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Brasil confirma su recuperación económica tras crecer un 1% en 2017

Gobierno y empresarios prevén que la mejoría se consolide este año, aunque los expertos advierten de que el empleo tardará en remontar su caída

Desemprego no Brasil PIB
Supermercado en la ciudad brasileña de Vitoria, en el Estado de Espírito Santo. Ag. Brasil

La recuperación de la economía brasileña es un hecho después de dos años desastrosos, en los que encadenó sendas caídas del 3,5% del PIB. Por el momento es aún una mejoría tímida, de apenas un 1% del PIB a lo largo de 2017, según los datos oficiales dados a conocer este jueves. Pero los síntomas confirman la ruptura de un persistente ciclo negativo en el mayor país de América Latina, con repercusiones en la economía de toda la región, y han devuelto el optimismo al Gobierno y a los agentes económicos.

El impulso al crecimiento tiene algunos factores coyunturales, como la extraordinaria cosecha agrícola de 2017, que favoreció un avance del 13% en ese sector. La tendencia se reforzó con un leve aumento del consumo de las familias, un 1%, pero el dato adquiere mayor importancia si se tiene en cuenta que en 2016 había bajado un 4,3%. La industria, sin embargo, permaneció estancada, mientras que la mejoría del sector servicios fue también discreta, de un 0,3%

"En otro país que estuviese creciendo, un aumento del PIB del 1% sería considerado malo, pero para quien viene de una secuencia de dos años de recesión, es un resultado excelente", resumió Mansueto Almeida, secretario de Seguimiento Económico del Gobierno. Para este año, las expectativas de crecimiento se sitúan en torno a un 2%, según organismos internacionales como el FMI y la OCDE, aunque los economistas brasileños son más optimistas y creen que se podía situar cerca del 3%.

El Gobierno, empezando por su presidente, Michel Temer, aprovechó el dato para defender que el país ha entrado en un nuevo ciclo favorable. El dato del PIB llega en un momento en que el Ejecutivo sufrió algunos reveses de las agencias internaciones de calificación después de desistir del proyecto estrella de su programa de reformas liberales, el que pretendía recortar el gasto en el sistema de pensiones.

Los empresarios también consideran pasada la página de la recesión. Los sectores de industria, comercio y construcción esperan un 2018 más favorable. El mayor problema para el Gobierno, sobre todo en un año electoral, es que la recuperación aún no ha llegado a una mayoría de ciudadanos comunes y que el paro, pese a moderados descensos en los últimos meses, continúa en máximos históricos, con 12,7 millones de desempleados. Por contra, Gobierno y empresarios resaltan otro dato histórico, en este caso mínimo, el de la inflación, que cerró 2017 con un 2,95% en un país donde las alzas descontroladas de precios evocan viejos fantasmas.

Una encuesta de la Asociación Brasileña de la Industria Eléctrica y Electrónica apunta que el 83% de  sus miembros prevé un aumento de ventas y pedidos en esta año. Algunos asociados dicen incluso que han desistido, por ahora, de despidos de trabajadores que habían sido planeados inicialmente. También un estudio de la Confederación Nacional de Comercio (CNC), divulgado este miércoles, apunta que el comercio minorista espera un aumento de puntos de venta en 2018, después de tres años con saldo negativo. La CNC prevé que que 20.700 nuevos establecimientos serán abiertos este año, tras registrar una disminución de 19.300 el año pasado  y de que un total de 226.000 tiendas fuesen cerradas entre 2015 y 2016. “Estamos muy seguros de que la economía está recuperándose”, dice Fabio Bentes, economista jefe de la entidad, que prevé crecimiento del 5,1% de las ventas este año. La Cámara Brasileña de Industria de la Construcción (CBIC), por su parte, celebra el crecimiento del 9,4% en las ventas en 2017 ,con reducción de stock de inmuebles a la venta, la primera desde el primer trimestre de 2016.

El optimismo, sin embargo, no oculta que Brasil tardará mucho tiempo aún en recuperar la pujanza previa a la crisis, en un país que entre 2011 y 2013 se planteaba el pleno empleo como un objetivo realista. “La mejoría ya se observa hace algún tiempo, pero el sentimiento está matizado porque aún no han cicatrizado las heridas dejadas por la recesión, los escándalos de corrupción y las turbulencias políticas”, evalúa Gustavo Franco, socio-fundador de Río Bravo Inversiones. “Tenemos todas las condiciones para remontar. Pero aún no es una embarcación con las velas plenamente al viento, porque las empresas todavía tienen desconfianza del ambiente de negocios”.

João Saboia, profesor del del Instituto de Economía de la Universidad Federal del Río de Janeiro, sigue la misma línea. “Sí, de hecho vamos a crecer más que el año pasado, pero aún vamos despacito. Y el empleo será lo últitimo en recuperarse”, avisa. Saboia recuerda que la referencia de un año como 2010, por ejemplo, cuando Brasil creció por encima del 7% y creó 2,5 millones de empleos, genera una sensación de desaliento ante del actual escenario. "La caída del PIB durante los dos años de recesión fue violenta, incluso aunque la de la renta per cápita no haya sido tanta", dice. 

Un factor que retrasa la creación de puestos de trabajo es el hecho de que las empresas aún estén recuperándose de las pérdidas pasadas y sean reacias a programar nuevas inversiones. “La crisis vació el vaso. En ese periodo, las ventas minoristas cayeron un 20%. Ahora volvemos a llenar el vaso, pero no está ni a la mitad,'”, admite Fabio Bentes, de la CNC.

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