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LA REVOLUCIÓN DE AGOSTO

La URSS disuelve los órganos del poder central y abre un periodo constituyente

Pilar Bonet

El Congreso de los Diputados Populares de la URSS, sometido a unas presiones sin precedentes por parte de un directorio compuesto por los presidentes de 10 repúblicas y Mijaíl Gorbachov, se avino ayer a preparar el parte de defunción formal de la Unión Soviética al aceptar un nuevo orden del día que incluye la liquidación de los máximos órganos de poder hasta ahora existentes. La lógica de la revolución y de las situaciones excepcionales se impuso ayer con toda su crudeza a la lógica de la Constitución y la legalidad, cuyos máximos representantes se doblegaron ante la desintegración del imperio.

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Ante 1.900 diputados, a los que no se les dio la mínima ocasión de abrir la boca, el presidente de Kazajstán, Nursultán Nazarbáiev, leyó ayer, poco después de las diez de la mañana, una declaración conjunta de siete puntos elaborada el domingo por 10 líderes republicanos y Gorbachov.Esta declaración, que fue una sorpresa para la comisión de 90 diputados encargada de preparar la sesión extraordinaria del Congreso, contempla la firma de un Tratado de la Unión con diferentes grados de integración en una unidad supraestatal, desde una situación de Estado federado hasta el de observador.

Asimismo se contempla la creación de tres estructuras centrales para un periodo de transición: un Consejo de Representantes (a razón de 20 diputados por república), un Consejo Estatal (formado por el presidente de la URSS y los dirigentes máximos de las repúblicas) y un Comité Económico Inter-republicano, que supone de hecho un Consejo de Ministros donde todas las repúblicas estarán representadas sobre una base paritaria.

El Congreso no se inauguró ayer con el himno nacional soviético (un canto a la indisoluble unión de las repúblicas soviéticas), y la presión que se había dejado sentir desde su inicio se reprodujo en las reuniones por repúblicas. Los diputados soviéticos por Rusia se concentraron en la Casa Blanca (como se conoce a la sede del Parlamento ruso). Allí, los disidentes apenas se atrevieron a llevar la contraria al alcalde de Leningrado, Anatoli Sobchak, quien manifestó que los intentos de insistir en la defensa de la vieja Constitución son una "continuación del golpe" del pasado 19 de agosto. Tampoco resistieron a Ruslán Jazbulatov, el presidente en funciones del Sóviet Supremo de Rusia, que apoyó a Sobchak, ni a Serguéi Alexéiev, el presidente del Comité de Vigilancia Constitucional, que consideró la declaración de los presidentes como la única vía para allanar el camino a los cambios democráticos.

Algunos, sin embargo, como Yuri Boldirev, se quejaron del "tono autoritario" de la declaración. Fueron muchos los que se sintieron humillados y consideraron un burdo cebo las promesas de Jazbulatov de emplear a los diputados de la URSS en las comisiones y comités del Parlamento ruso y aprovechar ahí su "experiencia".

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Serguéi Stankevich, hasta hace poco vicealcalde de Moscú, manifestó que ya nadie puede impedir nada y que sólo se trata de saber si los cambios que ha acelerado la intentona golpista sucederán "con nuestra ayuda o nuestra resistencia".

[El presidente de EE UU, George Bush, se sumó ayer, una semana después de que lo hiciera la Comunidad Europea, al reconocimiento de la independencia de las repúblicas bálticas.]

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Tres días para decidir el futuro de la URSS

Viene de la primera páginaEl texto iba firmado por los líderes de todas las repúblicas federadas soviéticas excepto Georgia (que participó en su preparación como observador), las tres repúblicas bálticas y Moldavia. Tras acabar la lectura, Nazarbáiev pidió a los diputados del Congreso que se reunieran por repúblicas y que decidieran sobre un nuevo orden del día de tres puntos que comenzaba por establecer un plazo máximo de tres días para decidir las cuestiones planteadas.

