Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Otras 13 mentiras de la historia que nos tragamos sin rechistar

Creíamos que eran episodios inmutables... hasta que llegaron estudios que cuestionaron su fundamento. Esta es la segunda entrega de falsedades que han sido entendidas como hechos históricos

mentiras de la historia
Una de las historias más difundidas sobre la pasta es que la trajo Marco Polo de sus viajes a China. En la imagen Gary Cooper en el papel de Marco Polo en 'Las aventuras de Marco Polo'.

Las hemos leído en libros de texto, visto en películas, escuchado en conferencias... Pero las investigaciones posteriores las han puesto en cuestión. Hace unas semanas publicamos 14 episodios históricos que creíamos inmutables, pero que ahora no están tan claros. Como que Van Gogh no se arrancó la oreja entera, que los emperadores romanos no sentenciaban a muerte a los gladiadores bajando el dedo o que no existen evidencias de que Cervantes fuera manco. Hoy, volvemos con otros 14 casos.

- Los cascos de los vikingos no tenían cuernos

Lo que nos contaron. Las películas han mostrado a estos hombres rudos y feroces del norte de Europa con hacha en mano frente al enemigo, lanzas, espadas y escudos con grandes tachuelas. Y en la cabeza, un casco con grandes cuernos. Así han sido representados los vikingos: desde los atuendos de los intérpretes de óperas de Wagner como El ocaso de los dioses hasta personajes infantiles como Vicky El Vikingo.

Lo que realmente ocurrió. La imagen de portadores de cascos coronados con cuernos con la que se ha identificado a los antiguos pobladores de Escandinavia se debe a una inspiración del diseño del vestuario de las obras de Wagner, a cargo del artista Carl Emil Döpler. Este se inspiró en las creaciones del pintor sueco August Malmström, conocido por ilustrar el poema épico La Saga de Frithiof, en el que los cascos de los vikingos aparecían adornados con alas, un detalle que fue reinterpretado con el tiempo en forma de cuernos. “Los trabajos arqueológicos no han permitido afirmar que los cascos de aquellos guerreros escandinavos llevaran cuernos”, señala Alfonso López Borgoñoz, expresidente de ARP Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico. De hecho, los cascos con cuernos hallados en Europa no datan de la era de los vikingos, entre 700 y 1100, sino que se atribuyen a la cultura celta de la Edad de Hierro, entre 800 a.C. y 100 d.C. El único yelmo vikingo completo encontrado hasta la fecha es el Gjermundbu (Noruega), diseñado a base de placas de hierro y que se asemeja a de una gorra cónica con protectores oculares, que muy probablemente solo llevasen los altos mandos. Pero sin rastro de cornamenta.

Solo los vikingos del cine, como estos de la película 'Vicky, el vikingo y el martillo de Thor', llevaban cascos con cuernos.
Solo los vikingos del cine, como estos de la película 'Vicky, el vikingo y el martillo de Thor', llevaban cascos con cuernos.

- Los círculos de los campos de cultivo no los hicieron extraterrestres, sino dos sexagenarios bromistas

Lo que nos contaron. En los años 70, en Reino Unido empezaron a encontrarse unos misteriosos círculos de grandes dimensiones en plantaciones de trigo o maíz formados por las plantas tumbadas en el suelo. Rápidamente se propagó una espectacular versión del origen de estos patrones: obedecían a algún tipo de huella dejada por formas de vida extraterrestre. La película Señales, protagonizada por Mel Gibson y Joaquin Phoenix, ha seguido alimentando esta historia propia de Cuarto milenio en la que insisten hoy los grupos aficionados a los fenómenos paranormales y al estudio de supuestas visitas alienígenas.

Lo que realmente ocurrió. Dos británicos sexagenarios, Doug Bower y Dave Chorley, admitieron en 1991 ser los bromistas responsables del fenómeno. “Estos dos amigos utilizaban una tabla de madera para aplastar las plantas. Buscaron puntos de interés turístico para tener más visibilidad y así se popularizaron los supuestos mensajes extraterrestres o huellas de aterrizaje alienígena. Bower y Chorley demostraron que no hace falta recurrir a una inteligencia superior para explicar el fenómeno”, señala el biólogo Mariano Collantes.

