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Ciudad Real, ocho buenas razones para descubrir una provincia de berenjenas, vino y castillos

Fortalezas medievales edificadas por la Orden de Calatrava, bodegas, grandes humedales, parques mineros, un archivo marinero tierra adentro y rutas literarias que recuerdan a Cervantes y Quevedo aguardan en esta región de Castilla-La Mancha

Ciudad Real
Soportales y ventanales de la plaza Mayor de Almagro, en la provincia de Ciudad Real (Castilla-La Mancha).JOSE A. MORENO (Universal Images Group/Getty Images)

Ciudad Real es una provincia discreta que puede presumir de tener uno de los teatros más antiguos de España, un inédito patrimonio industrial, yacimientos arqueológicos, castillos templarios y espacios naturales como el parque nacional de Las Tablas de Daimiel. Además, es tierra de grandes vinos, de volcanes extintos, de pueblos blancos, de aves migratorias, de llanuras cervantinas, de molinos de viento, de caballeros andantes y detectives de pueblo.

Estas son ocho buenas razones para visitarla.

Información en la guía En ruta por Castilla-La Mancha y en lonelyplanet.es. 

Almagro: teatro, berenjenas y bolillos

Es la tercera ciudad más visitada de Castilla-La Mancha, y por muchas razones. La principal es el flechazo que existe entre el teatro clásico y esta localidad. Cada año, el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro (este año, del 29 de junio al 23 de julio) reúne a profesionales y amantes de las artes escénicas en diferentes espacios del municipio. Uno de ellos es su Corral de Comedias del siglo XVII, el único que queda completo e intacto de los que proliferaron en el Siglo de Oro, de singular arquitectura dominada por el color almagre de sus galerías. El plus a la visita teatral a Almagro lo pone el Museo Nacional del Teatro instalado en los Palacios Maestrales, edificados por la Orden de Calatrava en el siglo XIII sobre un pequeño castillo árabe.

Terrazas y soportales de la plaza Mayor de Almagro.
Terrazas y soportales de la plaza Mayor de Almagro. JOSE A. MORENO (Universal Images Group/Getty Images)

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El Corral de Comedias ya merecería por sí mismo el viaje a Almagro. En su día acogió obras de los autores más populares de la época, como Lope de Vega, Calderón y Tirso de Molina, hasta que el rey Felipe V prohibió las representaciones en esos recintos por falta de higiene. El de Almagro se reconvirtió en el mesón de la Fruta, y desde mediados del siglo XIX, en la posada de las Comedias. En 1950, el dueño de la posada encontró una baraja española de principios del siglo XVIII pintada a mano lo que unido a otros hallazgos afianzó las sospechas que se trataba realmente del antiguo Corral de Comedias. Tras iniciar las obras, apareció el escenario prácticamente intacto.

De la importancia que tuvo Almagro en su época nos hablan otros de sus edificios, palacios e iglesias. La mansión de los Fúcares ocupa los antiguos almacenes y las oficinas de los Fugger o Fúcares, opulentos banqueros del emperador Carlos V, aquí instalados. Y la parte religiosa la ponen iglesias como las de San Agustín o la de la Madre de Dios, y conventos como el de la Encarnación. También resulta una delicia perderse por las calles del llamado barrio noble e ir descubriendo las huellas que el pasado ha ido dejando en la que fue la capital de la provincia de La Mancha a mediados del siglo XVIII, gracias al conde de Valdeparaíso, ministro de Hacienda de la época.

Y no solo de teatro y palacios vive Almagro. Son famosas sus berenjenas encurtidas, con Indicación Geográfica Protegida, que entraron en las cocinas castellanas por influencia de los almohades, que iniciaron su elaboración y aliño en la zona del Campo de Calatrava para conservarlas durante todo el año. Hoy ese proceso de elaboración se conserva intacto, y gracias a él la berenjena de Almagro se ha convertido en uno de los productos estrella de Castilla-La Mancha.

