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Libia, la frontera de Europa al otro lado del mar

Acnur afirma que es “moralmente inaceptable” reducir las llegadas de migrantes sin potenciar las vías legales de entrada, aumentar la ayuda al desarrollo y promover la paz

Migrantes rescatados en el Mediterráneo por el buque de las ONG SOS Méditerranée y Médicos sin Fronteras el 16 de agosto.
Migrantes rescatados en el Mediterráneo por el buque de las ONG SOS Méditerranée y Médicos sin Fronteras el 16 de agosto. AFP

Frenar la llegada de migrantes se ha convertido en una prioridad para Italia y en uno de los rompecabezas más dolorosos de Europa. Pero, ¿a qué precio? Las políticas puestas en marcha por Roma y Bruselas, que pasan por regular las operaciones de rescate de las ONG en el Mediterráneo y brindar recursos al débil Gobierno de Trípoli y formación a su guardia costera, han acabado en el punto de mira de dos expertos independientes de Naciones Unidas. El chileno Felipe González Morales y el suizo Nils Melzer, relatores para los derechos humanos de los migrantes y tortura, han denunciado que la UE está actuando "en contravención con la obligación de rescatar a las personas en peligro", lo que se traducirá "en más muertes de migrantes en el mar", que este año ya han superado las 2.200 en el Mediterráneo central, según la Organización Internacional de las Migraciones. 

"El nuevo plan de acción de la UE [...] condena a las personas a enfrentarse a nuevas violaciones de los derechos humanos en Libia", reza un duro comunicado publicado la semana pasada y firmado por los dos expertos. González explica que vulnera en primer lugar el principio de no devolución, según el cual no se puede retornar a una persona a un país que no sea seguro. "En Libia se corren serios riesgos de tortura y maltrato, detención en condiciones inhumanas y abusos sexuales para las mujeres", mantiene en conversación telefónica. "Los Estados tienen derecho a controlar la inmigración y dependiendo de las circunstancias pueden cambiar sus políticas, pero no lo pueden hacer con cualquier medio; ellos mismos se han impuesto ciertos estándares que están incumpliendo", lamenta.

Bruselas matiza que salvar vidas en el Mediterráneo es una de sus "prioridades" y que "la UE provee fondos y trabaja en cooperación con varias agencias de la ONU". "Las conclusiones de los expertos no expresan necesariamente el punto de vista del organismo", matiza un portavoz de la Comisión Europea, y añade que Bruselas trabaja para "aumentar las vías legales hacia Europa para aquellos que necesiten protección internacional". Pero los resultados no se han visto todavía, como ha recordado Filippo Grandi, Alto Comisionado de ACNUR (Agencia de la ONU para los refugiados). “Reducir el número de refugiados y migrantes que llegan a Europa sin intensificar el establecimiento de la paz, el desarrollo, caminos seguros es moralmente inaceptable”, ha comentado en su cuenta de Twitter.

Las críticas vienen de varios frentes. Italia ha aprobado, entre polémicas y con el beneplácito de la UE, un código de conducta que regula las operaciones de rescate de las ONG en el Mediterráneo. Las organizaciones humanitarias denuncian que estas normas buscan reducir el número de salvamientos y alejar sus embarcaciones de las aguas libias.

Este mes, el desafío se ha redoblado. El Gobierno de unidad libio ha anunciado que ningún buque extranjero puede entrar en su zona de búsqueda y rescate, y los incidentes no han tardado en llegar. La ONG española Proactiva Open Arms recibió disparos de advertencia de la Marina libia y una semana después fue obligada a dirigirse hacia Trípoli bajo la amenaza de abrir fuego. 

Mientras, las llegadas a España por mar han repuntado en más de un 100% hasta mediados de julio

"Lo que se está haciendo con las ONG es parte del problema", analiza González. "Hay que crear vías seguras para los migrantes", continúa, "como la concesión de visados, la creación de mecanismos adecuados para quienes piden asilo o la regularización de la migración indocumentada".

Mattia Toaldo, investigador del European Council on Foreign Affairs, explica que las políticas de Bruselas podrían convertir a Libia en un lugar donde miles de personas se queden "atrapadas". "Lo mismo que ha ocurrido en Grecia con el cierre de esa ruta [de los Balcanes]", ejemplifica, "pero es sabido que Libia no es un país seguro para los migrantes".

En lo que va de año, las llegadas a Italia se han reducido en un 6%, tras una abrupta caída a partir del mes de julio. El vicepresidente de la Cámara de los diputados italiana, Luigi di Maio (Movimiento 5 Estrellas), atribuyó este descenso a la presión que su partido ha hecho contra "los taxistas del mar", como él mismo definió a las ONG que operan en el Mediterráneo. "Hay que tener cuidado: no se sabe si este descenso seguirá en el largo periodo”, alerta Toaldo. “¿Qué harán los traficantes en lugar que mandar pateras llenas de migrantes? ¿Serán suficientes las ayudas europeas?”, se pregunta. Un reciente artículo publicado por Reuters denuncia que grupos armados están frenando las salidas de barcos de migrantes en la ciudad de Sabratha, al oeste de Libia.

Mientras, las llegadas a España por mar han repuntado en más de un 100% hasta mediados de julio, y en el sur de Italia han empezado a aparecer pequeñas embarcaciones abandonadas en lugares poco concurridos. "Hay que reubicar a los migrantes y refugiados que llegan a Italia y Grecia en el resto de países europeos", insiste González, "porque los flujos migratorios no se pueden parar".

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