- Los dinosaurios ni volaban ni nadaban y no eran todos grandes

Lo que nos contaron. Lo hemos visto a lo largo de la historia de la literatura y del cine, sobre todo en la saga Parque Jurásico: un gran número de animales enormes con cuellos largos comen hojas bajo la atenta mirada de pterodáctilos que sobrevuelan la escena, mientras otros más amenazantes, como el tiranosaurios o el velocirraptor, cazan animales más pequeños y algunos terribles gigantes marinos se alimentan de ballenas y tiburones.

Los dinosaurios no vuelan, como nos hicieron creer en 'Jurassic World'.
Los dinosaurios no vuelan, como nos hicieron creer en 'Jurassic World'.

Lo que realmente ocurrió. El término dinosaurio, recuerda el biólogo Mariano Collantes, describe a un grupo de reptiles que incluye varios cientos de especies, pero ninguno tenía alas ni podía nadar. “Todos los dinosaurios eran terrestres. Eran carnívoros, como el famoso tiranosaurio; herbívoros, como los enormes diplodocus de cuello largo; y omnívoros, como el pachycephalosaurus, con un cráneo muy duro que utilizaría para dar cabezazos. Una de sus  características comunes es la disposición de sus patas. Al igual que los humanos, los codos de los dinosaurios se proyectan hacia atrás y las rodillas hacia delante, nunca hacia los costados ni hacia afuera, como cocodrilos o salamandras. Esta disposición permitiría aguantar mejor su peso, correr más rápido e incluso facilitaría caminar sobre las dos patas traseras”, explica Collantes.

"Aunque muchos de los dinosaurios conocidos son de gran tamaño (porque los huesos grandes se conservan mejor), también los había tan pequeños como un zorzal, indica este biólogo. “Los pterodáctilos y otros animales voladores que vemos representados son reptiles que convivieron con los dinosaurios, pero pertenecen a otro grupo, el de los pterosaurios ('lagarto con alas', en griego). Existían también reptiles gigantes que nadaban, como el mosasaurio, pero no se incluyen en el grupo de los dinosaurios. Y en el caso del megalodón no es ni siquiera un reptil, es un tiburón. Ningún dinosaurio volaba o nadaba, pero sí convivieron con otros reptiles que eran capaces de hacerlo”, recalca este biólogo.

- El famoso lema "¡No pasarán!" no es obra de La Pasionaria

La diputada del Partido Comunista de España Dolores Ibárruri 'La Pasionaria' dando un discurso en 1936.
La diputada del Partido Comunista de España Dolores Ibárruri 'La Pasionaria' dando un discurso en 1936.

Lo que nos contaron. En el Ministerio de Gobernación, un día después del golpe de estado del 18 de julio de 1936, la diputada del Partido Comunista de España Dolores Ibárruri, La Pasionaria, hizo un llamamiento a los ciudadanos para frenar “la sublevación militar fascista”. Y entona, por primera vez, el famoso lema: “Todo el país vibra de indignación ante esos desalmados que quieren hundir la España democrática y popular en un infierno de terror y de muerte. Pero, ¡no pasarán!”. Desde entonces aquel grito de libertad conocido en todo el mundo se ha atribuido a La Pasionaria, vinculado al mítico lema de la defensa de Madrid durante la Guerra Civil. Hoy adorna desde las camisetas del modesto club de fútbol inglés Clapton FC a grupos musicales como las punkis feminista Pussy Riot.

Lo que realmente ocurrió. Anterior a la contienda civil español, el famoso lema tiene su origen en la Primera Guerra Mundial, durante la batalla de Verdún, la más larga de la Gran Guerra y la segunda más sangrienta, entre febrero y diciembre de 1916. La frase fue pronunciada por el general francés Robert Nivelle, que llegó a alcanzar el rango de generalísimo y comandante en jefe del ejército francés.

