Ir al contenido
_
_
_
_

“Un tío que lee en el metro es más sexy que uno que mira el móvil”: cómo los libros se han convertido en reclamo erótico

En las aplicaciones de ligue triunfan los usuarios que se definen como lectores, prosperan los clubes de libros donde leer no es el único fin y en las redes sociales la imagen de un hombre con un libro cotiza al alza. ¿Es la cultura la nueva herramienta para ligar?

En 1967 un joven lee en un parque de Nueva York.
Marita Alonso

“Masculino, trajeado y rico”. Así era el hombre perfecto el año pasado, pero según datos procedentes de Tinder, en 2025 el hombre más buscado tiene, en vez de una cartera de inversiones, un libro. La prensa de tendencias parece pensar lo mismo: “La cosa más caliente que puede hacer un hombre es leer”, dicen desde la biblia de las tendencias Dazed & Confused. Desde la aplicación para encontrar citas, sexo y pareja aseguran que las menciones a la lectura han aumentado un 16 % en las biografías de sus usuarios, de lo que se podría deducir que un hombre que lee ha alcanzado o se ha puesto a la par de los bros de las finanzas. Otra señal del sex appeal de la lectura es la aplicación Klerb, conocida como “el Tinder de biblioteca”. Se trata de una app en la que los match nada tienen que ver con el físico, sino con los gustos literarios de sus usuarios. “Buscar a una posible pareja lea lo mismo que tú puede ser otra manera de conectar vuestros intereses”, asegura la sexóloga de Diversual Lucía Jiménez.

El algoritmo de Klerb localiza a personas con gustos de lectura similares o que hayan leído el mismo libro recientemente y genera eventos temáticos en torno a tales intereses. O sea, una especie de un club de lectura convertido en una posibilidad de cita a ciegas. Es original, pero no revolucionario. La unión de lectura con otros intereses, a veces sexuales o románticos, no es nueva. Uno de los impulsores del club de lectura Bookake confiesa que el motivo de la creación de estos encuentros literarios fue “compartir algo más que la lectura”. “Sería ingenuo pensar que uno solo se une a una actividad grupal por la actividad en sí y no porque espera crear vínculos valiosos con los demás, bien sean de amistad, románticos o laborales. Lo que sí creemos es que nadie acudiría a un club de lectura o de running únicamente para conocer gente. Es fundamental que te guste la actividad en sí, porque si no, la asistencia regular que haría falta para cultivar esos vínculos se haría insostenible”, explica a ICON.

Sapiosexuales, pero con criterio

“Entendemos que la persona que lee está optando por cultivarse a la vez que se entretiene, está practicando un ocio lento en un mundo frenético e hiperproductivo, y está prefiriendo la imaginación a la mera contemplación del espectador pasivo. Además de esto, los índices de lectura en España indican que son muchísimas más las mujeres que leen que los hombres y, quizás por eso, encontrar hombres lectores puede tener un cierto valor añadido”, continúa. Están en lo cierto: el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2023, elaborado por Conecta para la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) con el patrocinio de CEDRO y en colaboración con el Ministerio de Cultura, indica que en términos generales, el 68,6 % de las mujeres leen libros en su tiempo libre frente al 59,3 % de los hombres.

Un joven lee en el Café Comercial de Madrid en 2006.

La sexóloga Lucia Jiménez añade que aunque leer es una actividad que implica varias funciones cognitivas superiores, no denota necesariamente que una persona sea más o menos inteligente. “La sapiosexualidad es una orientación sexual en la que el rasgo principal que produce atracción de una persona es su inteligencia y la conexión intelectual que se tenga. De este modo, para la persona que siente deseo, el género o sexo de la otra persona no es relevante”, asegura. “Leer es una actividad que implica varias funciones cognitivas superiores, sin embargo, no denota necesariamente que una persona sea más o menos inteligente. Requiere de algunas capacidades como sostener la atención en un estímulo durante un tiempo determinado, tener una memoria de trabajo que mantenga diferentes tipos de información a la vez (para comprender la historia), ser capaz de posponer la recompensa cuando la trama no sea muy estimulante, en pos de conocer el relato completo… Son tareas demandantes, pero que una persona lea no implica que sea más o menos inteligente”, matiza.

La cuenta @hotguysreading (tíos buenos leyendo) tiene más de un millón de seguidores que alaban las imágenes de famosos como Jacob Elordi (cuya imagen leyendo Prima Facie, de Suzie Miller, se viralizó en 2023, hasta fotografías de anónimos que leen en el transporte público. Las casi 600 imágenes que la cuenta atesora reflejan el interés que suscitan quienes en lugar de dejarse llevar por el scroll infinito del movil prefieren entregarse a la lectura. “Un tío que lee un clásico en el metro es increíblemente más sexy que uno que mira el móvil, para qué engañarnos. Los hombres en clubs de lectura también me parecen muy atractivos. En realidad, para mí lo importante es el punto de conexión, es lo que me va a llamar la atención y va a iniciar una conversación”, comenta M. Àngels Jover, Project Manager en Barcelona y seguidora de la cuenta.

El propio nombre del club de lectura Bookake, mezcla de book, “libro” en inglés, con una práctica sexual que en un texto sobre literatura está fuera de lugar, ya da cierta idea de que hay algo más que lectura. “Bookake tenía un punto atrevido y bestia que nos encantó y además hacía referencia a colocarse en círculo, que llovieran libros”, explica uno de sus responsables. “Empezó siendo un club de lectura 100% gay, involuntariamente, pero luego fue diversificándose. Y llegó un punto en el que priorizamos a las mujeres para tener equilibrio. Ahora estamos en torno al 50% hombres y 50% mujeres. ¿Hombres heterosexuales? Ha habido, pero pocos. Aunque nunca hemos dicho que somos un club de lectura LGTB”.

