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El equipo que clonó a 'Dolly' se asocia a una empresa para producir órganos trasplantables a humanos

El equipo científico que clonó a la oveja Dolly se ha asociado a la compañía privada estadounidense Kimeragen para combinar las técnicas de clonaje de los primeros con las de ingeniería genética de la segunda en un ambicioso proyecto: clonar animales genéticamente modificados y usarlos como fuente de órganos para trasplantes humanos, según comunicó ayer la empresa implicada. El equipo conjunto incluirá al propio creador de Dolly, el científico británico Ian Wilmut. Kimeragen, una empresa con sede en Newtown (Pensilvania, EE UU), dijo que la asociación combinará su técnica original de terapia génica, llamada quimeraplastia, con los métodos de clonaje que su nuevo socio, el Instituto Roslin de Edimburgo, utilizó para crear a Dolly.

Gerald Messerschmidt, presidente de Kimeragen, declaró ayer: "En lo que más interesados estamos, desde un punto de vista comercial, es en obtener animales clónicos de los que obtener órganos para trasplantes humanos". Su intención es crear en primer lugar ovejas clónicas con los genes alterados para que sus órganos sean compatibles histológicamente con los humanos. Luego extenderán su proyecto a otros animales.

La técnica de la quimeraplastia desarrollada por la empresa permite a los científicos llevar a cabo manipulaciones genéticas muy precisas. Se trata, según Messerschmidt, de una combinación de ADN (el material genético) con ARN (un intermediario en el proceso de traducción por el que los genes producen proteínas). Esta combinación puede dirigir con gran eficacia un gen externo, manipulado en el laboratorio, al sitio de los cromosomas donde se encuentra su equivalente natural, y sustituirlo.

La asociación de empresas quiere crear ovejas clónicas que carezcan por completo de priones, las proteínas que, una vez mutadas, trasmiten las encefalopatías espongiformes (mal de las vacas locas) y sus equivalentes en humanos y ovejas. Su idea es que las ovejas puedan sobrevivir sin priones, ni mutados ni normales, y que se pueda evitar así el riesgo de contagios durante los trasplantes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de octubre de 1998