Y luego están los encajes de bolillos, otra tradición artesana típicamente almagreña que introdujeron hace cinco siglos los Fúcares, banqueros alemanes procedentes de Augsburgo, quienes se encargaron de la explotación de las minas de Almadén y dirigían sus operaciones desde la ciudad de Almagro. Todavía hoy se puede ver trabajar a las encajeras, sentadas a las puertas de sus casas, y escuchar el característico sonido de los bolillos al entrechocar. En honor a estas laboriosas mujeres el pueblo tiene una estatua, un museo del Encaje y celebra multitud de eventos en torno a esta peculiar artesanía.

Los caballeros de Calatrava

La Orden de Calatrava es el hilo conductor para moverse por unos pueblos y ciudades en los que las huellas de aquellos monjes guerreros medievales siguen presentes: en los castillos que habitaron sus caballeros, en sus iglesias y conventos y hasta en el paisaje y las tradiciones. Todos los pueblos llevan el mismo apellido (de Calatrava), y así no es difícil identificarlos.

Si comenzamos por el norte, cerca de Daimiel o de Ciudad Real capital, encontramos por ejemplo el castillo de Calatrava la Vieja, considerada una de las ciudades islámicas más antiguas de la península Ibérica, ya que fue capital de una amplia región musulmana en el siglo XI, cuando vivió su momento de máximo esplendor. Hoy se puede visitar el yacimiento de aquella antigua ciudad que tenía unas magníficas defensas, aprovechando el cauce del río, que lo convertía en una isla entre las aguas. Está dividido en dos zonas, separadas por una muralla, y aún conserva restos de las mezquitas, los baños y los comercios de la medina. Esto fue hasta el siglo XII, cuando la ciudad pasó a manos cristianas y allí se fundó la Orden de Calatrava, integrada por monjes guerreros.

No muy lejos de Almagro encontramos Moral de Calatrava, con una plaza Mayor presidida por la antigua casa de la Encomienda de la Orden de Calatrava (hoy Ayuntamiento) y, sobre todo, una extraordinaria iglesia edificada sobre una antigua torre vigía musulmana.

De Calatrava es también Valenzuela, a unos kilómetros de Almagro, también en torno a un castillo árabe que pasó a manos de los caballeros. Hoy es famosa por sus aguas gasificadas que manan tanto en las fuentes públicas como en las viviendas. Cerca de allí, en el término municipal de Granátula de Calatrava, está el volcán Cerro Gordo, uno de los 300 que existen en la región y el primero que fue visitable. No hay que olvidar que la comarca del Campo de Calatrava es una de las tres zonas de vulcanismo reciente más importantes de la Península.

Y hay muchos más pueblos en los territorios de la Orden de Calatrava, como Ballesteros, con sus calles tranquilas, sus fachadas blancas y sus tradicionales rejas. Hay quien va solo por ver (o disfrutar) el Palacio de la Serna, una granja de estilo neoclásico hoy convertida en hotel-museo que alberga una exposición permanente del artista Eugenio Bermejo. O Calzada de Calatrava, presidida por un castillo y con otro enfrente, el de Salvatierra, que fue primero romano y luego musulmán, aunque hoy solo quedan restos. De su antigua importancia quedan lugares con historia como la Hospedería de los Caballeros levantada en el siglo XVII por la Orden de Calatrava; la casa Tercia o la casa de Claveros.

Uno de los pocos pueblos de la zona que no lleva el apellido de los caballeros es Aldea del Rey, en el valle del río Jabalón, entre pinares y arroyos. Merece la pena pasar por aquí aunque solo sea por ver el palacio de la Clavería, un edificio renacentista que ordenó construir Felipe II y sirvió de residencia temporal para algunos miembros de la realeza. Y en sus alrededores, concretamente en el cerro del Alacranejo, se alza una de las fortalezas medievales más importantes de la península Ibérica: el castillo del Sacro Convento de Calatrava la Nueva.

