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LA POSGUERRA DE IRAK | Crisis en Washington

Rumsfeld promete en la cárcel de Abu Ghraib que los abusos serán castigados

El secretario de Defensa viaja a Bagdad para contrarrestar el escándalo de las torturas

Donald Rumsfeld se lanzó ayer a la ofensiva. Después de una semana bajo el fuego causado por las torturas en las cárceles de Irak, el secretario de Defensa viajó por sorpresa a Bagdad, soportó las miradas de los presos en la cárcel del escándalo y se reunió con los soldados para decirles: "Esto ha sido un golpe terrible para todos nosotros". El jefe del Pentágono prometió que "los culpables serán castigados" y que lo ocurrido "no volverá a pasar jamás". Pero Rumsfeld no se engañó sobre el calibre de la tormenta: "Sin duda, habrá otras cosas malas que van a salir a la luz".

Rumsfeld, amenazado -igual que el presidente Bush- por las consecuencias nacionales e internacionales de lo ocurrido, pasó siete horas en Bagdad y en la cárcel que se ha convertido en símbolo de todo lo que ha salido mal en la guerra y la posguerra. En Abu Ghraib, Rumsfeld admitió la dureza del golpe recibido y trató de limitarlo a "unos pocos que han traicionado nuestros valores y mancillado la reputación de nuestro país". "Como la mayoría de los norteamericanos, yo me quedé estupefacto. Ha sido un golpe terrible". Pero, aseguró, los culpables "comparecerán ante la justicia y "el mundo verá cómo funciona una sociedad libre y democrática". Sin detallar su pesimista predicción sobre el desarrollo del escándalo, Rumsfeld admitió que lo ocurrido ha sido desastroso para la estabilidad de Irak.

El objetivo de este jefe del Pentágono que ayer se lanzó al contraataque, confortado por los sondeos que dicen que dos de cada tres norteamericanos creen que no debe dimitir, fue el de animar a la tropa y al tiempo tratar de contrarrestar la catástrofe de las fotos, aunque él lo negó: "Se equivoca el que piense que estoy aquí para echar agua al fuego". A los soldados, que reaccionaron con entusiasmo, les dijo: "Lo adecuado era venir aquí para miraros a los ojos y deciros que sois magníficos. Lo que estáis haciendo es importante, es una tarea noble".

"Mereció la pena"

Para tratar de elevar la moral de los uniformados, Rumsfeld dijo que leía historia de la guerra civil y que, aunque se cometerán todavía más errores en Irak, "un día miraréis atrás y estaréis orgullosos de vuestro servicio y diréis que mereció la pena". El jefe del Pentágono, que se encontraba como pez en el agua después de las duras jornadas de los últimos días -y de las que le esperan- no dejó de regalar los amistosos oídos de los que le rodeaban: "Habéis ayudado a liberar a 25 millones de seres humanos. Habéis realizado innumerables actos de amabilidad, generosidad y compasión con los iraquíes con los que habéis trabajado".

El jefe del Pentágono estuvo acompañado por el general Richard Myers, jefe de la junta de jefes de Estado Mayor, y por el general Geoffrey Miller, nuevo responsable de las cárceles en Irak, que anunció la construcción de un nuevo complejo frente a Abu Ghraib que, a petición del Gobierno iraquí, se llamará Campo Redención. En la visita a la cárcel, y según Thom Shanker, de The New York Times, los presos que están en el exterior, detrás del alambre de espino, vieron pasar la comitiva "la mayoría, en silencio; algunos agitaron ropas y gritaron; unos pocos tenían letreros con leyendas escritas en inglés: "¿Por qué estamos aquí? La mayoría de nosotros somos inocentes".

La mayor parte de los 3.000 detenidos, coinciden otros periodistas, mantuvo una actitud pasiva, pero algunos hicieron gestos con el pulgar hacia abajo. En la multitud alguien ondeó una bandera iraquí deshilachada. Rusmfeld no habló en ningún momento con los presos, ni con los del campamento situado en el exterior, que le vieron pasar, ni con lo de la galería de los considerados peligrosos, en la que se cometieron los abusos.

Rumsfeld se permitió recuperar su habitual estilo y bromeó con los soldados sugiriendo que la culpa es de los medios: "Yo he dejado de leer los periódicos. De alguna forma hay que mantener la cordura. Soy un superviviente". También animó a los reservistas de la policía militar -nueve de ellos serán sometidos a consejo de guerra- y dijo que estaban haciendo "un trabajo espectacular" y que los actos de unos pocos no afectaban a la mayoría; afirmó que "en cuanto sea posible" los iraquíes asumirán el control de la seguridad y justificó, mientras tanto, la necesidad de mantener el actual despliegue.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de mayo de 2004