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Barcelona declara la emergencia climática entre el escepticismo de los movimientos por el clima

El plan de actuaciones incluirá medidas para reducir el tráfico y aumentar la generación de energía solar

Contaminacion en Barcelona
Contaminación en Barcelona el pasado julio.

Barcelona tiene previsto declarar este miércoles la emergencia climática. Una declaración que con distintas fórmulas han hecho o han apoyado otras instituciones (el Congreso, parlamentos como la Eurocámara y otros muchos ayuntamientos, entre ellos el de Madrid), pero que en este caso llega acompañada de un plan de medidas concretas para reducir la contaminación y las emisiones de efecto invernadero que se ha trabajado junto a 200 entidades cívicas y ecologistas durante los últimos seis meses.

Precisamente qué objetivo de reducción de gases de efecto invernadero se fijará es una de las incógnitas de la declaración que ultima el gobierno de la alcaldesa Ada Colau. Y es también la principal exigencia de los movimientos por el clima: en genérico, solicitan una reducción anual del 7,5% "como reclama la comunidad científica en el último informe de la ONU", han señalado en un comunicado; y en concreto, que cada de medida prevista se cuantifique la reducción de emisiones, un calendario y presupuesto para materializarla.

Barcelona ya aprobó en 2018 un Plan Clima, que prevé una reducción de gases de efecto invernadero del 45% para 2030 respecto a las cifras registradas en 2005. Y en cierto modo la declaración será un programa de acción sobre ese documento, que ha recibido varios premios internacionales. La emergencia climática incluirá un amplio paquete de medidas: contemplará una drástica reducción de la movilidad en coche privado, incidirá sobre la generación de energía solar en edificios privados (sobre todo de uso industrial) y fomentar la rehabilitación energética de edificios de vivienda. 

Pero también contempla medidas más quirúrgicas: pacificaciones de entornos escolares o calles de la ciudad, reducción del plástico de un solo uso, recogida de basura puerta a puerta en algunos barrios, crear la figura de un responsable de medioambiente en cada distrito, reducir la contaminación acústica, el consumo de carne en las escuelas, fomentar la alimentación de proximidad o crear refugios climáticos pensando en olas de calor.

Todo ello se suma a la puesta en marcha de la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) que veta la circulación de coches contaminantes por Barcelona, L'Hospitalet de Llobregat, Sant Adrià de Besòs y otros dos municipios.

La declaración, además, incluirá reclamaciones a infraestructuras que son contaminantes pero sobre las que el Ayuntamiento de Barcelona no tiene competencias, como son el puerto y el aeropuerto. El gobierno de la alcaldesa Ada Colau reclamó este martes a la Generalitat que comience a cobrar el impuesto a los grandes barcos que contempla la Ley del Cambio Climático. Y al aeropuerto le exige que revise su plan de crecimiento, porque el informe ambiental que lo acompaña es de 1999.

El Puerto acusa a Colau de "manipular" con los datos de emisiones

El Puerto de Barcelona ha acusado este miércoles al gobierno de la alcaldesa Ada Colau de "manipular" los datos sobre las emisiones de CO2 que genera el puerto que presentó ayer el Ayuntamiento. Unos datos que incluían las emisiones de los barcos durante sus rutas internacionales, y no solo cuando llegan al puerto, durante su estancia y cuando se marchan. El consistorio hizo público ayer un estudio de la agencia Barcelona Regional que cuantificaba en 5,3 millones las toneladas anuales de CO2 que contamina. Y la autoridad portuaria responde que la actividad del puerto es responsable de la emisión de 315.000 toneladas anuales de CO2, entre emisiones directas e indirectas.

El puerto desglosa la cifra: 215.000 toneladas provienen de la actividad del propio recinto (incluyendo las maniobras y estancias de los barcos); 80.000 toneladas corresponden al consumo eléctrico de las instalaciones del recinto; y 20.000 a las emisiones de los vehículos que circulan por el recinto, la maquinaria de las terminales y las industrias. "Por lo tanto, el Puerto de Barcelona emite diez veces menos de CO2 que la ciudad de Barcelona que, según datos del Ayuntamiento, emite cada año 3,4 millones de toneladas".

En un comunicado, el Puerto alerta de que las cifras del Ayuntamiento "suman todos los viajes que hacen en sus rutas marítimas internacionales los barcos de contendores, ferries y cruceros que han operado, en un año, alguna vez en el puerto". La autoridad portuaria señala: "Atribuye al puerto las emisiones de CO2 que un portacontenedores emite, por poner un ejemplo, cuando cruza el Canal de Suez". Y defiende que su cálculo se ciñe a las emisiones que genera la instalación o los barcos mientras están en Barcelona. "Ningún método de cálculo riguroso puede atribuir a un solo puerto las emisiones de toda la ruta que hacen los barcos cuando escalan en él".

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