Rosetón del castillo del Sacro Convento de Calatrava la Nueva, cerca de Aldea del Rey.
Rosetón del castillo del Sacro Convento de Calatrava la Nueva, cerca de Aldea del Rey. Alamy Stock Photo

Viso del Marqués y Santa Cruz de Mudela

Resulta muy curioso que el gran archivo de la Armada española esté tan lejos del mar, en un lugar tan de secano y de tierra adentro como es Viso del Marqués, en las faldas de Sierra Morena. Todo tiene su explicación: este pueblo fue importante tanto en la literatura como en la historia y aparece en libros y crónicas, incluso en un capítulo del Quijote. Pero sobre todo, aquí nació el señorío de los Bazán, una familia importante y rica. Su castillo, construido por deseo de Álvaro de Bazán, primer marqués de Santa Cruz y almirante de la Armada Invencible, fue su residencia porque era un punto estratégico equidistante de la corte madrileña y de las bases navales de sus escuadras en Cádiz, Cartagena y Lisboa. Él pasaba largas estancias en Italia e influenciado por los gustos de la época contrató a un selecto grupo de artistas italianos para decorar su residencia.

Hoy su palacio alberga el Archivo-Museo de la Marina Álvaro Bazán, una maravilla para cualquier investigador, con más de 80.000 legajos sobre la historia de la Marina desde 1784 hasta la Guerra Civil. Y ya que estamos allí, pues nos podemos asomar también a la iglesia gótico-renacentista del pueblo, que guarda incluso un cocodrilo del Nilo que trajo el marqués de una de sus expediciones.

Interior del palacio de don Álvaro de Bazán, primer marqués de Santa Cruz (hoy sede del archivo de la Marina), en Viso del Marqués.
Interior del palacio de don Álvaro de Bazán, primer marqués de Santa Cruz (hoy sede del archivo de la Marina), en Viso del Marqués. Alamy Stock Photo

No muy lejos de allí está Santa Cruz de Mudela, en plena Autovía A4, que es la entrada a Andalucía desde el centro de España. Es famosa por su plaza de toros cuadrada, de 1645. Es curiosa, además, porque comparte espacio con la ermita de las Virtudes (con un extraordinario artesonado mudéjar y buenas pinturas barrocas), de forma que es la única ermita-plaza de toros. Y ya que estamos allí, podremos estirar las piernas paseando entre casas de fachadas blancas mezcladas con impresionantes monumentos arquitectónicos como la iglesia de la Asunción, con su espectacular torre de 46 metros de altura, o la casa-palacio de Carlos Ortega.

Humedales de interior

Sorprenden los espectáculos que el agua deja en los paisajes de Ciudad Real. El Guadiana tiene gran parte de la culpa de estos humedales extraordinarios como son el parque natural de las Lagunas de Ruidera y el parque nacional de Las Tablas de Daimiel. Los dos merecen la visita, y más en tiempos en los que el agua es un bien precioso y los humedales, paisajes en peligro de extinción.

Las lagunas están entre Tomelloso y Ossa de Montiel, aunque lleven el nombre de Ruidera, que es también un pueblo, puerta de entrada al parque, con algunos rincones interesantes como la llamada Casa del Rey, construida en el siglo XVIII como casa de recreo para el infante don Gabriel, hijo predilecto de Carlos III.

Una de las cascadas del parque natural de las Lagunas de Ruidera, en el valle del Guadiana.
Una de las cascadas del parque natural de las Lagunas de Ruidera, en el valle del Guadiana. TOM NEUMANN (Getty Images/500px)

Cerca del cementerio del pueblo se encuentra la cascada del Hundimiento, un gran salto de agua al que se adjudica la prerrogativa de haber dado nombre a la localidad por el ruido que hacía el agua al caer. Una parada estupenda es la del mirador de la Laguna del Rey, en la propia carretera que atraviesa el pueblo, que brinda unas vistas fantásticas de parte del valle del Alto Guadiana.

