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CONVULSIÓN EN VENEZUELA

El Ejército venezolano devuelve el poder a Chávez 48 horas después del golpe

Decenas de miles de personas apoyaron en la calle la vuelta al poder del depuesto presidente

Regimientos leales, y una pueblada que invadió las principales ciudades de Venezuela dispuesta a incendiarlas, repusieron en el poder a Hugo Chávez 48 horas después de un golpe cívico-castrense que puso a la nación latinoamericana al borde de la anarquía. El empresario Pedro Carmona, fugaz presidente de la Administración provisional establecida el jueves, fue detenido.

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Vitoreado hasta el delirio en el palacio de Miraflores, convocando a la reconciliación y a la rectificación de todos, el jefe del Gobierno entonó el himno nacional y su primera estrofa le supo a gloria: 'Gloria al bravo pueblo...'. El júbilo del chavismo y la amargura de la oposición dividieron de nuevo a Venezuela.

'Jamás imaginé que regresara tan rapidito'. El teniente coronel de paracaidistas celebraba su liberación en su primera comparecencia pública, pasadas las cuatro de la madrugada, hora venezolana (las diez de la mañana, hora peninsular española), vestido con el traje militar de faena, sonriente, rodeado por ministros también radiantes.

Dos horas antes había volado hacia Caracas en helicóptero desde la isla Orchila (en el Caribe), donde había sido mantenido preso por la dirección de las Fuerzas Armadas, que finalmente retiraron su apoyo a Carmona. La manifiesta sublevación de las unidades de paracaidistas de Maracay (ciudad próxima a Caracas) y la disposición de otras unidades a una violenta operación de rescate doblegaron al general Efraín Vásquez, jefe del Ejército, y modificaron la correlación de fuerzas.

Alertas, con el cuchillo entre los dientes, decenas de miles de personas concentradas en los accesos del palacio, y en otras ciudades de Venezuela exigían al mismo tiempo, el regreso de Chávez para no proceder a una degollina La sangre ya corría entonces por algunos barrios de Caracas después de que la policía metropolitana, dirigida por un alcalde de la oposición, reprimiera a partidas de saqueadores, asaltantes de medios de comunicación y manifestantes desquiciados. Cayeron sin vida nueve personas y muchas más resultaron heridas. Más de 40 muertos y cerca de 325 heridos desde el pasado jueves. "Si no nos lo devuelven, esto se va poner muy feo", advertía a este corresponsal uno de los soldados de la guardia presidencial, atrincherada en el Palacio de Miraflores, armada hasta los dientes.

Los servidores de las ametralladoras pesadas cuidaban de los gatillos cuerpo a tierra y la profusión de cananas y armas en las habitaciones y salones era notable. La tropa vigilaba todos los flancos desde las terrazas, ventanas y alturas del edificio de balcones coloniales, residencia de los presidentes. "Todo bajo control, mi comandante", comunicaba un tirador a su superior. El empresario Pedro Carmona, de 60 años, perdía, minuto a minuto, el control de la situación aun después de haber aceptado, por exigencia de los generales entonces al mando, la vigencia del Congreso y de los poderes públicos, que había suspendido la noche del viernes en su primer decreto de gobierno. El pronunciamiento del jueves, precisó el general Efraín Vásquez, había sido contra acciones de gobierno, no contra la Constitución.

Igual daba, el general Lucas Rincón, destituido por sus compañeros la noche del jueves, habría de retomar después la jefatura de las tres armas, y la suerte de Carmona estaba echada. El presidente de la Asamblea Nacional, William Lara, tomara juramento como presidente en funciones a Diosdado Cabello, vicepresidente de Chávez. Escondido hasta entonces, la barba de dos días y las ojeras reflejaban la zozobra padecida y sintonizaban con el agostamiento de los rostros de la agrupación de funcionarios, edecanes, policías y admiradores de Hugo Chávez desplegados por el edificio teléfono en mano. El Gobierno depuesto el jueves se declaraba de nuevo en funciones.

Los abrazos, los sollozos y la alegría desbordaron el salón del consejo de ministros cuando una voz comunicó que Carmona había renunciado. No le quedó más remedio. Efectivos del Batallón Caracas detuvieron al dirigente en Fuerte Tiuna, sede del Ministerio de Defensa, obligándole a anunciar públicamente su renuncia. Con varios militares a sus espaldas, el presidente del principal sindicato de empresario anunciaba su renuncia después de haber observado, y acatado, que la Asamblea Nacional restableciera sus actividades y tomara juramento a Cabello.

"Quiero, sí, señalar, que las circunstancias que generaron la provisionalidad, la transitoriedad [del mandato] estuvieron derivadas de un vacío que se generó de un anuncio de renuncia y de la ausencia de los órganos de poder público", manifestó en un mensaje transmitido por los medios de comunicación. La renuncia nunca se produjo, dijeron los portavoces del Gobierno y los poderes públicos no funcionaron durante 48 horas porque fueron anulados por el propio Carmona, cuyo liderazgo representó a los grupos sociales, políticos y económicos hartos de las políticas y estilo de gobierno de Chávez.

El jefe de Gobierno anunció la formación de una mesa por la reconciliación en Venezuela y convocó a la rectificación de todos, incluyéndose a políticos, empresarios, sindicatos, Iglesia Católica y, sobre todo, a los dueños de los medios de comunicación. La oposición, de momento, no parece estar para muchos trotes después de la frustración padecida. "Otra vez con este presidente, haciendo el ridículo ante el mundo", lamentaba Isabel González, 25 años, abogada, que acelera su traslado a Londres para cursar un doctorado en leyes.

La situación registrada en Venezuela recuerda los episodios del 8 de julio de 1835, fecha del golpe lanzado por el general Santiago Mariño contra el bolivariano José María Vargas, apresado y confinado en una isla del Caribe. Otro jefe militar, José Antonio Cuadras, el centauro de los llanos, toma las armas, lo rescata y devuelve a palacio. El ministro de Defensa, José Vicente Rangel, atribuyó la aventura golpista "al desconocimiento del país y de las Fuerzas Armadas" de sus organizadores. "Y al golpe se respondió con el contragolpe".

Hugo Chávez fue conciliatorio en su primer discurso y para demostrarlo aceptó la renuncia de la directiva de Petróleos de Venezuela (PDVSA) que había nombrado en febrero. Esos nombramientos desataron las protestas de los gerentes de la estatal, que se sumaron a una huelga general. "Las cosas tienen que volver al marco constitucional", pidió el jefe de Estado. El 19 de abril, informó, quedará instalado el denominado Consejo Federal de Gobierno, una plataforma de encuentro de todos los sectores sociales. "Vamos a discutir y los que no estén de acuerdo con nuestras políticas que lo digan,pero lealmente".

En una entrevista con la cadena SER, Chávez afirmó anoche que no tiene previsto convocar elecciones en un futuro próximo. "Nosotros no tenemos ninguna duda acerca del apoyo mayoritario de la población a este Gobierno", dijo. "Aquí no está previsto llamar a unas elecciones. Estamos apenas a un año y medio del inicio del periodo constitucional y el país va mejorando desde el punto de vista económico, social y político, y se ha demostrado que tenemos sólidas instituciones que aguantan". Chávez calificó el golpe de "atropello" protagonizado por una "oligarquía" aliada con la vieja clase política y parte de la cúpula militar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de abril de 2002