra Civil. Tanto el palacio como los jardines fueron reconstruidos casi en su totalidad tras el conflicto.
El conjunto se encontró en primera línea de batalla de la Guerra Civil. Tanto el palacio como los jardines fueron reconstruidos casi en su totalidad tras el conflicto.

“Esta zona fue primera línea de fuego”, confirma la historiadora de La Moncloa y presidenta del Instituto de Estudios Madrileños, Teresa Fernández Talaya. En 1866, Isabel II donó la finca al Estado, que decidió abrirla para uso y disfrute de los locales. En los años veinte, la Sociedad de Amigos del Arte encargó una restauración del palacete y los jardines. Esta última tarea la acometió el pintor y paisajista Javier de Winthuysen, que analizó toda la documentación y los planos existentes para abordar el proyecto. “Quiso seguir en todo momento el diseño que le daba la propia tierra”, explica la historiadora. El palacete de La Moncloa fue arrasado en la Guerra Civil y en 1953 el arquitecto Diego Méndez construyó el actual palacio sobre sus cimientos. Se recuperaron los jardines y se plantaron la mayoría de los árboles que se ven hoy día. En estas intervenciones siempre se ha tratado de preservar la esencia del proyecto de Winthuysen. Es el caso de la rehabilitación de la paisajista Carmen Añón Feliú en los años ochenta del jardín del Barranco, en la zona más próxima al palacio de la Moncloa.

Tanto el palacio como los jardines fueron reconstruidos casi en su totalidad tras la guerra.
Tanto el palacio como los jardines fueron reconstruidos casi en su totalidad tras la guerra.

Precisamente este jardín es el rincón preferido de Félix Gonzalo. “Es la parte más antigua y la más bonita”, justifica. Un espacio restringido a la familia del presidente y al personal del palacio. En esta zona, entre granados y setos de boj, se conserva la fuente en la que los enamorados poetas Antonio Machado y Pilar de Valderrama, conocida como Guiomar, solían citarse. Y aquí es donde ella escribió estos versos: “Dime, Fuente del Amor, ¿dónde el que mi pecho llora se oculta? / Del surtidor el agua, saltando, llora… / Mis labios están helados. / Mis ojos miran sin ver, / ¡tan cansados!, este frío atardecer / en el Jardín de la Fuente. / ¡Cómo suena su canción /—canción del amado ausente— / dentro de mi corazón!”. 

La carretera que conduce al palacio del Consejo de Ministros.
La carretera que conduce al palacio del Consejo de Ministros.

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