Con un entorno natural idílico y sus nueve lagunas, Ossa de Montiel es el lugar perfecto para los senderistas. Pero Ossa tiene también evocaciones cervantinas. Aquí se encuentra la famosa cueva de Montesinos, que cita Cervantes en la segunda parte del Quijote. El pueblo, de casas encaladas y estrechas callejas, merece un paseo tranquilo para captar su esencia manchega.

Al otro extremo de la provincia está el otro gran humedal, un espacio natural privilegiado y frágil cuya continuidad se ve en muchos momentos amenazada: el parque nacional de Las Tablas de Daimiel. Este es un lugar único, el mayor representante que existe en España de las llanuras de inundación asociadas a los tramos medios de los ríos, y estas concretamente se han formado en la confluencia del Guadiana y el Gigüela. Aproximadamente a dos kilómetros del pueblo Daimiel, entre la ciudad y el río Guadiana, siguiendo el camino de El Nuevo, aparece la laguna de Navaseca, una de las que integran la reserva de la biosfera de La Mancha Húmeda.

Una pista en la zona: a unos 10 kilómetros de Daimiel se encuentra la fortaleza del agua Motilla del Azuer, un gigantesco pozo de la Edad del Bronce (2200-1300 antes de Cristo).

Tierra de vinos, artistas y huellas cervantinas

De uno a otro humedal, de Daimiel a Ruidera, en transversal, podríamos seguir un camino marcado por los viñedos y también por otras referencias artísticas, a veces olvidadas, como Manzanares, Valdepeñas o Tomelloso.

Manzanares, una de las grandes poblaciones de la provincia, no está muy lejos de Daimiel. Siempre fue importante, desde que en el siglo XIII la Orden de Calatrava construyó aquí un castillo para afianzar su dominio de la zona. Hoy alberga el hotel y restaurante Castillo Pilas Bonas. También mantiene su gran teatro, donde se proyectaron las primeras películas de cine mudo en España, o la famosa plaza de toros donde perdió la vida Ignacio Sánchez Mejías, el matador a quien Federico García Lorca dedicó su famosa elegía. El torero fue también jinete, dramaturgo, novelista y piloto de coches y aviones, y Tomelloso le ha dedicado todo un museo que comparte con el del Queso Manchego.

Valdepeñas es nombre de vino, pero en este pueblo hay espacio para mucho más que viñedos y bodegas. Su plaza de España, presidida por una fuente central en forma de prensa de vino, está rodeada por soportales de fachadas pintadas en blanco y añil. Allí están el Ayuntamiento, el mercado y la iglesia de la Asunción, sobre una antigua fortificación musulmana. Por todo el pueblo hay casas interesantes, construidas en la época dorada de Valdepeñas ―finales del siglo XVIII y principios del XIX―, y también algunas modernistas que merecen la pena. El vino vuelve a ser protagonista en el inevitable museo del Vino de Valdepeñas.

Dos ciclistas entre los viñedos de Valdepeñas, en la provincia de Ciudad Real.
Dos ciclistas entre los viñedos de Valdepeñas, en la provincia de Ciudad Real.Alamy Stock Photo

En Tomelloso las referencias son literarias y artísticas. Estamos en el pueblo de Antonio López, el pintor, que cuenta con su propio museo. Pero estamos también en el pueblo que dio a la literatura española uno de sus personajes más curiosos: Plinio, un policía municipal de Tomelloso, creado por el escritor Francisco García Pavón, que ejercía como detective rural en una de las sagas más originales de novela negra española, con más de una treintena de títulos. Más allá de los casos, siempre protagonizados por personajes del pueblo, estos thrillers recogían un lenguaje manchego hoy en desuso, costumbres y formas de vida rurales muy auténticas.

