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Arte

Un príncipe saudí, propietario del ‘Salvator Mundi’ de Da Vinci, el cuadro más caro de la historia

'The New York Times' revela que Bader al Saud fue quien pagó 450 millones por la obra

El Louvre de Abu Dhabi anuncia que la expondrá próximamente

El cuadro "Salvator Mundi" en la casa de subastas Christie en octubre.
El cuadro "Salvator Mundi" en la casa de subastas Christie en octubre. AP

450 millones de dólares son muchos millones incluso para la última pintura en el mercado de Leonardo Da Vinci, el Salvator Mundi. La puja evidenció un decidido empeño por hacerse con el cuadro. Nada más cerrarse la subasta el pasado 15 de noviembre se desató la curiosidad. Pero la revelación del nombre del comprador por parte de The New York Times, este jueves, solo ha añadido más misterio al asunto. El príncipe saudí que consiguió la pieza, Bader Bin Abdullah Bin Mohamed Bin Farhan al Saud, no solo es un desconocido en el mundo del arte, sino que además no va a colgarla en su palacio.

“El Salvator Mundi de Da Vinci se viene al Louvre Abu Dhabi”, tuiteó el flamante museo a media tarde del miércoles en inglés, francés y árabe. ¿En qué quedamos? ¿El cuadro lo había comprado un príncipe saudí o un emiratí? Y ahí es donde la historia se convierte en política y el carácter religioso de la pintura adquiere un metasignificado que trasciende su valor artístico.

Porque más allá de la controversia sobre su autoría, la pintura resulta altamente arriesgada para un saudí, príncipe o no. En un país dominado por una austera y disputada interpretación del islam, conocida como wahabismo, la representación humana puede herir sensibilidades. Más aún tratándose de Cristo, a quien los musulmanes consideran un profeta.

De acuerdo con la investigación de The New York Times, los responsables de Christie’s, la empresa encargada de la venta del Da Vinci y que no comentan sobre sus clientes, tuvieron dificultades para establecer la identidad y la capacidad financiera del pujador. Incluso, una vez que el príncipe Bader hubo facilitado el requerido depósito de 100 millones de dólares para participar en la subasta, los abogados de la firma se plantearon dudas sobre el origen del dinero.

No era para menos. Apenas diez días antes, Mohamed Bin Salmán (MBS), hijo y heredero del rey saudí, había encerrado a once príncipes, entre dos centenares de altos cargos y empresarios, en una purga contra la corrupción, y las riquezas de los privilegiados miembros de la extensa familia real estaban bajo lupa. El potencial comprador dijo que sus fondos venían “del sector inmobiliario”. Los datos descubiertos por el diario neoyorquino sugieren que la respuesta fue un ejercicio de modestia.

Bader no es, como dijo, uno más entre los 5.000 príncipes de la Casa de Al Saud. Aunque los Al Farhan de los que desciende son una rama colateral de la familia gobernante, el desconocido príncipe coincidió en la Universidad King Saud de Riad con quien iba a terminar siendo el príncipe más poderoso del reino, MBS, con quien al parecer hizo una gran amistad. A ella se atribuye su nombramiento al frente del Grupo Saudi Research and Marketing, editor del diario Al Sharq al Awsat y propiedad de la familia Salmán, la primera vez que se encomienda a alguien ajeno a la familia.

No es el único vínculo. El pasado julio, el rey Salmán nombró a Bader responsable de una nueva comisión, presidida por el omnipresente MBS, para desarrollar el potencial arqueológico de Al Ula, donde se encuentra la ciudad nabatea de Madain Salih y que es uno de los ejes del desarrollo turístico que quiere potenciar el heredero dentro de su Vision 2030. Bader también es miembro del consejo de administración de Energy Holdings International, una empresa de energía. La biografía que aparece en su web, le describe además de cofundador de un consorcio para construir una red de fibra óptica y de una compañía de reciclaje y tratamiento de residuos. Menciona también su participación en proyectos inmobiliarios “en Arabia Saudí, Dubái y Oriente Próximo durante los últimos cinco años”.

Esa relación privilegiada es lo que ha llevado a algunos observadores a preguntarse si el príncipe Bader no habrá comprado el Salvator Mundi por encargo de MBS. Eso explicaría que el intermediario no haya tenido miedo de llamar la atención en un momento de purga, que no tema ser tachado de iconoclasta (MBS está limitando el poder del estamento religioso) y que el cuadro pueda acabar en Abu Dhabi, cuyo príncipe heredero y gobernante de facto, el jeque Mohamed Bin Zayed (MBZ) es el principal aliado de MBS en la región.

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