Un joven lee en una playa de Ibiza en 2004. Y lee, precisamente, 'La playa', de Alex Garland.

Leti Rodríguez, creadora de la newsletter y podcast Cinco Puntos, lo tiene clarísimo. “Un hombre que lee es un hombre que entiende que hay más mundos que el suyo. Significa que tiene curiosidad, que sabe escuchar, que ha viajado sin moverse de su casa y que, probablemente, tiene un mínimo de conversación. Y no hay nada más sexy que una buena conversación. No hablo de soltar monólogos pretenciosos, sino de ese ir y venir de ideas, de referencias, de chispazos inesperados”, asegura. “Los mejores conversadores suelen ser los que leen, viajan y salen mucho. Porque han visto cosas. Como dijo John Waters: si vas a casa de alguien y no tiene libros, no te lo folles”.

Las declaraciones de ambas ratifican los datos que captura un estudio publicado en 2023, que señala que el 95% de las mujeres asocian la imagen de un hombre leyendo con una mayor inteligencia emocional. Sin embargo, ¿da igual de qué libro o se trate o haya temáticas o autores que pueden hacer que esa imagen se convierta en una red flag? “Si el tío es un crypto bro que solo lee sobre cómo hacerse millonario en 24 horas, es un no rotundo. Esos libros de autoayuda financiera con títulos como Piense y hágase rico, El monje que vendió su Ferrari o Los secretos de la mente millonaria me parecen de un normie que me muero. Y encima te intentará meter en un esquema piramidal” dice Leti Rodríguez.

El peligro de los lectores performativos

Considera igualmente preocupante el que solo lee “lo que hay que leer”, es decir, “la lista oficial de hombre heterosexual culto”: Borges, Bolaño, Foster Wallace, Houellebecq. “Cero problema con que lea eso, el tema es si no sale de ahí. Si su librería parece un starter pack de ‘soy un intelectual, lo juro’, pero no ha tocado un solo libro escrito después del 2005, tenemos un problema”, asegura sin titubear. Ante la pregunta de si hay alguna temática que sea una red flag inmediata, uno de los responsables del club de lectura Bookake señala que aunque iba a responder con un rotundo “no”, al echar la vista atrás, ha cambiado de parecer. “Ver a mi novio leyendo Historia de España contada a las niñas de María Bastarós es de las cosas más sexys que mi memoria guarda”, dice.

Un joven lee en una biblioteca de Glasgow en el año 1953.

Junto a “los libros que hay que leer” están los lectores masculinos performativos, sobre todo cuando se trata de literatura feminista, de los que Rodriguez sospecha que podrían ser falsos aliados de la causa feminista. “Son una plaga. Conocí a un tipo que compraba libros compulsivamente, les hacía la fotito para Instagram con un café bien puesto y luego no se leía ni uno. Subrayaba una frase aleatoria, la añadía a la foto y se tiraba el rollo. Luego hablabas con él, rascabas un poco y te topabas con el vacío absoluto. Lo peor es cuando esto se mezcla con el feminismo de escaparate, el que va de defensor de la causa mientras sigue sin recoger su plato de la mesa. Prefiero a un honesto desastre que a un tipo que cree que leer a Chimamanda lo convierte en un ser superior”, asegura.

“Lectura performativa”, dice un usuario de TikTok que sube a su perfil un vídeo en el que finge leer “para encontrar novia”. “No sé si os han salido en las redes hombres haciendo como que leen libros feministas u obras que las mujeres leerían”, dice otra usuaria de TikTok, que durante un viaje a Nueva York fotografió con desconfianza a un hombre leyendo Mi año de descanso y relajción (Alfaguara, 2019), de Ottessa Moshfegh, en una librería. “Os advierto una cosa: si veis a hombres leyendo libros feministas o que supuestamente se dirigen a mujeres, cuidado: posiblemente lo hagan solo para llamar vuestra atención”, asegura.

Ediciones Maeva publicaba el año pasado, durante esos días de verano en que Mercadona se convirtió en el nuevo Tinder con el asunto de la piña, un post en el que elaboraba una guía para ligar en una librería. Recomendaban elegir el género literario que mejor represente a cada uno, acudir entre las cinco y las siete de la tarde a la librería (“es el momento perfecto para encontrar a otros lectores”, aseguraban), ir a la sección del libro elegido, buscar a alguien con un libro similar y romper el hielo con una pregunta sobre la obra en cuestión. En la serie You, su protagonista, un empedernido lector, convierte en la primera temporada la librería en la que trabaja en el lugar perfecto para encontrar el amor (además de eso era un psicópata, pero quedémonos con la anécdota lectora).

Los responsables de la cuenta @hotguysreading publicaron Hot guys reading (Atria Books, 2016), un libro que recopila algunas de las mejores instantáneas recogidas en la cuenta y en el que entrevistan a algunos de los protagonistas de las fotografías que aparecen en el perfil de Instagram para “descubrir la verdad detrás de las ficciones” que crearon para ellos. O sea, a la persona y a las circunstancias tras una estampa que, solo porque incluía a un chico guapo y un libro, Internet ya convirtió en una fantasía. Porque es demasiado habitual elaborar una fantasía alrededor de una imagen. En primavera de 2025, al parecer, la imagen es un libro. Si la tendencia llega a verano, las librerías podrán estar contentas.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Marita Alonso
Redactora especializada en cultura pop y estilo de vida. Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid. 
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_