En Tomelloso hay una plaza de España, con su Ayuntamiento, su iglesia y la emblemática posada de los Portales, un alojamiento para viajeros y tratantes de ganado levantado en 1778. Otra muestra de su pasado son las chimeneas de las antiguas fábricas de alcohol de vino, que continúan decorando el paisaje urbano y que pueden verse por ejemplo en las calles Domecq y Julián Besteiro, en el parque urbano Martínez y en el barrio de la Chimenea.

Y por el camino quedan rincones como San Carlos del Valle, al que llaman el Vaticano manchego, por la gran iglesia barroca que preside su plaza Mayor, que forma parte del mismo conjunto, lo mismo que San Pedro del Vaticano.

Turismo industrial en el valle de Alcudia

Almadén y Puertollano son nombres que evocan grandes minas o una potente industria. En La Bienvenida, una pedanía de Almodóvar del Campo, está el yacimiento arqueológico de Sisapo, donde se han excavado los restos de una ciudad cuyos orígenes se remontan a finales del siglo VIII antes de Cristo (época tartésica). La Bienvenida es la mejor muestra de lo que el mineral aportó al valle de Alcudia. De ella ya hablaba Cicerón por sus ricas minas; fue la explotación de cinabrio (mineral de mercurio) más famosa de la Antigüedad, y también eran célebres las minas de plomo y plata de la comarca. Hoy se puede recorrer el yacimiento, ver los restos de una gran domus romana, de una muralla y otros restos antiguos.

Almodóvar del Campo es un pueblo con joyas como la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, edificada sobre una antigua mezquita y con un espectacular artesonado mudéjar. En la plaza del Carmen se levantan el neoclásico teatro municipal, la iglesia renacentista de Nuestra Señora del Carmen y la Biblioteca Cervantina, cuya colección de 500 ejemplares del Quijote incluye ediciones en chino o ruso y da fe de la presencia de Almodóvar del Campo en diversos pasajes de la novela universal de Cervantes.

En Puertollano, el monumento al Minero rinde tributo al pasado de la ciudad, desde lo alto del cerro de Santa Ana, para recordar la importancia que tuvo la mina en esta localidad. Igual que en el Museo de la Minería, donde se explica la importancia que tuvo el carbón en la comarca. Esta ciudad es también la cuna de una de las grandes fotógrafas españolas: Cristina García Rodero, a la que Puertollano rinde homenaje en un museo dedicado a su obra.

Más antigua es la tradición minera de Almadén (la mina, en árabe). Desde tiempos remotos se explotaron sus yacimientos de cinabrio, pero la actividad cesó por completo a principios del siglo XXI, y en 2012 la Unesco la declaró patrimonio mundial del Mercurio. Hoy cualquier visita tiene que incluir el Parque Minero de Almadén, donde conocer los diferentes sistemas de explotación utilizados en la mina durante los últimos 15 siglos y su museo del Mercurio.

Parque minero de Almadén, una de las minas más antiguas del mundo y la mayor productora de mercurio.
Parque minero de Almadén, una de las minas más antiguas del mundo y la mayor productora de mercurio. Alamy Stock Photo

La minería ha marcado la vida de Almadén durante siglos. Así que todos los edificios giraban en torno a ellas, como el Real Palacio de la Superintendencia, del siglo XVIII, donde estaban las oficinas de contabilidad y pago, o el Real Hospital de Mineros de San Rafael, que hoy, además de ser sede del Archivo Histórico de las Minas de Almadén, tiene tres salas dedicadas a explicar el proceso de la metalurgia del mercurio o la vida y costumbres de la población local y en la comarca.

Campo de Montiel: por tierras de Cervantes y de Quevedo

En tierras manchegas están algunos de los pueblos más quijotescos. Una ruta por la comarca del Campo de Montiel, en el límite con Albacete, es un viaje en el tiempo que incluye fortalezas, santuarios, casas nobles, lagunas y pueblos sorprendentemente majestuosos como Villanueva de los Infantes.