- A Keith Richards no le cambiaron la sangre

Lo que nos contaron. Entre las toneladas de anécdotas que se cuentan del forajido guitarrista de los Rolling Stones, seguramente la más comentada es la de su cambio de sangre. Recordemos: Richards fue heroinómano hasta mediados de los setenta. ¿Cómo borraba el rastro de la potente sustancia de su cuerpo? Haciéndose una limpieza de sangre en una clínica de Suiza.

¿Qué hizo realmente Keith Richards en una clínica de Suiza en los años setenta?
¿Qué hizo realmente Keith Richards en una clínica de Suiza en los años setenta?

 Lo que realmente ocurrió. Lo cuenta el propio Richards: “Alguien me preguntó cómo me había desenganchado, y le dije que había ido a Suiza y me había cambiado completamente la sangre. Era solo una broma. Me abrí la chaqueta y dije: ‘¿Qué te parece mi cambio de sangre?’. No fue nada más que una broma”. Lo que hizo el rockero en esa clínica suiza fue tratarse contra su adicción, pero no mudar la sangre.

- El ser humano no tiene razas

Lo que nos contaron. La piel de Beyoncé o los ojos rasgados de Jackie Chan se atribuyen a los rasgos que hacen visible la existencia de las razas humanas. Las primeras clasificaciones raciales se remontan al siglo XVII, coincidiendo con el imperialismo de ultramar o período colonial de la conquista de extensas áreas continentales alrededor del mundo por un puñado de reinos europeos. El viajero y médico francés François Bernier publicó en 1684 la primera clasificación de las distintas razas o especies humanas y su distribución en la Tierra. Así, estableció cuatro grupos: 1) los europeos, africanos del norte, persas, árabes, habitantes de India y de Insulindia. A ellos se sumaban los americanos, 2) el resto de los africanos, 3) los asiáticos amarillos y 4) los lapones.

Lo que realmente es. Aunque rasgos como la piel negra o los ojos rasgados se han utilizado para clasificar a las personas dentro de la raza blanca, negra o amarilla (como recogieron antiguos estudios científicos cuyos autores estaban influidos por sus propios prejuicios), la genética moderna ha demostrado que subdividir la especie humana en razas es erróneo. “No existen razas en nuestra especie. Si tenemos muestras de humanos de distinto color de piel o tipos de ojos, seríamos incapaces de separarlos en base al ADN, por lo que muchos 'blancos' son más parecidos genéticamente a 'negros' o a 'orientales' que a otros 'blancos', y viceversa. La razón es que estos rasgos físicos, que son muy llamativos, están controlados por una ínfima fracción de nuestro ADN. Unas pocas letras pueden determinar nuestro color de piel, pero contamos con 3.000 millones de otras letras que suelen ser exactamente iguales. Para aquellos grupos que son culturalmente muy distintos de otros, se suele preferir la denominación ‘etnia’, grupos que comparten características comunes como el idioma, la vestimenta o la religión, que no tiene nada que ver con la genética”, resalta el biólogo Mariano Collantes.

- La etiqueta Generación del 27 es un concepto interesado

De izquierda a derecha: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, José María Romero Martínez, Manuel Blasco Garzón, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego.
De izquierda a derecha: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, José María Romero Martínez, Manuel Blasco Garzón, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego.

Lo que nos han contado. La fotografía que plasmó el encuentro de poetas y escritores en homenaje al 300º aniversario de la muerte de Luis de Góngora, organizado por José María Romero en el Ateneo de Sevilla en 1927, dio lugar al grupo literario que en las clases de literatura española se denomina Generación del 27. En ella coincidió un brillantísimo grupo de poetas: Federico García Lorca, Rafael Alberti, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Pedro Salinas o Vicente Aleixandre.

