Copos de trigo enriquecidos con vitaminas: ¿es necesario o un simple reclamo publicitario?

El aporte nutricional de este alimento depende de su composición

Los primeros cereales para desayuno se elaboraron con maíz. Pero tras su éxito, se han ido incorporando otros cereales, tanto en solitario como en mezclas de harinas para elaborar copos. Es el caso del trigo, tanto en su versión refinada como integral.

No existe una fórmula única y cada fabricante adapta el producto final a sus destinatarios potenciales. Desde las versiones más saludables exclusivamente a base de copos de trigo integral a opciones azucaradas, con sal y enriquecidas con minerales y vitaminas dirigidas, sobre todo, al consumidor infantil. Todos estos elementos extras modifican el sabor, la textura y, sobre todo, la calidad nutricional del producto. También hay opciones que incluyen trigo y salvado. Sea cual sea tu elección, ten en cuenta que el trigo lleva gluten. Considéralo si tienes alergia a esa proteína o algún otro tipo de intolerancia.

Se pueden hacer caseros con un molinillo específico o comprarlos ya elaborados. La ventaja del casero es que tú eliges qué cereales incluyes y en qué proporción. De hecho, los molinillos caseros de cereales son el último hit entre los que abogan volver a los orígenes y evitar las harinas industriales. En su posición máxima te muelen los cereales hasta reducirlos a harina. Un poco menos apretados y tienes copos recién hechos. El único problema es que necesitas comprar o tener a mano las semillas tal cual salen de su espiga. Si no es tu caso, también puedes comprarlos todo el año ya listos para servir.

Cierra bien la bolsa

Al igual que sucede con la harina, los copos no toleran bien el frío ni la humedad. Guárdalos en un lugar fresco – lo ideal es que no pase de los 18-20 grados – y seco. Una vez abierta la bolsa, asegúrate de cerrarla bien. O, mejor aún, mete los copos en un recipiente hermético.

Ese extra de vitaminas no le hace falta

El aporte nutricional de este alimento ya hemos visto que depende mucho de su composición. Si solo lleva copos de trigo, su valor nutricional será similar al grano de trigo. Es decir, su aporte energético sería de unas 314 kilocalorías, con 61 gramos de carbohidratos, 10 gramos de fibra alimentaria y otros 12 de proteínas (para granos de trigo).

Si solo lleva copos de trigo, aporta 314 kcal; en el caso de los azucarados, su valor calórico asciende a las 385 kcal.

Los azucarados suben la cuenta de las calorías a las 385, con 84 gramos de carbohidratos, 7 de proteínas y solo 3,5 gramos de fibra. Obviamente, de esos carbohidratos un buen porcentaje serán azúcares libres que deben evitarse. Recuerda que acceden rápido a la sangre y producen un pico de insulina que, de tomarse de forma habitual, se asocia a un mayor riesgo de enfermedades crónicas.

Si además contienen chocolate, frutos secos o miel, la composición será aún más abierta. Por supuesto, todos los añadidos en forma de minerales o vitaminas suman, aunque tendrás que sopesarlos con el plus de azúcar en caso de haberlo. No todo lo vitaminado o mineralizado es igual de saludable, aunque sí supone un buen reclamo publicitario. Ten en cuenta que los cereales ya aportan de por sí vitaminas y minerales.

La mentira que esconde el trigo sarraceno

Una variedad muy utilizada para elaborar copos es el trigo sarraceno (Fagopyrum esculentum), también denominado trigo negro o alforfón. Es muy apreciado porque no tiene gluten. Y es normal: no es trigo, a pesar de su nombre. Ni siquiera es un cereal, ya que no pertenece a la familia de las gramíneas. Se trata de un pseudocereal, un tipo de grano duro de forma trigonal perteneciente a la familia Polygonaceae o centinodias. En su familia no están ni el arroz ni el maíz y sí la acedera, el ruibarbo y la bistorta.

¿Y a son de qué tanta fama? Porque su valor nutricional es similar al trigo, con la diferencia de que sus proteínas (11,5 gramos) no contienen gluten.

En desayunos y ensaladas

Los azucarados suelen limitarse al desayuno. Los naturales, en cambio, pueden usarse con leche o en el famoso porridge (una especie de gachas de cereales y yogur o leche) o incorporarlos a otros platos como macedonias o ensaladas.

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