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El diferencial del sistema europeo

La UE, a diferencia de Estados Unidos y China, es la referencia para los ciudadanos de todo el mundo que valoran los derechos sociales

El profesor Alfons Barceló, catedrático emérito de Teoría Económica, explicaba esta semana a los doctorandos de Historia en la Universidad Pompeu Fabra la importancia de comprender los sistemas: “El mundo es un conjunto de sistemas y subsistemas. Todo sistema forma parte de otro más grande. Pero primero tienes que demostrar qué es un sistema y entenderlo. Y si no comprendes el sistema, mal asunto”. No es una obviedad.

La Unión Europea es sin duda un sistema. Pero no todo el mundo lo entiende igual. A principios de la década de los 90 el profesor Michel Albert escribió un libro de referencia, Capitalismo contra capitalismo, en el que puso de manifiesto las diferencias que existían dentro del mismo sistema capitalista y señalaba dos modelos bien diferenciados. Albert distinguía entre el modelo norteamericano (Estados Unidos y Reino Unido), basado en el éxito individual y el beneficio a corto plazo y el modelo renano (Alemania, Bélgica, Holanda, los países del norte de Europa y Japón) que daba más relevancia al éxito colectivo, al valor del consenso y a los logros económicos y sociales a largo plazo.

Durante las últimas tres décadas la tensión entre los dos modelos ha seguido en la Unión Europea sin un resultado definitivo. Sin embargo, el Reino Unido, perteneciente al grupo del capitalismo más liberal, está optando por abandonar el club.

La globalización ha ampliado el escenario del debate. Ahora en el mundo se vislumbran tres grandes sistemas: Estados Unidos, China y Europa. Los dos primeros están enzarzados en una desenfrenada y peligrosa guerra comercial, en busca del dominio económico y militar. Europa ha ido perdiendo influencia en ambos terrenos, pero sigue siendo el modelo de referencia para los ciudadanos de todo el mundo que valoran los derechos sociales, la necesidad de actuar frente al cambio climático y la importancia de la paz.

En una jornada reciente en el Colegio de Abogados de Barcelona sobre la relevancia creciente del derecho europeo, el magistrado Francisco González de Audicana Zorraquino sintetizó la cuestión de fondo: “Lo que diferencia el capitalismo europeo del estadounidense y del chino, es que en Europa queremos unos ciudadanos con derechos”. El magistrado sabe de lo que habla en la medida que gracias a la progresiva incorporación de la justicia europea mejora la calidad de vida de los ciudadanos.

La globalización está diferenciando Europa del resto del mundo. La diferencia se percibe en el distinto grado de regulación medioambiental, financiera laboral o social de cada sistema. La regulación puede ser vista como un freno a la libertad económica o como garante de unos derechos básicos. Pero los sistemas, como diría el profesor Barceló, evolucionan y todo el andamiaje de derechos europeos se desvanecería si la UE cae en la irrelevancia. Fortalecer la cohesión de la Unión Europea es seguramente la única opción consecuente para asegurar su propia existencia y los valores y derechos que preconiza.

 

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