Lo que realmente ocurrió. "La etiqueta literaria que agrupa a estas laureadas firmas no es ni la adecuada ni la más precisa históricamente", señala Carlos Hermida, profesor de Historia de la Comunicación de la Universidad Complutense de Madrid. “Hay elementos sustanciales para mantener que no solo no es afortunada, sino que trata de despojar ideológicamente a ese conjunto de poetas que escribió buena parte de su obra en los años de la Segunda República y que, en su mayoría, se identificó con el régimen republicano. Un breve repaso a su producción literaria muestra que los años de la República coinciden con su madurez creativa. Durante la Guerra Civil se alinearon con la legalidad republicana, con las excepciones de Gerardo Diego y Dámaso Alonso. Este compromiso lo pagó con su vida García Lorca, asesinado por los falangistas en los comienzos de la contienda. El resto marchó al exilio. La denominación que mejor define al conjunto es ‘Generación de la República’, de la que también forma parte fundamental Miguel Hernández, a quien en los manuales se sitúa al margen del grupo generacional”, destaca Hermida.

El homenaje a Góngora en Sevilla de 1927 apenas tuvo trascendencia y ningún participante pensó que la lectura de unos poemas tuviera mayor importancia, como propone Gregorio Morán en su El maestro en el erial. “El franquismo no podía ignorar a esos poetas de renombre internacional, aunque había hecho todo lo posible para eliminarlos. Se trataba de despojar a su obra literaria de la actitud política de los autores. La denominación de Dámaso Alonso de Generación del 27, que acuñó en 1948, cubría tal propósito. Se eliminaba cualquier alusión a la República y se les asociaba con la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), de la que discrepaban ideológicamente. Así se velaba una trayectoria personal que resultaba demasiado incómoda. La denominación hoy parece inamovible, pero una iniciativa audaz, innovadora, como la publicación de una Antología poética de la Generación de la República contribuiría a recuperar la memoria histórica”, sugiere Hermida.

- No está claro que Newton desarrollara la teoría de la gravedad al caerle una manzana en la cabeza

Aunque la anécdota de Newton bajo el manzano es una de las más bellas de la ciencia, no se ha encontrado ningún registro del científico afirmando tal experiencia.
Aunque la anécdota de Newton bajo el manzano es una de las más bellas de la ciencia, no se ha encontrado ningún registro del científico afirmando tal experiencia.

Lo que nos contaron. La escena del físico y matemático Isaac Newton sentado bajo un manzano del cual cae la fruta sobre su cabeza se encuentra grabada en el imaginario colectivo. La idea que se ha popularizado, y que han recogido series tan conocidas como Érase una vez… los inventores, es la que se refiere al golpe de una manzana cayendo sobre tan privilegiada cabeza que habría inspirado al científico a formular la gravitación universal.

Lo que realmente ocurrió. Aunque la anécdota es una de las más bellas de la ciencia, no se ha encontrado ningún registro escrito del propio Newton afirmando tal experiencia. “El arqueólogo William Stukeley, muy cercano al físico británico, fue uno de sus primeros biógrafos. En 1752, a 25 años del fallecimiento de Newton, Stukeley escribió que, conversando con el anciano científico, éste le describió algunos pensamientos que le llevaron a su descubrimiento, pero ninguno relacionado con una manzana que le golpeaba la cabeza”, describe el biólogo Mariano Collantes. En realidad, nadie sabe lo que pasó: todo apunta a que no deja de ser una leyenda que ha pasado de biografía en biografía.

