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OPINIÓN i

Urge un BCE verde

La política de compras de la entidad no se ha canalizado hacia inversiones sostenibles y ha financiado energías contaminantes

Mario Draghi, presidente del BCE
Mario Draghi, presidente del BCE REUTERS

La aceleración del deterioro de las condiciones de vida en el planeta por la acción del hombre ha sido reiteradamente certificada por numerosos estudios científicos. El peligro de extinción de un millón de especies como reflejaba el reciente Informe sobre la biodiversidadelaborado por expertos de la ONU es un reflejo más de los efectos destructivos del cambio climático. Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU aún estamos a tiempo de evitar la catástrofe si se toman medidas firmes antes de 2030.

¿Es posible financiar las inversiones necesarias para salvar el medio ambiente? El economista belga Paul de Grauwe recuerda que el Banco Central Europeo (BCE) ha creado 2,6 billones de euros de dinero nuevo desde 2015 en el programa de flexibilidad cuantitativa, para sostener la economía europea. Este dinero se ha dedicado a la compra de deuda pública y privada, entre la que figura la adquisición de obligaciones de empresas. En su opinión “es perfectamente posible para el BCE usar este instrumento de creación de dinero para inversiones medioambientales sin poner en peligro la estabilidad de los precios”.

Las compras de bonos y obligaciones públicos y privados terminaron en 2018. Pero el presidente del BCE, Mario Draghi se comprometió a reinvertir en los mismos activos los ingresos obtenidos cuando las obligaciones adquiridas lleguen al vencimiento. En 2019 el Eurosistema deberá reinyectar unos 200.000 millones.

La realidad es que la política de compras del BCE no tan sólo no se ha canalizado hacia las inversiones sostenibles sino que ha financiado las energías contaminantes. Un estudio del Institut Veblen y Positive Money Europa, señala que un 63% de las adquisiciones del BCE en el programa de compras de obligaciones de empresas “han financiado los sectores económicos más emisores de gases de efecto invernadero”. Por el contrario, las actividades que contribuyen a reducir las emisiones contaminantes como las obligaciones verdes y los transportes ferroviarios representan sólo un 7% de las compras.

El estudio señala que en las compras han participado seis bancos centrales (Francia, España, Italia, Alemania, Bélgica y Finlandia). Y precisa que “las carteras del Banco de Italia y del Banco de España presentan las partes más elevadas de energías fósiles (40% y 30% respectivamente)”.

Las adquisiciones del BCE en obligaciones de compañías privadas han sido criticadas por organizaciones no gubernamentales y europarlamentarios por beneficiar a las grandes empresas frente a las medianas y pequeñas. La sensibilización de los bancos centrales va lenta. Empezó en 2015 cuando el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, reconoció que el cambio climático se ha convertido en un riesgo para la estabilidad financiera. Hasta el pasado 17 abril no se publicó el primer informe promovido por una red de 40 bancos centrales y supervisores que considera el cambio climático como fuente de riesgo financiero. Tarde, pero aún estamos a tiempo. 

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