Hernán Casciari, el escritor que se deshizo de los intermediarios

La revista Orsai cumple diez años este 2020 subsistiendo sin publicidad y con dinero que pagan directamente los lectores

Hernán Casciari, el pasado 9 de noviembre, en Barcelona.
Hernán Casciari, el pasado 9 de noviembre, en Barcelona.E.R.

Cuando era niño, Hernán Casciari (Mercedes, Argentina, 48 años) aprovechaba los ratos libres después de jugar tenis con sus amigos para contarles las historias que él devoraba en su casa en todos los libros que leyó de Arthur Conan Doyle, el creador del detective Sherlock Holmes. El pequeño Casciari hacía relatos extraordinarios de todo lo que había leído la noche anterior y se los decía a los chicos como si fuera él quien, de solo un vistazo, hubiera descubierto en los zapatos de un hombre los detalles de un asesinato. Los amigos, cuenta, quedaban impresionados, con los ojos bien abiertos y esa expresión de terror y asombro infantil que encienden la imaginación y apuran los miedos nocturnos. Como hace más de 30 años, Casciari sigue con el oficio de narrador de historias. Lo hace en podcasts, escenarios en ciudades de todo el mundo, en la televisión argentina, en programas de radio y en la página web, que también es una publicación de papel, de su proyecto autogestionado Orsai.

Cuando Orsai nació no se había desarrollado siquiera el término crowdfunding (micromecenazgo). En ese 2004, Casciari vivía en Barcelona, pero escribía sobre todo para Latinoamérica. El autor argentino construyó desde entonces una estrecha relación con sus lectores gracias a Mirta Bertotti, un personaje de ficción que encarnaba a una ama de casa de 50 años en Argentina, y que, a través de un blog, respondía a sus cartas y comentarios e incluso escribía las historias que ellos le contaban. En 2005 ganó un premio otorgado por la Deutsche Welle por el mejor blog del año, y eso le dio proyección internacional.

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En 2010 Hernán Casciari tenía todo lo que un joven aspirante a escritor y periodista podría desear (o al menos lo que entonces él pensaba que se tenía que desear). Una columna en EL PAÍS, y en el periódico argentino La Nación. También tenía un libro en puerta para ser publicado: Más respeto que soy tu madre, con la editorial Plaza & Janés, (posteriormente publicaría también con Random House Mondadori, Grijalbo y Sudamericana). Pero el encanto del recién estrenado éxito terminó pronto. Casciari cortó de un día para otro con ambas publicaciones y se desencantó profundamente de la prensa y de la industria editorial: “Gente con corbata que tenía 650 libros al mes por hacer” y que no le importaba ni le apasionaba su trabajo. “Aquello era una fábrica de hacer chorizos, no el proceso para publicar mi primer libro”, dice. Con el periodismo le pasó igual; “El sueño no era el sueño, era otra cosa”, y asegura que si él tuviera ahora mismo 13 años, su sueño no sería escribir en EL PAÍS, sino en Orsai.

Así que rompió con todo, porque, asegura, tenía la certeza de que las cosas se podían hacer de otra manera. Fue entonces cuando se aventuró a crear la revista Orsai (cuyo nombre alude al término offside (Orsay) o fuera de lugar en el fútbol. El proyecto pasó de ser un blog a convertirse en una editorial y en una revista que se imprime con ingresos que pagan los lectores, sin publicidad; un oasis en el desierto de las publicaciones culturales. La revista, que cuesta 25 dólares (22,30 euros, y en Argentina, poco más de 16 euros) es trimestral y se distribuye allá donde la soliciten (6.000 ejemplares en total, “ni uno más”). Ciudad de México, Buenos Aires, Montevideo, Lima. “Los lectores deberían de ser el único sostén de un medio”, asegura, y cuenta que en 2010 decidió emprender el proyecto, tuvo un apoyo inmediato de toda una comunidad de seguidores que fue tejiendo desde que escribía “gratis” detrás de la identidad falsa de Mirta Bertotti. “La gran sombra negra de cualquier proyecto hermosísimo es el dinero. A los dos segundos que dije: necesito un millón de dólares para hacer una revista cultural, los tuve. Pero explicándolo y después de muchos años conversando semanalmente con un montón de gente. Si vos generás comunidad y la vas alimentando de forma genuina y real ellos responderán”.

Casciari explica: “Lo que tratamos de hacer en Orsai es una revista muy cara en la que le pedimos a la gente que sí tiene dinero que la compre rápidamente en preventa, para después liberar todo el contenido en formato PDF y que sea gratuita para el resto de los que la consumen”. El objetivo de Casciari y de su mejor amigo Christian, Chiri Basilis, así como de los que se encargan de hacer esta publicación (seis en el equipo y 20 colaboradores externos), es tener un número de “accionistas” que permiten que otros devuelvan gratuitamente lo que ellos han pagado para que se pueda imprimir. A cambio, esos “inversores”, amantes de la cultura y con los medios para poder promoverla, aparecen en un listado y tienen otras ventajas para comprar en línea y adquirir otros productos.

A Casciari le cuesta aceptar que haber escrito durante tanto tiempo de la ciudad donde nació, en Argentina (Mercedes), o sobre la figura entrañable de su padre muerto, o contar cómo le cambió la vida cuando tuvo un infarto, es ya un microuniverso con el que sus lectores se identifican y les hace seguirlo a donde sea. Dice que es pereza, de no querer escribir aquello de lo que no conoce, pero la gira europea que hizo junto a su hija en noviembre pasado y que siguió en Nueva York, Miami y Ciudad de México es la prueba de que esa comunidad sigue siendo fiel a sus historias y comprueba que son cada vez más los que quieren leer y escuchar sus cuentos en su voz y en la voz de sus personajes que son, en la vida real, su familia y amigos.

Orsai cumple 10 años de vida en diciembre (recientemente ha publicado su versión para niños, llamada Bonsai). Entre los autores que han aparecido entre sus páginas están Eduardo Sacheri, Leila Guerriero, Juan Villoro, Gabriela Weiner, Pedro Mairal, Ana María Shua, Mario Bellatín y varias decenas de nombres de las letras de todo el mundo. En ella se pueden leer y escuchar crónicas periodísticas, reportajes, cuentos y relatos escritos exclusivamente para la revista (Casciari cuenta: “Cuando nos sentamos a generar el próximo número, pensamos en cómo podemos hacer para que tal escritor que admiramos en vez de dar cuatro conferencias y dos talleres para vivir, se quede quieto un mes con dinero y escribiendo un cuento").

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