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El impago de deuda de los países lleva a una mayor mortalidad infantil, según OSF

Un nuevo estudio de Open Societies Foundation muestra que entre más tiempo pase un país en incumplimiento de su deuda soberana, más sube la pobreza y bajan los niveles de vida de los ciudadanos

Un grupo de niños juega en una zona inundada en Cochabamba (Bolivia).
Un grupo de niños juega en una zona inundada en Cochabamba (Bolivia).picture alliance / Getty
Isabella Cota

El truismo dice que los países nunca pagan sus deudas, sino que las renuevan. Para los que no tienen esa posibilidad, existe el impago, cuyo impacto en la vida de los ciudadanos apenas empieza a comprenderse. Un nuevo estudio de la organización sin fines de lucro Open Societies Foundation (OSF), publicado el martes, asegura que el incumplimiento de la deuda soberana en países en desarrollo afecta a la mortalidad infantil, disminuye los niveles de vida, aumenta la pobreza y deteriora la salud de los ciudadanos.

Para que los Gobiernos puedan renovar su deuda y eviten pagos muy altos en una sola exhibición, es necesario que sus finanzas públicas sean sanas y manejables. Esto genera la confianza que los inversionistas necesitan para comprar nueva deuda que les permita a los Gobiernos pagar la que se venza. Esto ha sido mucho más fácil para economías ricas, por lo que la historia está llena de ejemplos de países en desarrollo que incumplen en sus obligaciones crediticias. Muchos de ellos están en América Latina.

A partir del alza de las tasas de interés en gran parte del mundo, como respuesta a un fenómeno inflacionario global, el número de países en incumplimiento está en su punto más alto desde principios de la década de 2000, según dice el análisis de la OSF, basado en datos recopilados por el Banco Mundial. Hoy en día hay un récord de países en riesgo de incumplimiento.

En este clima se llevará acabo este jueves y viernes un evento liderado por los Gobiernos de Francia y Alemania que busca llegar a un “nuevo pacto financiero” mundial que permita que el “sur global”, es decir, países pobres y en desarrollo, tengan alternativas más amigables de financiamiento para combatir el cambio climático. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y su contraparte colombiano, Gustavo Petro, están entre la lista de asistentes. El martes, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador anunció que firmará una carta dirigida a su homólogo estadounidense, Joe Biden, en la que pide ayuda para aminorar la crisis financiera que atraviesa Argentina.

Argentina ha incumplido en su pago de la deuda nueve veces desde 2001, mientras que Ecuador incumplió en 2020 durante la pandemia. En la región están también los casos de México en los ochenta y Uruguay en 2003, ambos incluidos en el estudio de OSF. El impacto de un incumplimiento de deuda soberana “se siente con mayor fuerza entre las poblaciones vulnerables, como los niños, los ancianos y los pobres”, escribieron los autores Clemens Graf van Luckner y Juan Farah-Yacoub, ambos economistas investigadores, “además, parecen aumentar con el tiempo si no se soluciona el incumplimiento”.

Cuando un país no paga lo que debe, pierde acceso a los mercados internacionales de capital, lo que impide que las empresas nacionales privadas accedan a recursos con una tasa de interés eficiente y hace que el comercio con contrapartes en el extranjero sea más costoso y difícil. “Cuanto más dure esto, mayores serán los costos, particularmente en comparación con un escenario alternativo en el que todos estos son accesibles. Los canales a través de los cuales los incumplimientos soberanos y las crisis financieras y económicas que los acompañan imponen daños a una población son múltiples”, dice el reporte.

Según el trabajo de los especialistas, cuando la crisis de deuda soberana de un país se resuelve en menos de tres años, la mortalidad infantil es 2,2% mayor diez años después del impago de lo que se hubiese esperado. Por otra parte, cuando el impago continúa durante más de tres años, la diferencia asciende a 11,4% más. En los países analizados en el informe, que incluyen no solo países en Latinoamérica sino también en África, la esperanza de vida diez años después del impago cae por más de un año, comparado con lo que hubiese sido si el impago no hubiese ocurrido.

“Adicionalmente, el déficit en la tasa de aumento del output real per cápita se dispara en 2 puntos porcentuales el primer año del default, en comparación con lo que hubiese ocurrido en caso de no haber habido default”, dice el comunicado emitido por OPS. “De ese punto en adelante, crece una media de 1,5 puntos porcentuales por año. En el lapso de una década, la brecha crece hasta cerca de 14,5 puntos porcentuales”. Es decir, con cada año que un país permanece en impago y excluido de los mercados internacionales, se profundiza la caída en la producción económica y, por lo tanto, la generación de ingresos.

Mientras un país está en mora, las mejoras en los niveles de vida siguen suprimidas y estos costos se acumulan con el tiempo, explican Graf van Luckner y Farah-Yacoub. Por ejemplo, el default de Uruguay en 2003 tardó solo un año en resolverse y el país experimentó un retorno del crecimiento de inmediato. En los años siguientes, la recuperación de Uruguay benefició especialmente a los más pobres del país. Por el contrario, la resolución del incumplimiento de pago de la vecina Argentina en 2001 tomó más de cinco años y el país experimentó un aumento en la tasa de pobreza de 38% en 2001 a 53% en 2002.

“La crisis de la deuda de México en la década de 1980 ha demostrado que, si bien para algunos sectores de la sociedad la mortalidad infantil siguió disminuyendo durante la crisis, los ingresos de los padres se convirtieron repentinamente en un determinante crucial de las posibilidades de supervivencia de un recién nacido”, dice el reporte, “esto destaca cómo los más pobres son los más afectados por las consecuencias del incumplimiento”.

En correspondencia electrónica con EL PAÍS, uno de los autores del reporte, Farah-Yacoub, enfatizó: “Nuestros hallazgos muestran las cicatrices económicas a largo plazo y el costo humano; estos sirven como un recordatorio para seguir esforzándose continuamente para gestionar los riesgos y para que, cuando se materialicen, se tomen medidas rápidas para contener los costos. Uno puede relacionar esto con el caso de América Latina al observar la historia del continente con crisis de deuda”.

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Sobre la firma

Isabella Cota
Es corresponsal económica para América Latina. Como periodista de investigación trabajó con Quinto Elemento Lab, NHK, BusinessWeek y OpenDemocracy, entre otros. También fue staff de Bloomberg News y Reuters en Centroamérica y Reino Unido. Es licenciada en Comunicación y Máster en Periodismo de Negocios y Finanzas por City University London.

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