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Las lágrimas de las crías de ratón apagan la pasión sexual de sus madres

Una feromona de las crías de ratón se podría emplear para controlar las plagas de estos animales

Seis crías de ratón de laboratorio. Ampliar foto
Seis crías de ratón de laboratorio.

Cuando los ratones bebés lloran, sus madres dejan de tener sexo. Biólogos de la Universidad de Tokio han descubierto una sustancia en las lágrimas de las crías de ratón que reduce la libido de las hembras adultas. Tanto las madres como las hembras vírgenes rechazan los intentos de cópula de los machos al detectar esta feromona infantil: se levantan erguidas, se encogen contra el suelo, atiesan las extremidades e incluso tratan de zafarse de los ratones que las montan. Los autores el estudio científico, publicado el viernes en Nature Communications, investigan la posibilidad de utilizar una molécula artificial con las mismas propiedades para reducir las poblaciones de plagas de ratones.

La molécula artificial que tratan de crear, al igual que la natural, no afectaría a otros animales porque las feromonas son muy específicas a cada especie, según explica Kazushige Touhara, el investigador principal del proyecto. “El comportamiento de rechazo sexual es innato, así que también es improbable que las ratonas aprendan a cambiar ese comportamiento o ignorar la feromona artificial”, agrega. Los autores confiesan que la proteína es grande y difícil de sintetizar en el laboratorio, por lo que buscan una porción más pequeña de la molécula que se pueda disolver en el agua que beben los ratones.

Los investigadores constataron que la feromona solo está presente en las lágrimas de ratones menores de tres semanas, más o menos la edad de la pubertad murina. Plantean la hipótesis de que esta secreción podría ser una adaptación evolutiva, ya que reduce el número de crías que compiten por la atención y los recursos maternos. El zoólogo experto en feromonas de la Universidad de Oxford Tristam Wyatt, que no participó en esta investigación, aclara que los ratones “no lloran de la forma emocional que lo hacen las personas”, sino que lagrimean para humedecer los ojos. Aunque la proteína que segregan los animales es prácticamente inodora y no se extiende por el aire como un aerosol, es probable que las madres la detecten al acicalar a sus crías, explica Wyatt.

La feromona solo está presente en las lágrimas de ratones prepubescentes, los menores de tres semanas

“Todos los animales necesitan información que obtienen de moléculas que segrega el cuerpo. Los animales han acabado aprovechándose de las lágrimas porque son una de las pocas secreciones [en la mayoría de mamíferos]”, cuenta Touhara a Materia. El equipo japonés ya identificó en una investigación previa otra feromona que segregan los machos adultos por la glándula lagrimal: esta aumentaba la receptividad sexual de las hembras, pero volvía agresivos a los otros ratones. En el estudio recién publicado, Touhara y sus compañeros han comprobado que, en presencia de ambas señales, las hembras responden preferentemente a la feromona antilibido de las crías que a la feromona afrodisíaca de los machos.

Además de poder emplearse en el control de plagas, los investigadores sugieren utilizar las dos feromonas para controlar con mayor precisión los ciclos de reproducción de los ratones de laboratorio que se utilizan en la investigación biomédica. Estos animales cautivos en ocasiones son reacios a copular o descuidan a sus crías.

Las hembras responden antes a la feromona antilibido de las crías que a la feromona afrodisíaca de los machos

Los ratones detectan las feromonas con sendos receptores moleculares en el interior de la nariz. La presencia de dos receptores parecidos pero con funciones opuestas es una pista para los científicos que tratan de averiguar cómo ha evolucionado en los mamíferos la capacidad de responder a estas señales. Cada receptor tiene un conjunto de neuronas asociado que envía impulsos nerviosos al cerebro. Allí, en la amígdala, distintos circuitos se activan para cada respuesta. “La amígdala es como un centro de triaje que recibe y redirige señales de cada feromona”, explica Kentaro Ishii, un estudiante de doctorado que trabaja con Touhara. “Es todavía [un órgano] misterioso, así que estamos emocionados por descubrir más detalles sobre cómo se organizan las señales de las feromonas después de llegar allí”, añade.

 

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