- La foto del monstruo del lago Ness es un fraude

Lo que nos contaron. La primera referencia sobre el supuesto monstruo del lago escocés Ness, popularmente conocido como Nessi, apareció en 565, en un manuscrito sobre la Vida de San Columba. Narra el enfrentamiento de este santo con un extraño animal que había atacado a un niño. Con el paso de los años, diversos relatos alimentaron el mito hasta llegar al siglo XX. En 1933, el periódico Daily Mail contrató a Marmaduke Wetherell, un famoso cazador, para encontrar al legendario monstruo. A finales de ese mismo año se hallaron unas huellas en la orilla del lago que desataron la locura, pero finalmente quedó demostrado que habían sido realizadas con un pie  de hipopótamo. La humillación que sufrió Wetherell fue enorme. Pero un año después se realizó la instantánea más famosa hasta la fecha, mostrando en blanco y negro una criatura de cuello largo emergente del lago. La foto, conocida como la “fotografía del cirujano”, que probaba presuntamente la existencia del monstruo, fue tomada por R.K Wilson, considerado como un respetado cirujano de la época.

Esta instantánea, conocida como la “fotografía del Cirujano”, probaba presuntamente la existencia del monstruo del lago Ness.
Esta instantánea, conocida como la “fotografía del Cirujano”, probaba presuntamente la existencia del monstruo del lago Ness.

Lo que pasó realmente. Todas las supuestas evidencias de la existencia de Nessie han demostrado ser grandes fraudes o falsas interpretaciones, algunas de lo más exóticas: desde restos de sets de rodajes interpretados como partes del esqueleto del monstruo a ramas de gran envergadura que imitan su preconcebida silueta. Pero la foto del cirujano se lleva la palma: el mayor fraude histórico relacionado con esta famosa leyenda duró 60 años. “La verdad la destapó Chris Spurling, hijo adoptivo de Wetherell, en su lecho de muerte, cuando le confesó su participación en la conspiración para tomar la foto. Wetherell, tras ser humillado, había decidido vengarse: involucró a sus dos hijos adoptivos, Ian y Chris (este último escultor experto), y al cirujano R. K Wilson, para que dijera que había tomado la fotografía y darle credibilidad a la historia. Su engaño consistió en crear un submarino de juguete equipado con una cabeza de serpiente marina de madera. Al final, el mismo Wetherell también confesó haber falsificado la fotografía. Sin embargo, a pesar de las confesiones, la fotografía ya formaba parte de la cultura popular”, explica Lidia Monzó, investigadora del Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA. Aunque el monstruo del Lago Ness no cuente con pruebas que apoyen su existencia, el mito representa un negocio turístico bien tangible para Escocia, país donde está el lago: según la publicación Management Today aporta 130 millones de libras (180 millones de euros) anuales a las arcas escocesas. 

- La Gran Muralla China no se ve desde el espacio

Lo que nos contaron. En 1754, el anticuario inglés William Stukeley escribió en una carta que la muralla de Adriano solo era superada por la Gran Muralla China, “que forma una considerable figura sobre el globo terrestre y que podría ser vista desde la Luna”. En los años 30, los impresionantes 21.196 kilómetros de la Gran Muralla China también sugerían para algunas publicaciones que la enorme construcción, “el más asombroso trabajo del hombre, era el único que sería visible desde la superficie de la Luna” (Ripley’s Believe it or not!, de 1932, o el libro Second Book of Marvels, de Richard Halliburton, de 1938, que repetía la misma idea). En 2004, la NASA y la Agencia Espacial Europea publicaron unas fotografías donde supuestamente se distinguía la muralla, aunque el mismo astronauta que las realizó, Leroy Chiao, no estaba muy convencido.

Lo que realmente sucedió. Estas fotos crearon un gran revuelo pero, poco tiempo después, ambas agencias espaciales tuvieron que recular: lo que se había considerado como la Gran Muralla China era en realidad un río. “Se reiteraba lo que tantos astronautas habían declarado. Neil Armstrong, el primer astronauta en pisar la superficie lunar, afirmó que pese a haber visto lagos, ríos y continentes, no había sido capaz de distinguir ninguna estructura levantada por el ser  humano. Jeffrey Hoffman, otra astronauta de la NASA, negó haber distinguido la muralla en ninguno de sus viajes espaciales entre 1985 y 1996. El mayor golpe a este mito fue cuando el astronauta chino, Yang Liwei, afirmó en 2003 que la Gran Muralla China era invisible para los ojos que estuvieran a semejante altura, algo no sentó nada bien a las autoridades chinas”, relata Lidia Monzó, investigadora del Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, que recuerda que los seis o siete metros de grosor de la famosa muralla equivalen a los de una carretera convencional: “Por lo que a poco que nos alejemos de la Tierra, se vuelve imperceptible al ojo humano. La tecnología actual facilita la observación de todo el globo terrestre, pero la imposibilidad de ver la Gran Muralla China con nuestros propios ojos, o la dificultad de fotografiarla, queda más que demostrada”, sentencia.

