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La carne mechada ya no triunfa ni en Navidad

Las empresas familiares cárnicas andaluzas amortiguan con despidos caídas en las ventas de hasta el 60% y critican la falta de apoyo de la Junta

carne mechada
Bartolo Rodríguez, en las instalaciones de Sabores de Paterna.

“¿En serio vas a pedir carne mechada? ¿Te has vuelto loco?”. La conversación se produce en el bar de Javier Ruiz, en Sevilla, uno de los pocos que aún mantienen en su carta la tostada y los montaditos de carne mechada, aunque casi nadie los pide. Han pasado cuatro meses desde que el Gobierno andaluz activara la alerta sanitaria por el mayor brote de listeriosis de España, y dos desde que se decretara su final, pero la confianza de los consumidores en ese producto no despega. Tampoco en Navidad, una de las épocas de mayor consumo de este producto típico de la zona occidental de Andalucía. Los empresarios confiaban en estas fechas para empezar a reflotar su economía, pero las ventas no han repuntado como creían y el futuro asoma sombrío.

“En Navidades solía fabricar 22 toneladas de carne mechada, este año 1,5”, explica José Cabo, gerente de la empresa que lleva su nombre en Dos Hermanas (Sevilla). Con la alerta sanitaria paralizó por completo la producción de esta variedad, el 80% de su negocio, hasta mediados de noviembre, ante la ausencia total demanda por parte de supermercados o locales de hostelería. De 22 empleados ha pasado a ocho.

Una pérdida de empleos que ha sido generalizada en el sector, también en empresas, como Embutidos Reina, en las que la carne mechada solo representa el 10% de su fabricación. “Éramos 11 este verano, ahora somos seis”, se lamenta su gerente, Manuel Reina. “Si sobrevivimos es por la diversidad de producción, pero Magrudis, que era una excepción, nos ha jodido a todos”, señala en referencia a la fábrica sevillana origen del brote de listeriosis. Andalucía cuenta con 530 industrias cárnicas que facturan 1.800 millones de euros y dan empleo a 8.800 personas, según la Junta.

La Asociación Nacional de Industrias de la Carne de España (ANICE) cifró en un 60% el desplome del consumo de carne mechada en pleno brote de listeriosis. Entonces, la Junta anunció un plan de choque que incluía una campaña de fomento del consumo de carne y un plan especial para los trabajadores afectados. Solo se ha materializado la primera, diluida en una promoción genérica de productos andaluces en radio, televisión, redes sociales y ferias con el lema “Gusto del Sur”. “Los empresarios nos pidieron expresamente que no vinculáramos directamente la campaña a la listeria”, explican desde la Consejería de Agricultura.

Plan de choque inoperativo

La puesta en escena del compromiso de la Junta se realizó en Benaoján, un municipio malagueño que vive casi exclusivamente de la industria cárnica y que fue señalado directamente por la listeriosis cuando se activó la tercera alerta sanitaria en septiembre. En el pueblo son reacios a hablar sobre los efectos de la crisis, pero su alcaldesa, Soraya García Mesa, afirma que “el efecto fue brutal”. “Se paralizó el 100% de la producción y un 30% de otros productos”, afirma, y lamenta que se han perdido alrededor de 20 empleos y en Navidad no se han reforzado las plantillas, como es habitual. García critica la ausencia de apoyo por parte de la Junta. “Han solicitado ayudas para soportar las pérdidas de las devoluciones y del gasto de la destrucción de carne, pero no se han atendido”, asegura. En Empleo aseguran que nadie se ha puesto en contacto con ellos pidiendo ayuda.

La alcaldesa afirma que el impulso del Ayuntamiento y la Diputación de Málaga en defensa de los productos del municipio en las ferias ha sido determinante para frenar un desplome absoluto.

Algo similar a lo que ha pasado en Paterna de Rivera (Cádiz), el tercer epicentro de la crisis. El 6 de septiembre, la Junta amplió la alerta a toda la producción de carne mechada y chicharrones de la empresa Sabores de Paterna. En el puente de la Constitución, centenares de personas se sumaron al Día Internacional de la Carme Mechada, organizado por el Ayuntamiento en apoyo a su empresa más célebre. Su propietario, Bartolo Rodríguez, no ha calculado aún las pérdidas en una fábrica que llegó a facturar cerca de 600.000 euros al año. Solo sabe que estuvieron dos meses cerrados, han tenido que destruir 3.000 kilos de producto y efecturar mejoras por 20.000 euros.

“Llevamos siglos consumiendo carne mechada y chicharrón y nunca había ocurrido nada. Por ellos —en referencia a Magrudis— no debemos pagar el resto”, dice Rodríguez. Los empresarios consultados comparten la afirmación, pero vista la escasa confianza del consumidor, pocos ven el futuro con optimismo. “Esto no va a llegar a ser lo que era, se va a quedar en un producto residual”, aventura Cabo.

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