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Los yanomami van a la guerra con extraños a cambio de mujeres

Este pueblo amazónico pacta con desconocidos a la hora de atacar para obtener así recursos y a las hermanas e hijas de sus aliados, según un estudio del polémico Napoleon Chagnon

Un grupo de yanomami hacen un despliegue de fuerzas en una danza ritual ante otra comunidad, en una foto tomada a finales de los sesenta.
Un grupo de yanomami hacen un despliegue de fuerzas en una danza ritual ante otra comunidad, en una foto tomada a finales de los sesenta.

Los unokai son los hombres más respetados entre los indios yanomami. Tienen mayor estatus y, de media, el doble de mujeres que los que no lo son. Para que les llamen así tienen que haber matado a un enemigo. Un estudio muestra ahora su particular política de alianzas para ir a la guerra: en vez de atacar codo con codo con los suyos, pactan con extraños al clan. A cambio, acaban casándose con hijas o hermanas de sus aliados, creando bandas de cuñados.

Los yanomami están entre los grupos indígenas más idealizados de este planeta. Este pueblo, formado por unos 25.000 individuos desperdigados por el norte de la selva amazónica en unas 250 comunidades de unas decenas de personas, es el símbolo del buen salvaje para unos y de la barbarie primitiva para otros. Hasta los años cincuenta no tuvieron un contacto sostenido con el hombre blanco. Quizá por eso los yanomami siempre han despertado gran interés entre los antropólogos. Muchos usan su modo de vida y conductas como un espejo en el que ver a los primeros grupos sociales humanos.

Uno de los científicos que mejor los conoce es el antropólogo de la Universidad de Misuri (Estados Unidos), Napoleon Chagnon, uno de los primeros científicos que se fue a vivir con ellos en los años sesenta y que ha pasado casi media vida estudiándolos. Chagnon, que bautizó a los yanomami como el pueblo feroz, ha sido duramente criticado por otros antropólogos e indigenistas por describir a los yanomami casi como genéticamente violentos y vivir en un estado permanente de violencia.

Ahora, un estudio con varios colegas sistematiza las notas de Chagnon sobre la violencia de los yanomami. Como en otros grupos humanos, las razones para matar a otro son las mismas: luchas de poder para conseguir nuevos territorios o más recursos, ya sea comida o mujeres. Pero, según este trabajo, no se casan con las féminas del grupo atacado sino con las parientes de sus aliados.

El 70 % de los guerreros se casan con mujeres del clan aliado

De los 118 unokais estudiados, 102 se habían casado con unas 200 mujeres. Tal como publican en la revista PNAS, el 70% de ellos tenían al menos una mujer que era hermana, hija o prima hermana de otro unokai con el que había ido de razia. Aunque los yanomami no tienen registros de las bodas, por lo que no se puede saber qué fue antes, si el matrimonio o la alianza, para los investigadores, este hecho es realmente sorprendente.

"Algunos, yo incluido, pensamos que el botín es para el vencedor, ya que si conquistas otro territorio, puedes quedarte con sus tierras, su comida o, también, con sus mujeres", explica en una nota el antropólogo de la Universidad de Utah (Estados Unidos) y coautor del estudio, Shane Macfarlan.

Pero con los yanomami no es así. "El beneficio adaptativo son las alianzas que estableces para llevar a cabo actos de guerra. No te apropias de la tierra o las mujeres del grupo vencido sino, para los yanomami, lo que logras es poder intercambiar recursos con los aliados, como trabajo y, más importante, cónyuges femeninas", aclara el antropólogo estadounidense.

En las criticadas obras de Chagnon, se relata cómo grupos de hasta 20 yanomamis atacan a otra comunidad al amanecer, matando a quien puedan y huyendo enseguida del lugar. No se trata de una guerra convencional. Son hechos esporádicos dentro de un equilibrio inestable entre las distintas comunidades y funciona tanto como una larga guerra de desgaste como vehículo para reforzar vínculos con los compañeros de lucha.

El estudio muestra que los lazos familiares directos no son el factor clave en la formación de estas alianzas agresivas. De hecho, los investigadores no han encontrado ni un solo caso de padres e hijos que fueran juntos a la guerra. En realidad, la mayoría de los unokai comparten la misma edad, son de comunidades vecinas y, si están emparentados, lo son por vía materna, rara vez por la paterna.

La violencia en chimpancés y humanos

Los antropólogos también comprobaron que la mayor parte de las nuevas comunidades que se creaban estaban formadas por dos o más unokai que habían matado juntos y, en muchos casos, se habían casado con una mujer del clan del otro.

La relevancia de este trabajo está en que ofrece una explicación alternativa sobre el origen de la violencia entre los humanos. Hasta ahora, el modelo más aceptado era el de las alianzas fraternales de interés. Aquí, los guerreros compartirían lazos de parentesco, vivirían en la misma comunidad y tendrían diversas edades. Es el modelo que reproducen los chimpancés, el otro gran simio que usa la violencia como ejercicio de poder y que también son capaces de establecer alianzas para matar a un adversario.

A pesar de que este trabajo no va a acabar con el debate sobre la base biológica de las coaliciones para matar entre los chimpancés o los humanos, lo que sí muestra es que, en el caso de los segundos, hay un elemento cultural añadido. Como dice Macfarlan sobre los yanomami: "Si matan juntos, conectando dentro de esta escena social, este mercado del matrimonio, están jugando el juego de su cultura".

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