- La pasta no la trajo Marco Polo de sus viajes a China

Lo que nos contaron. Aunque para una mayoría representa un plato de origen italiano, la Organización Internacional de la Pasta reconoce que hay tantas teorías sobre el origen de la pasta como diferentes preparados culinarios para degustarla. Una de las versiones más difundidas atribuye a Marco Polo la introducción del estandarte de la cocina italiana actual en 1271 al regresar de uno de sus viajes por China. La idea se basa en su conocida obra el Libro de las maravillas del mundo, donde el mercader y viajero veneciano hace referencia a la pasta en el país oriental.

Lo que realmente ocurrió. La divulgadora gastronómica italiana Anna Mayer no da credibilidad a Marco Polo y sus viajes por China como origen de la pasta. "Es una anécdota bonita y fácil de recordar. Sin más", señala. La masa de harina y agua, los constituyentes principales de la pasta, representan lo más básico en la historia culinaria, por lo que los ancestros de este popular alimento no hay que buscarlos solo en el lejano Oriente, sino bastante más cerca. “Ya se encuentran en la cultura griega a partir del siglo III a.C., con preparados con los nombres de λαγανον, μακαρια o παστα (escotilla, caballa y pasta). En el siglo I, bajo la cultura romana, los laganum, macari y pasta representan los gérmenes de los contemporáneos lasaña, macarrones y pasta. También está la palabra árabe itriyah, de la que deriva tria, un tipo de pasta de masa fina presente en platos del sur de Italia”, explica esta experta, que sitúa el origen de la pasta en el Mediterráneo, alrededor de Sicilia, Campania, Calabria y Apulia, áreas por las que se extendió la Magna Grecia y que más tarde recibieron la influencia de los musulmanes. Más allá de los trozos de masa fresca de la cocina clásica de griegos y romanos los árabes dieron un paso fundamental: secar la pasta, lo que prolongó su fecha de caducidad y facilitó su transporte, comercio y consumo. “Era un alimento muy útil en las caravanas del desierto en el norte de África, y se prestaba a ser transportada por mar a Oriente Medio, Magreb y Levante español. En el siglo XIII, en Nápoles y Liguria empezó a desarrollarse una industria floreciente a cargo de los genoveses por imitación de los árabes, que producía sobre todo fidellini (espagueti)”, indica Mayer.

