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51º FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN

Dos ladrones con química

Charlize Theron y Mark Wahlberg presentan 'The italian job', una historia de dinero y venganza

San Sebastián
Con Charlize Theron y Mark Wahlberg, protagonistas de The italian job, el remake de Un trabajo en Italia, realizada en 1969, llegaron a San Sebastián el glamour, la química y los pensamientos pecaminosos: el Velódromo de Anoeta vibró con la acción y la sensualidad, algo que se agradece en tiempos de polémicas políticas y reivindicaciones salariales. La sección oficial reconoció el talento del cine independiente estadounidense de Tom McCarthy y su The station agent, y la sección de Zabaltegi encontró en Los abajo firmantes, de Joaquín Oristrell, un espléndido homenaje a los actores y a su actitud combativa de rechazo a la guerra de Irak.

Era un plan impecable, ejecutado a la perfección. Con el botín millonario conseguido en un palacio de Venecia, toda la banda tendría la vida ya resuelta. Uno compraría el más despampanante modelo de coche; otro se haría con un equipo de música con una potencia de sonido capaz de desnudar a las mujeres; un tercero se instalaría en Sevilla con una gran biblioteca... Todos tenían sueños, pero ninguno había previsto el gran problema: uno de ellos era un traidor. Desde ese momento, el dinero deja el camino libre a la venganza. The italian job, esta historia de dinero, lealtades y venganzas, se presentó ayer en el Velódromo de Anoeta, la gran pantalla del Festival de Cine de San Sebastián, ante 3.000 espectadores que pudieron admirar en directo a sus dos protagonistas principales, Charlize Theron y Mark Wahlberg. Dos encantadores ladrones con química en la pantalla y fuera de ella.

"Más que un 'remake', es todo un homenaje a la película antigua"

Fue Wahlberg quien le puso a Theron sobre la pista de este proyecto, remake del famoso Un trabajo en Italia, que protagonizó a finales de los años sesenta Michael Caine. La actriz, de imponente cuerpo y belleza apabullante, reconoce que la posibilidad de trabajar con Wahlberg fue una de las razones de su presencia en la película. "No la única", asegura esta intérprete surafricana de 28 años, ya uno de los rostros más famosos y codiciados de Hollywood desde que hace apenas nueve años se viera obligada a abandonar su carrera de bailarina por un problema en la rodilla. En The italian job encontró no solo a su amigo Wahlberg, con el que ya había coincidido en Yards, sino un proceso creativo nuevo. "No es una simple copia", defiende la actriz, "hay un nuevo guión y una diferente puesta en escena, más que un remake es todo un homenaje a la película antigua". Eso mismo opina su compañero Wahlberg, en una habitación contigua del hotel María Cristina. Camiseta blanca ajustada que deja traslucir musculosos brazos y pectorales, como si de un olímpico gimnasta se tratara, el actor, famoso por hacer papeles que ya han hecho otros -El planeta de los simios, La verdad sobre Charlie y ahora The italian job-, confesó no sentirse muy cómodo con este tipo de proyectos, a no ser que ofrezcan algo nuevo o el director sea alguien con el que tener la oportunidad de aprender. "No pienso como Mark, sino como actor", se justificó el intérprete norteamericano de 32 años y padre de una niña, Ella, nacida hace 17 días.

Theron, de suaves y agradables formas, capaz de alabar con gracia la pasión de una periodista pero también de reconducir con energía los malos gestos de otro informador, asegura que llegó a la interpretación de manera ingenua, desconociendo totalmente el mundo de la fama y el glamour. "Allá en Suráfrica, en el pueblo en el que vivía, sólo veíamos las películas, desconocíamos el mundo que rodeaba a los actores y actrices. Así que cuando me decidí a trabajar en el cine, mi único propósito era ser una buena actriz. La fama y la celebridad no se encuentran entre ello", aseguró Theron, quien explica que para aguantar la presión de Hollywood nada como "la mano dura" de su madre.

La famosa rebeldía del joven Mark Wahlberg, formado en el cine independiente, se ha esfumado o, al menos, apaciguado. Todo lo contrario que la de Theron, que lidera con energía una campaña comprometida en contra de las violaciones a las mujeres en Suráfrica y el contagio del sida -"en mi país, una de cada tres mujeres es violada, hay una violación cada 26 segundos y los violadores son en su mayoría portadores de sida"-. "Suráfrica es uno de los países más bellos y con más culturas mezcladas, tengo mucha esperanza en mi país, aunque soy consciente de que los problemas no se resuelven todo lo rápido que quisiéramos".

De momento, Wahlberg, criado en una familia de católicos irlandeses, no quiere posicionarse en el tema de la guerra de Irak, aunque sí confiesa que ni ha votado ni votará nunca a George Bush. "Soy más relajado y tranquilo de lo que parece, cuando era joven era muy rebelde, pero ahora toda esa rebeldía la tengo en una cajita guardada y la saco en caso de emergencia". ¿Y la guerra de Irak es una emergencia? "No creo que ahora sea el momento de llorar y quejarse, sino de enfocar todas nuestras energías para que en un futuro esto no vuelva a suceder. No creo que sea bueno machacar ahora al Gobierno de mi país, mientras haya tropas allí jugándose la vida y creyendo de verdad que luchan por la libertad. A mí lo que me preocupa de verdad son las víctimas inocentes, los niños... En las próximas elecciones ya habrá la posibilidad de elegir".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de septiembre de 2003