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COLUMNA i

El prodigioso reparto de las deudas

El intervencionismo del BCE no ha sido neutral: el hechizo monetario ha convertido la deuda de unos en una obligación de todos

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, a su llegada al Eurogrupo.
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, a su llegada al Eurogrupo. EFE

A primera vista España ha sido uno de los grandes beneficiados de la política del Banco Central Europeo (BCE) bajo el mandato de Mario Draghi. España ha recibido el 26% de todo el crédito a largo plazo concedido por el BCE muy por encima de lo que le corresponde según el peso de su economía. Además el BCE ha adquirido cerca de 350.000 millones de euros de deuda pública y de las entidades privadas españolas.

Son datos del estudio La recuperación 2013-2019 y sus perspectivas: reabsorción de desequilibrios financieros y fragilidades pendientes, elaborado por el catedrático Josep Oliver Alonso, del centro de estudios EuropeG, que dirige el profesor Antoni Castells.

La economía española lleva seis años de crecimiento continuado y perspectivas de que siga así unos años más por encima de la media europea. Para Oliver, que viene cartografiando los indicadores económicos más relevantes de este país con precisión desde hace años, "la pieza central de esta recuperación ha sido la acción del BCE". El banco central ha podido realizar esta política a costa de aumentar el volumen de su balance desde el 13% al 41% de la producción económica de la zona euro.

Los sacrificios exigidos a la población y la política del señor Draghi han permitido que España supere el histórico maleficio de vivir por encima de sus posibilidades. Nuestro país, que precisó financiación exterior entre 1987 y 2011 (excepto dos años), ha logrado autofinanciarse con superávit en los últimos siete años. Ha habido otros beneficios más palpables para los ciudadanos, como la reducción de los intereses pagados por los hogares que han pasado de 40.000 millones en 2008 a los 4.300 millones en 2018, como consecuencia de las rebajas de tipos de interés del BCE.

La reducción de los tipos hasta tasas negativas, la concesión de crédito superbarato prácticamente sin límite y la adquisición de deuda pública y grandes empresas a coste irrisorio significan un extraordinario intervencionismo económico de difícil encaje en una economía de libre mercado. Es cierto que el Banco Central de Japón ha ido más lejos con la movilización de recursos equivalentes al 100% de su economía.

Pero el intervencionismo del BCE no ha sido neutral. El sector privado ha logrado reducir su deuda desde el 202% de su economía en 2009 al 133% en 2018. No ha sido un milagro. A cambio la deuda del sector público entre 2007 y 2018 ha escalado desde el 40% al 98,7%. El hechizo monetario ha convertido la deuda de unos en una obligación de todos. El modelo ha llevado la tasa de ahorro familiar a mínimos históricos mientras que la rentabilidad de las empresas es máxima.

El profesor Oliver no oculta sus preocupaciones. La cuestión de fondo es cómo los bancos centrales pueden volver a unos balances de dimensiones razonables. Pero hay asuntos más inmediatos, como "afrontar las burbujas de deuda pública y de los inmuebles que se han creado".

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