- Los reinos cristianos no reconquistaron la península Ibérica

Lo que nos contaron. Los libros de texto, y algunas personalidades públicas, hablan de la Reconquista para referirse al proceso histórico, entre los siglos VIII y XV, en el que los reinos cristianos de la península Ibérica buscaron el control peninsular en manos del dominio musulmán. ¿Recuerdan la famosa conferencia de José María Aznar en la Universidad de Georgetown en la que comparó la Reconquista con la lucha contra al-Qaeda? El término Reconquista data del siglo XIX, cuando la Historia se constituyó como disciplina universitaria y cuando surgió el nacionalismo español, nacido de las revoluciones burguesas, que buscó sus presuntos orígenes en la provincia romana de Hispania y, sobre todo, en el reino visigodo de Toledo. “La Reconquista era el enlace entre el reino visigodo y los Reyes Católicos, lo que implicó dejar al-Andalus fuera de la historia nacional. El historiador Claudio Sánchez-Albornoz, exiliado durante el franquismo pero con una ideología nacionalista y católica, se encargó de poner la Reconquista en el centro de la Edad Media hispana a nivel académico, como siguió siendo para los historiadores formados hasta los años 70”, describe el medievalista Ferran Esquilache, profesor asociado de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Lo que realmente ocurrió. Reconquista implica recuperar algo arrebatado. La conquista de al-Andalus no fue en ningún caso la recuperación de un territorio perdido, sino un movimiento más de expansión del modelo de sociedad feudal en la Europa de aquel tiempo. “La aparición del feudalismo explicó el cambio profundo en las sociedades norteñas, casi tribales y poco romanizadas, que resistieron a la conquista musulmana. La conquista cristiana de al-Andalus se entiende como un proceso histórico de carácter europeo, la expansión del feudalismo, similar a la conquista y colonización inglesa de Irlanda y a la conquista y colonización alemana del Báltico”, señala este historiador. A nivel académico, apenas quedan historiadores que defiendan el concepto Reconquista. Sin embargo, el término sigue suscitando discrepancias. “Hay quien prefiere seguir usándolo por comodidad, por ser reconocible para todos. Y también hay historiadores que lo rechazan por seguir llevando implícita la carga ideológica original. En cualquier caso, el debate debería trasladarse a los libros de texto escolares como un cambio profundo en la explicación de la expansión feudal sobre al-Andalus”, reconoce Esquilache.

- Los vaqueros no llevaban 'jeans'

Heath Ledger y Jake Gyllenhaal enfundados en tejido vaquero en un fotograma de 'Brokeback mountain'.
Heath Ledger y Jake Gyllenhaal enfundados en tejido vaquero en un fotograma de 'Brokeback mountain'.

Lo que nos contaron. Los lució Lucky Luke, el vaquero de Marlboro y los protagonistas de Brokeback Mountain. Los vaqueros americanos enfundados en tejido denim en medio del Lejano Oeste empezaron a cautivar en los años 30 a los seguidores de las películas del oeste protagonizadas por los míticos John Wayne o Gary Cooper. Una visión que creó un nuevo mercado con las variantes que introdujo H. D. Lee Mercantile Co. (el Lee moderno) creando el conocido "101 Cowboy pant" para los vaqueros, jinetes de rodeo y aficionados. Con lemas como: “En el interior de cada americano late un anhelo por el Lejano Oeste”.

Lo que sucedió en realidad. Si los famosos western hubieran reflejado el vestuario real de los vaqueros, sus protagonistas deberían haber vestido pantalones de cuero o de lino, el material de los cowboys de verdad. Sin embargo, el pantalón vaquero (por cierto, la prenda más vendida del mundo) tiene su origen como ropa de trabajo, pero no entre vacas. “El origen es confuso desde su etimología. El término jeans proviene de Gênes (Génova en francés), donde sus marineros eran conocidos por llevar pantalones muy resistentes de fustán (algodón con mezcla o de lino o de lana). En el siglo XVI el tejido se terminó llamando jene fustyan y en el siglo XVIII se fabricaba completamente con algodón y se teñía de muchos colores, creando los "pantalones jean" como ropa de trabajo. Sin embargo, a partir del XIX se hacen de denim (mezclilla), una sarga de algodón más resistente tejida en una cara con un hilado de color azul índigo y entretejido con otro sin teñir o gris, lo que permitía mostrar en zonas específicas de la prenda signos de desgaste”, relata el especialista en moda y cultura visual Fernando Aguileta. Los auténticos jeans, los pantalones de denim con remaches de cobre para evitar los desgarros, fueron patentados por Levis Strauss & Co. en 1873. “Hablamos de ropa de trabajo para los mineros de California, que también llevaron obreros y presos. A partir de los años 30 se asociaron al ocio y el tiempo libre por la influencia de artistas como Ginger Rogers, que usaba jeans para la pesca o la salidas en campamento, hasta entrar en el mundo de la moda, con el vestido envolvente de Claire McCardell”, añade.

Puedes seguir ICON en Facebook, Twitter, Instagram,o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información