En Villanueva de los Infantes, capital del Campo de Montiel, murió Quevedo, en el convento de Santo Domingo, donde se conserva la celda en la que escribió sus últimos poemas. Quevedo está enterrado en la iglesia de San Andrés, pero no fue el único escritor que se sintió atraído por esta localidad. Algunos académicos afirman que este es el lugar de La Mancha del que Miguel de Cervantes no quiso acordarse. Palacios y casas blasonadas que aún conservan más de 250 escudos hacen de esta villa un referente del Barroco y el Renacimiento manchegos.

Estatuas de Don Quijote y Sancho e iglesia de San Andrés en la plaza Mayor de Villanueva de los Infantes, donde murió Francisco de Quevedo.
Estatuas de Don Quijote y Sancho e iglesia de San Andrés en la plaza Mayor de Villanueva de los Infantes, donde murió Francisco de Quevedo. Alamy Stock Photo

Muy cerca, Montiel mantiene la personalidad de los núcleos rurales manchegos, disperso a los pies del castillo de La Estrella, donde se enfrentaron los hermanastros Enrique de Trastámara y Pedro I el Cruel, ambos hijos de Alfonso XI, rey de Castilla, y fue asesinado el segundo. Todavía hoy se conmemora esta lucha cada mes de marzo en forma de Jornadas Medievales.

Las referencias cervantinas continúan en Torre de Juan Abad, lugar de destierro de Quevedo, pero también de inspiración, porque fue aquí donde escribió algunos de sus más famosos versos y sus últimas prosas. Hoy presume de su Casa-Museo de Francisco de Quevedo. De hecho, el autor fue nombrado señor de la Torre de Juan Abad y, a su muerte la localidad se convirtió en señorío de Quevedo.

A unos kilómetros, junto al río Guadalén, Villamanrique está ligado a otro poeta, en este caso Jorge Manrique. Fue su padre, el maestre de Santiago Rodrígo Manrique de Lara, al que dedicó sus famosas coplas, quien consiguió para la población el título de villa.

Y en la cercana Puebla del Príncipe la vista se nos va hacia lo alto, hacia el torreón fortaleza del siglo XIII, tal vez perteneciente a un castillo del que no quedan restos, pero que vigila todo el caserío. Igual que la cercana Terrinches, de calles empinadas y estrechas, que da la bienvenida desde su castillo de la Orden de Santiago.

Ciudad Real, la modesta capital

Ciudad Real es una de las capitales de provincia menos visitadas de España, convertida casi en ciudad dormitorio de Madrid gracias al AVE. Carece de grandes reclamos turísticos o artísticos, pero quienes se han instalado en sus modernas urbanizaciones están muy a gusto con esa combinación de buena conexión y tranquilidad de una ciudad discreta, en la que se vive bien y en la que se pueden encontrar algunos rincones interesantes. Algunos sorprenden, como el tramo que queda de la muralla, que llegó a tener 4,6 kilómetros de longitud, 130 torres y ocho puertas, entre ellas la de Toledo, la del antiguo convento de las Dominicas de Altagracia o la del Torreón del Alcázar, que dan idea de que en el pasado fue una ciudad poderosa.

Edificio del Ayuntamiento de Ciudad Real, capital de la provincia homónima.
Edificio del Ayuntamiento de Ciudad Real, capital de la provincia homónima. Alamy Stock Photo

También la catedral gótica, el Ayuntamiento, iglesias como la de San Pedro o los conventos de las Carmelitas Descalzas y de las Concepcionistas que permiten seguir su historia desde que Alfonso X la fundara en 1255. Completan la visita turística algunos palacios, el antiguo Gran Casino y el Museo del Quijote y Biblioteca Cervantina.

Y en el centro de todo, una plaza Mayor con siglos de historia, en la que siempre se celebraron las ferias de ganado. Hoy lo más llamativo es la Casa del Arco y su reloj de carrillón en el que las figuras autómatas de Miguel de Cervantes, Sancho Panza y Don Quijote.

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