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Sake Dean Mahomed, el exportador del champú a Europa

El polifacético inmigrante destacó en la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX al ser también empresario y convertirse en el primer indio en publicar un libro en inglés

Sake Dean Mahomed
Sake Dean Mahomed (1759–1851).

Una gran cultura de su lugar de nacimiento, India, y un buen aprendizaje en el que sería su lugar de destino, la Inglaterra de finales del siglo XVIII y principios del XIX, le sirvieron a Sake Dean Mahomed para labrarse un futuro y una imagen a base de buena publicidad en novedosos negocios. Después, el ‘boca a boca’ se encargó de catapultarle al éxito en la mayoría de sus actividades, haciendo que su fama fuese tal que hasta se le conoció por el apelativo de Dr. Brighton y estuvo al servicio de los reyes Jorge IV y Guillermo IV.

Aventurero y viajero, su tiempo en el ejército también le sirvió para aprender técnicas de alquimia para obtener jabones, convertirse en un gran narrador histórico y acabar haciéndose empresario tras emigrar a Gran Bretaña junto a quien hasta entonces había sido su capitán en el frente.

Más de 90 años de vida contemplaron a Dean Mahomed, que salió de su país cuando tenía 25 años, se añadió el título de Sake (una variación de jeque a su nombre) cuando adquirió fama, se reinventó a sí mismo en varias ocasiones durante su vida y hasta se añadió diez años a la edad que decía tener para hacer más creíble el currículo que construyó de su pasado. Sin embargo, lo que no se le puede negar es que siempre supo sacar partido de su origen indio para establecer conexiones culturales entre India y Gran Bretaña.

Sake Dean Mahomed nació en 1759 en Patna, (India). Con solo 11 años se unió al Ejército de la Compañía de las Indias Orientales, sirviendo como soldado en el Regimiento de Bengala bajo el mando del capitán irlandés Godfrey Baker. Después de 13 años de servicio activo en el ejército, en 1784 Mahomed siguió a Baker en su retiro a su casa irlandesa en Cork. La amistad entre ambos hizo que Baker tratara al joven indio como a un hijo y que le pagara los estudios en una humilde escuela local para que mejorara sus habilidades en inglés y aprendiera literatura.

Otra estudiante de aquella escuela, Jane Daly, llamó la atención de Mahomed y se enamoraron, pero la familia Daly se opuso a su relación, así que la pareja se escapó a otra ciudad para casarse en 1786. Mahomed se convirtió del Islam al protestantismo, pero como los matrimonios entre protestantes y católicos eran ilegales, se hizo anglicano y eso ayudó a que la comunidad aceptara su unión multicultural (india e irlandesa).

La pareja se mudó a Londres a principios del siglo XIX y tuvo siete hijos: Rosanna, Henry, Horatio, Frederick, Arthur, Dean Mahomed y Amelia. Algunos de sus descendientes superaron en fama al propio Mahomed. Por ejemplo, su hijo Frederick fue propietario de unos famosos baños turcos en Brighton y también dirigió una academia de esgrima y boxeo. Su nieto del mismo nombre, Frederick Henry Horatio Akbar Mahomed, se convirtió en un médico muy conocido en numerosos países por sus importantes contribuciones al estudio de la hipertensión arterial, mientras que otro de sus nietos, James Kerriman Mahomed, acabo siendo reverendo.

Mahomed obtuvo reconocimiento público por primera vez en su nueva patria, al publicar su autobiografía, titulada ‘The Travels of Dean Mahomed’ (Los viajes de Dean Mahomed), que comienza con los elogios a Genghis Khan. Posiblemente sin saberlo, se convirtió en el primer indio en publicar un libro en inglés, y el mérito radica en que a pesar de que Gran Bretaña había estado en India durante décadas, el libro de Mahomed fue la primera oportunidad para que los británicos vieran la vida del país asiático desde el punto de vista de un nativo.

Sake Dean Mahomed comenzó a ver la posibilidad de negocio, y lejos de vivir entre los comerciantes de productos de India, la ya numerosa familia se estableció en Portman Square, un centro para la alta sociedad. El primer trabajo que desempeñó en Londres fue como asistente en el baño de vapor de sir Basil Cochrane. En él mejoró el baño con una práctica que elaboró, denominada ‘champi’, que derivó en el anglicismo ‘shampoo’, y que provenía de la palabra hindi ‘champissage’ para significar un masaje de cabeza.