Este orden del día, que sustituía así al preparado la semana pasada por el Sóviet Supremo de la URSS, tiene como punto central aprobar la declaración por la que se liquidan los máximos órganos del Estado. Antes de que Victor Alksnis, uno de los dirigentes del grupo Soyuz (Unión) pudiera subir a la tribuna, los diputados comenzaron a marcharse a sus respectivos centros de reunión, de donde volvieron con sus decisiones a las 14,00, hora de Moscú.

De vuelta al Palacio de Congresos del Kremlin, y de nuevo bajo un férreo control sobre el régimen de intervenciones, los representantes de las repúblicas, uno por uno, expusieron los resultados de sus debates, previa intervención de Alexeiev.

El presidente del Comité de Vigilancia Constitucional manifestó que la URSS no estaba "al borde de la desintegración", sino "en estado de desintegración" y cerca de la situación yugoslava. Tras el golpe, dijo Alexelev, el país es otro y ha comenzado una verdadera revolución. "Démosle una oportunidad", afirmó el máximo jurista de la URSS. "Debemos retirarnos. Yo estoy dispuesto a hacerlo inmediatamente". "Me dirijo al corazón. Ha llegado la hora de la verdad. Estemos por encima de nuestros intereses cooperativos", manifestó Alexeiev.

Las intervenciones de los representantes de las repúblicas tuvieron diferentes matices y reflejaban las divergencias existentes sobre cuales deben ser y cómo deben actuar los órganos de transición hacia una nueva configuración de estados en el espacio ocupado por la URSS. Sin embargo, todas ellas estaban de acuerdo en liquidar las instituciones existentes y en el nuevo orden del día, que fue finalmente aprobado con 1350 votos a favor, 107 en contra, 137 abstenciones. 234 diputados no votaron. El patriarca ortodoxo Alexis II, que asistió a los debates, defendió el nuevo tratado y advirtió contra la "destrucción de la comunidad histórica".

La posición de Ucrania

Yuri Sherbak, escritor y ministro de Sanidad de Ucrania, tuvo la intervención más elaborada en lo que se refiere al diseño del espacio político, económico y militar que debe surgir en el territorio de la URSS. En nombre de su república, Sherbak manifestó que el Congreso no debe elaborar las bases del régimen político que debe surgir en la ex URSS. Propuso crear un espacio económico inspirado en la CEE, agruparse en un proceso semejante al de la CSCE y la carta de Helsinki, fijar el periodo de transición hasta finales de 1992 y conservar el estatuto de Ucrania como zona desnuclearizada en el espacio estratégico-militar en ciernes. Ucrania considera necesario crear su propio sistema monetario y exhorta a mantener conversaciones inmediatas sobre las reservas de oro y la deuda de la URSS. El presidente de Ucrania, Leonid Kravchuk, se pronunció por la "confederación" con Rusia y rechazó la idea de elaborar una nueva Constitución soviética.

En los pasillos del Palacio de Congresos el ambiente era agitadísimo y no faltaron algunos destacados reformistas, entre ellos el escritor Yuri Chernichenko, que criticaron los expeditivos procedimientos adoptados para forzar la liquidación de los órganos de poder surgidos en la primera etapa de la reforma política en la URSS. La expresión "golpe de Estado constitucional", sonaba en muchas bocas que, en parte, la justificaban y, en parte, no. Edvard Shevardnadze, el ex ministro de Exteriores de la URSS, se pronunció por un Centro que tenga un papel coordinador, dijo que no consideraba problemático el ingreso de nuevos estados en la ONU y admitió que las repúblicas del Báltico se resisten a insertarse en el espacio estratégico-militar propuesto por los presidentes. Eran muchos los diputados del Báltico que estaban ayer en el Kremlin. En nombre de Letonia, el escritor Janis Peters anunció que su república, que ya se ha declarado independiente, apoyaba el nuevo orden del día. El armenio Levon Ter Petrosián advirtió que deben asegurarse los derechos de las regiones autónomas.

Sobre la firma

Pilar Bonet
Es periodista y analista. Durante 34 años fue corresponsal de EL PAÍS en la URSS, Rusia y espacio postsoviético.

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