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Una treintena de científicos desmonta un estudio utilizado por los cazadores para avalar la captura de aves cantoras

La revista ‘Ecological Indicators’, donde apareció una controvertida investigación sobre conteo de pájaros, publica una réplica que denuncia graves deficiencias y conflicto de intereses

Una colorida bandada de jilgueros, en una imagen de archivo. picture alliance (dpa/picture alliance via Getty Images)

La revista Ecological Indicators ha publicado la réplica, una demoledora crítica, de una treintena de científicos contra un estudio de esta misma publicación del año pasado con la metodología de conteo de aves utilizada en investigaciones que se están realizando en Madrid y Andalucía para intentar recuperar la captura de especies cantoras. El trabajo, que es cuestionado por “graves deficiencias” y “conflicto de intereses”, lleva por título Attraction points: A new sampling design method to quantify common finches’ population (Puntos de atracción: Un nuevo método de diseño de muestreo para cuantificar la población de fringílidos) y fue realizado por Lorenzo Marazuela Pinela y Ángel Julían Martín Fernández, de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid, junto a Pablo Luis López Espí, ingeniero de Telecomunicaciones de la Universidad de Alcalá.

Esta nueva denuncia ocurre a poco más de un mes de que la revista Science publicara otra carta de científicos contra los estudios apoyados por la Junta de Andalucía y la Comunidad de Madrid para intentar validar científicamente, de forma excepcional, las capturas del silvestrismo, afición dedicada a adiestrar el canto de jilgueros, pardillos o verderones —de la familia de los fringílidos— en jaulas para competir en concursos.

La crítica es ahora todavía más demoledora porque se centra en el estudio que expone la metodología que utilizan estas investigaciones y porque aparece en la misma revista (de pago) que aceptó publicarlo hace unos meses. Según la réplica publicada en Ecological Indicators, “más allá de sus implicaciones políticas, la metodología propuesta por Marazuela Pinela et al. (2025) carece de una base científica sólida para estimar el tamaño absoluto de las poblaciones de fringílidos. Deficiencias metodológicas, estadísticas, éticas y legales fundamentales comprometen gravemente su validez científica, fiabilidad y aplicabilidad”. Además, los científicos críticos denuncian que “los tres autores del artículo no declararon un conflicto de intereses claro y directo: todos ellos son (o eran) cazadores afiliados a la Federación Madrileña de Caza. Al menos dos de ellos (Marazuela Pinela y López Espí) se autoproclaman silvestristas”. De hecho, como adelantó EL PAÍS, en el caso de López Espí, además de pertenecer a una familia con larga tradición de silvestristas (antes que él también lo fueron su padre, su abuelo y su bisabuelo), este ha sido delegado de la Federación Madrileña de Caza y fue premiado en 2023 por los cazadores por su labor en el área del silvestrismo.

“El trabajo tiene muchos problemas que nosotros criticamos, pero también hay cosas que no sabemos pues no explican todo lo necesario para reproducir el método, es un artículo tan bodrio que le falta mucha información y es irreproducible”, incide Juan José Negro, investigador de la Estación Biológica de Doñana, uno de los firmantes de la réplica. Junto a su nombre aparecen otras firmas como Bart Kempenaers, director de Ornitología del Instituto Max Planck de Alemania; Stephen Baillie, de la European Union for Bird Ringing (Euring); Luisa Amo, del Museo Nacional de Ciencias Naturales; Juan Arizaga, de la Sociedad de Ciencias Aranzadi; o Juan Carlos Senar, del Museu de Ciencies Naturals de Barcelona.

En concreto, el trabajo cuestionado defiende la utilización de señuelos vivos que atraen a los fringílidos silvestres como método “más imparcial y fiable” para estimar la abundancia de estas poblaciones. Como señala Juan Carlos Atienza, de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife) y otro de los firmantes de la réplica en Ecological Indicators, “ellos lo que proponen para jilgueros, pardillos y verderones es utilizar cazadores que capturan con redes ejemplares utilizando dos tipos de reclamos: pájaros que están en unas jaulas muy pequeñitas y otros sujetos a un arnés sobre un palo para que se les vea revoloteando”. Un método mucho más invasivo que el utilizado por los ornitólogos desde hace ya unas décadas, consistente en contar los ejemplares que se encuentran en determinados puntos a los que van de forma regular en diferentes años. “Todas estas supuestas investigaciones científicas son en realidad una coartada para seguir capturando estas especies de aves, lo que no está permitido por la directiva de aves”, incide Atienza.

Esta metodología de conteo con señuelos vivos se está utilizando en Andalucía y en Madrid. No obstante, según la réplica de los científicos críticos, “este enfoque implica capturar aves, confinarlas en pequeñas jaulas que impiden su comportamiento normal, aislarlas de sus congéneres sociales y exponerlas a estímulos estresantes de los que no pueden escapar”. Como afirman, este procedimiento requiere la aprobación de un comité de ética competente, pero no han encontrado “ninguna mención de los permisos obligatorios en el artículo publicado” por Ecological Indicators.

Por otro lado, los científicos críticos no solo denuncian estas cuestiones éticas, sino que desmontan la totalidad de la metodología por considerar que presenta errores científicos de bulto. Entre ellos, señalan que este sistema introduce sesgos porque no todas las aves responden igual a los reclamos y que confunde las aves presentes en una localización con las que se están desplazando de un punto a otro, lo que impide estimar el tamaño real de las poblaciones. “Este estudio nunca se debería haber publicado”, concluye Negro.

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