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Un sorprendente aliado contra la malaria: un hongo en los genitales de los mosquitos

Investigadores descubren que este microorganismo hallado en los insectos a orillas del lago Victoria (Kenia) consigue neutralizar al parásito y que no sean capaces de transmitir la enfermedad

Varios mosquitos 'Anopheles gambiae', transmisores de la malaria.
Varios mosquitos 'Anopheles gambiae', transmisores de la malaria.

El doctor Jeremy Herren buscaba una cosa en los genitales de los mosquitos y acabó encontrando otra. En concreto, un hallazgo que puede suponer un antes y un después de la lucha contra la malaria, una enfermedad potencialmente letal. Su intención era analizar microorganismos que traspasasen las madres a los hijos, pero lo que observó este científico es que en los ovarios había algo que bloqueaba y anulaba al parásito de la malaria. Un hongo. "Lo vimos en tantas muestras y en intensidades tan altas que sabíamos que esto era interesante y decidimos cambiar nuestro enfoque", explica el investigador en un correo electrónico.

Aunque la malaria o paludismo suene a enfermedad del pasado en el hemisferio norte, cada año es causante de más de 400.000 muertes, casi todas ellas en África. La crisis provocada por el coronavirus puede aumentar esta cifra a 700.000, es decir, al nivel de hace 20 años. Este descubrimiento sorprendente podría suponer un importante freno a la expansión del Plasmodium falciparum, el parasito causante del paludismo, que llega al cuerpo humano a través de las picaduras de determinadas especies de mosquitos.

Este aliado inesperado se llama microsporidia y los investigadores descubrieron que también se encontraba en el intestino. Este microbio puede suponer un socio natural para detener a un parásito que, a lo largo de los años, ha aprendido una y otra vez a derrotar a los medicamentos. José Manuel Bautista es malariólogo y profesor de la Universidad Complutense de Madrid. "El parásito y el microbio compiten entre sí por ocupar el mismo lugar, y el segundo es el que lo logra", resume.

Número de nuevas infecciones de malaria por cada 1.000 personas en un determinado país y año.

La clave ahora reside en cómo diseminar el hongo entre los insectos. "Queremos conocer todas las diferentes formas en que se puede transmitir y luego encontrar la mejor manera de 'ayudar' a que se convierta en una especie de pandemia de mosquitos", completa el investigador británico. "La idea es muy buena, pero su aplicación implica ciertas complicaciones", explica Bautista. "Para diseminar el microbio tendrías que implantarlo en los ovarios de las hembras. Algo muy difícil. La otra opción es difundirlo a través de las esporas con las que se alimentan o en el agua que beben. La creación de esporas en un laboratorio no es algo sencillo. Por no hablar de otros problemas: ¿cómo consigues que los mosquitos vayan a beber donde tú has puesto los microorganismos y no a otro sitio?", expone.

Existen varias opciones abiertas, como explica Herren: "Otra de las vías en las que estamos trabajando es liberar machos infectados que lo contagiarían a las hembras, que a su vez, harían lo mismo con su descendencia. Todavía hay mucho trabajo para descubrir la mejor estrategia, pero es prometedor".

Para diseminar el microbio tendrías que implantarlo en los ovarios de las hembras. Algo muy difícil. La otra opción es difundirlo a través de las esporas con las que se alimentan o en el agua que beben

Este científico británico ha liderado a un equipo compuesto también por especialistas kenianos y uno sudafricano. Los expertos han trabajado durente meses a orillas del lago Victoria (Kenia) para corroborar lo que al principio fue una sorpresa. Desde 2000 hasta 2016, el número de fallecimientos global por malaria se redujo un 40%, pero en los últimos tres años se ha estancado. El último escalón para erradicar esta enfermedad se resiste a los investigadores y por eso este hallazgo es tan importante.

¿Cómo saben que puede funcionar? Porque ya se ha visto antes. Un proyecto desarrollado en una ciudad del norte de Australia logró lo mismo con una bacteria llamada wolbachia. Los científicos desperdigaron a cientos de mosquitos infectados con este microorganismo y consiguieron frenar la expansión del dengue en la región.

La modificación genética de animales siempre supone una fuente de polémica, por las implicaciones éticas que conlleva. Bautista recuerda las dificultades de implementar mosquitos transgénicos en una población y el temor que despierta que alteren otros elementos de la naturaleza. Herren no cree que este sea el caso: "Nuestro posible método de control se basa en un microbio que ya está presente de forma natural en las poblaciones de mosquitos y, por lo tanto, creemos que es de muy bajo riesgo y nada controvertido".

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