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Tribuna

Avisos de Trump a China

Washington ha abierto tres frentes contra Pekín: disputar sus recursos energéticos y minerales, erosionar sus posiciones estratégicas y debilitar su red de aliados

El presidente de EE UU, Donald Trump, y el de China, Xi Jinping, durante una cumbre en Corea del Sur en octubre de 2025. Evelyn Hockstein (REUTERS)

América, para los americanos (1): Panamá. En las últimas décadas, China ha ido afianzando su presencia en América Latina, desarrollando infraestructuras y mercados a través de la Franja y la Ruta. Al poco de tomar posesión, Trump lanzó el primer intento de arrebatar a las empresas chinas el control del canal de Panamá, arteria que conecta los océanos Atlántico y Pacífico. La presión dio sus frutos: a finales de enero la Corte Suprema panameña declaró inconstitucional el contrato de concesión otorgado en 1997 a una filial de la multinacional CK Hutchinson (con sede en Hong Kong) para operar los puertos de Balboa y Cristóbal. La ofensiva se inscribe en una lógica más amplia. Trump ha desempolvado y actualizado la doctrina Monroe: la Estrategia Nacional de Seguridad establece que Estados Unidos no tolerará potencias extranjeras en el hemisferio occidental —salvo países aliados—, y menos en su propio patio trasero. No será fácil. El Centro Brookings advierte de que la influencia económica de China sobre Sudamérica ha superado a la norteamericana; el último documento del Partido Comunista Chino sobre la región —publicado en 2025— pide además a los países latinoamericanos que apoyen la “reunificación nacional” —eufemismo para Taiwán— y se sumen al nuevo orden internacional de un “futuro compartido para la humanidad”. De modo paradójico, advierte el think tank, en la medida en que Washington se centre en el hemisferio occidental se arriesga a desviar los recursos que necesita en el escenario que realmente importa: el Indo-Pacífico.

América, para los americanos (2): Argentina. En febrero de 2025 ambos países firmaron un acuerdo por valor de 130.000 millones de dólares que garantiza a Estados Unidos acceso prioritario al litio y otros recursos minerales argentinos. El desafío a Pekín es directo: China controla más del 60% de la capacidad global de procesamiento de litio y es el inversor central en el “triángulo del litio” —Argentina, Chile y Bolivia—. El rescate financiero de Javier Milei, que Trump orquestó meses antes de las elecciones, formaba parte de la misma operación.

América, para los americanos (3): Venezuela. La caída de Nicolás Maduro abre el camino a la explotación estadounidense las vastas reservas petroleras venezolanas, en perjuicio de Pekín, que recibía tres cuartas partes de las exportaciones. Más allá de esa dependencia, Venezuela y China habían elevado sus relaciones a lo que Chatham House denomina una “Asociación Estratégica para Todas las Temporadas”, con un alto grado de afinidad diplomática.

América, para los americanos (4): Cuba y Perú. La sombra del intervencionismo planea sobre la isla caribeña y el megapuerto de Chancay, próximo a Lima, que conecta la costa del Pacífico de América Latina con Shanghái, controlado por la entidad estatal china COSCO: ambos objeto de atención y admonición de Trump.

El régimen de Irán será favorable a los intereses de Estados Unidos, o no será. Con Irán, como en su momento con Venezuela, Pekín formó una Asociación Estratégica Integral. En 2021 la sellaron con un compromiso a 25 años: hasta 400.000 millones en inversiones en energía e infraestructuras a cambio de petróleo a precio reducido. Irán exporta ya más del 80% de su crudo a China.

Putin, mi amigo. De haber prosperado, el cortejo de Trump al mandatario ruso para poner fin a la guerra de Ucrania habría facilitado abrir una brecha en el eje Moscú-Pekín, fraguado sobre una peligrosa “amistad sin límites”. La intención sería invertir el orden Kissinger: si en 1972 Washington acercó China a Estados Unidos para debilitar a la URSS, hoy el movimiento buscaría tender puentes a Moscú para aislar a Pekín.

También podemos rondar tu patio trasero: Pakistán. A lo largo de 2025, Washington dio un inesperado giro diplomático hacia Islamabad. Comenzó con la invitación al jefe del ejército paquistaní, Asim Munir, a almorzar en la Casa Blanca, y se materializó en sucesivas visitas de alto nivel, incluida la del primer ministro Shehbaz Sharif —quien ha definido la relación con China como “más elevada que el Himalaya, más profunda que los océanos”—. El resultado ha sido la firma de tratados para la extracción de minerales críticos, abundantes en Baluchistán, que permiten a Washington reforzar cadenas de suministro y erosionar el monopolio chino.

En suma, Washington aplicaría un cálculo de tres frentes: disputar a China sus recursos energéticos y minerales, erosionar sus posiciones estratégicas y debilitar su red de aliados.

El encaje de Pekín. Salvo en el caso de Panamá —a la que Xi Jinping advirtió de un elevado coste si no rectificaba—, las maniobras estadounidenses no han provocado respuesta significativa de Pekín. Mientras, la fábrica del mundo crece sin descanso. En 2025 el superávit comercial chino creció un 20% hasta los 1,2 billones de dólares, récord histórico. Las proyecciones de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial refuerzan esta tendencia: para 2030, China representará el 45% del valor añadido de la manufactura mundial, frente al 11% de Estados Unidos y el 3% de Alemania. La trayectoria habla por sí sola: en 2000, China apenas alcanzaba el 6%, mientras Estados Unidos rozaba el 25%, y Alemania el 8%.

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