Cuando la publicidad le dio suficientes clientes como para tener dinero, Mahomed inició su propio negocio, un restaurante, el Hindoostane Coffee House, en el lado oeste de Londres, en el que quiso seguir explotando las posibilidades de la cultura india. Sin embargo, ya había competencia en la ciudad y en su primera experiencia como empresario se vio obligado a cerrar y a declararse en bancarrota.

Mahomed tenía ya 50 años cuando le tocó reinventarse a sí mismo y lo hizo mudándose de nuevo con su familia, esta vez a Brighton, y haciéndolo en el único trabajo que pudo encontrar: gerente en una casa de baños. Allí se autonombró “inventor de los baños de vapores medicinales de la India”. Sake Dean Mahomed arriesgó todo lo que tenía en su nueva vida y agregó a su nombre el título de título Sake, adornó su currículo para incluir estudios médicos en India antes de unirse al ejército y añadió diez años a su edad para hacer más creíble su experiencia.

Desde ese momento Dean Mahomed anunció sus aceites indios y tratamientos a base de hierbas como una cura para varias dolencias. Venció el rechazo inicial y la desconfianza con tratamientos gratuitos para quienes no obtenían alivio de enfermedades como el asma, la parálisis y el reumatismo y comenzó a hacer un marketing que en la época ni se presuponía su existencia llenando su consulta de muletas y artilugios que decía que eran de las personas que curaba. Eso, unido a la publicación de las descripciones de sus tratamientos y de los testimonios de los pacientes que decían haberse curado gracias a él, propició el auge del negocio y que pasara a ser conocido como el Dr. Brighton.

Pero el negocio de la curación de Mahomed requería su propio establecimiento, por lo que en 1821, él y Jane abrieron lo que hoy llamaríamos un spa, Los Baños de Mahomed, situados cerca de la costa y en los que señoras y señores tenían sus instalaciones en pisos separados y en los que había sala de lectura, baños de mármol con agua fría y caliente y cuartos acondicionados para el tratamiento de vapor y lavado con champú.

La lujosa instalación atrajo a la clientela de la clase alta aristocrática británica. Incluso los reyes Jorge IV y Guillermo IV patrocinaron los baños de Mahomed y se beneficiaron de los tratamientos, hasta el punto de que lo designaron con el título de Cirujano de Champú del Rey.

En su época de mayor fama, Mahomed se convirtió en un asiduo de las fiestas de sociedad y de las carreras de caballos, pero también en un donante muy generoso para las organizaciones benéficas locales y en organizador de diversas actividades de caridad a lo largo del año.

En la década de los años 30, con Mohamed ya con 70 años cumplidos, la competencia feroz empezó a pasarle factura y poco a poco fue cayendo en el olvido. Abrió otro baño en Londres con su hijo pero el establecimiento acabó saliendo a subasta. Él ya no tenía dinero para comprarlo y el nuevo propietario contrató a los antiguos empleados de Mahomed y anunció tratamientos idénticos a los del indio. Mahomed y su mujer, Jane, continuaron tratando a los pacientes en su casa, pero ya nada volvió a ser tan brillante ni satisfactorio como antes.

Sake Dean Mahomed murió en 1851, superados los 91 años y solo dos meses después de que Jane falleciera. Fue enterrado en una humilde tumba en la iglesia de San Nicolás, en Brighton. Su olvidó duró décadas hasta que los críticos destaparon de nuevo sus escritos y devolvieron a la popularidad su azarosa vida de inventos y negocios, especialmente exitosos en lo que a la belleza se refiere.

El reconocimiento a su vida y a su contribución de intercambio cultural entre India y Gran Bretaña llegó el 29 de septiembre de 2005, cuando Westminster descubrió una placa que conmemora la apertura de su restaurante Hindoostane. La placa está en 102 George Street, cerca del lugar original del restaurante, en 34 George Street. El resto de la humanidad, sin saberlo, le rendimos homenaje a diario cuando nos automasajeamos la cabeza en la ducha haciendo ‘shampooing’, como él lo definió.

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