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‘Claudia’, una comedia argentina desnortada para inaugurar el Bafici

La película de Sebastián de Caro está plagada de referencias cinéfilas y bellas imágenes, pero carece de un argumento sólido

Dolores Fonzi en la piel de Claudia, protagonista de la última película de Sebastián de Caro.
Dolores Fonzi en la piel de Claudia, protagonista de la última película de Sebastián de Caro.

Claudia Segovia es una organizadora de bodas que se autoproclama la mejor. Su protagonismo se augura tan grande que incluso da nombre a la película del argentino Sebastián de Caro con la que el pasado miércoles se inauguró la 21ª edición del Bafici, el mayor festival de cine independiente de Buenos Aires. Pero esa mujer obsesiva hasta la médula, que no duda en dar órdenes incluso en el funeral de su padre, empuja la última ceremonia que le toca dirigir hacia el desastre con cada una de sus decisiones. Ocurre algo parecido con la dirección: la película de De Caro es magnética en su arranque, pero se extravía pronto y no logra volver a enderezar el rumbo. Como en una caja de muñecas chinas, quizás es también involuntariamente una metáfora de la Argentina actual.

La actriz y cantante Lali Espósito brilla en los primeros fotogramas. Canta y seduce mirando a cámara, mientras detrás de la cortina la observa la verdadera protagonista, Claudia, interpretada por Dolores Fonzi. La actuación de Fonzi es lo mejor de la película, junto a una muy lograda imagen, plagada de referencias cinéfilas y detalles memorables. Claudia, ayudada por su asistente (Laura Paredes) deberá enfrentarse a la inseguridad de la novia (Paula Baldini), a un novio que no se entera de nada (Julián Kartún), un padre irritado con los cambios de guion (Jorge Prado) y un misterioso mago (Santiago Gobernori), entre otros.

De Caro juega con los géneros, con los personajes y con guiños a directores como David Lynch y Quentin Tarantino, pero ese brío lúdico se desinfla a medida que pasan los minutos sin un argumento sólido. Las expectativas generadas quedan en el aire, las escenas comienzan a hacerse reiterativas e incluso Fonzi se ve cada vez menos cómoda en su papel.

La elección de una comedia para la proyección inaugural prometía carcajadas, pero estas no se escucharon más que de forma aislada. A la salida de la sala reinaba el desconcierto entre los espectadores. Nadie parecía entender por qué el Bafici había elegido esa película para la función de apertura. Tampoco, por qué una película que parecía prometedora se había desnortado. Es una sensación familiar entre muchos ciudadanos argentinos estos días: Mauricio Macri, que al llegar a la Presidencia presumió de tener el "mejor equipo de los últimos 50 años", no ha logrado el despegue económico anunciado y se acerca al final de su mandato con el país sumido en una nueva crisis.

Esta se dejó sentir ya en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, la otra gran cita cinéfila del país, y afecta también a la edición en curso del Bafici, que termina el próximo 14 de abril. Hay menos presupuesto, menos películas (de 365 en 2018 a 315 este año) y menos invitados de renombre. El público, en cambio, se mantiene y se espera una multitud para una de las grandes novedades de este año: la Maratón Bafici de este fin de semana, dos días en los que el cine tomará varias calles de Buenos Aires.

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