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EL NOBEL RECONOCE A UN ESCRITOR SIN RAÍCES

El Nobel premia la voz mestiza de V. S. Naipaul

El escritor británico de origen antillano ha convertido la búsqueda de la identidad en el motor de su obra

Estocolmo
V. S. Naipaul obtuvo ayer el Premio Nobel de Literatura. Nacido en 1932 en la isla caribeña de Trinidad, de padres hindúes y británico de nacionalidad, Naipaul es autor de más de veinte títulos, escritos con una de las prosas en lengua inglesa más inteligentes y precisas del momento. Una cuestión que atraviesa buena parte de sus novelas, libros de viajes y ensayos es el tránsito de una cultura a otra, de un universo conocido a otro por descubrir. De Trinidad a Inglaterra, de sus raíces hindúes al mundo occidental, Naipaul refleja desgarramientos y pérdidas, pero también la riqueza de reiventarse. Su carácter irascible y su visión crítica del islam le han granjeado muchas críticas. En estos días, este Nobel será sin duda polémico.

Vidiadhar Surajprasad Naipaul, conocido como Vidia y veterano en la lista de espera de los candidatos al Premio Nobel de Literatura, ha sido elegido por la Academia Sueca como destinatario del preciado galardón, dotado este año con 10 millones de coronas (unos 170 millones de pesetas), por "su capacidad de mezclar en sus obras la agudeza narrativa con la observación incorruptible, condenándonos a ver la presencia de la historia que no queremos ver".

La decisión de la Academia sorprendió un tanto, ya que en las últimas horas se había extendido en los medios literarios del país el nombre del poeta sueco Tomas Tranströmer como seguro ganador en la edición número 100 del premio. Pero de ninguna manera se cuestionó la legitimidad de la elección.

Nacido de padres hindúes en la localidad de Chaguanas, cerca de Puerto de España, Trinidad, Naipaul arrastra consigo un pasado colonial, de desarraigo, que ha impregnado sus obras, desde su debut, en 1957, con la novela El masajista misterioso, a la que siguieron títulos como The suffrage of Elvira (1958) y Miguel Street (1959) hasta que en 1961 publicara Una casa para el señor Biswas, una suerte de biografía novelada y que ha sido considerada por los expertos como una de sus obras más relevantes. Desde entonces y hasta su reciente novela, Half a life, Naipaul ha escrito una veintena de títulos más, entre novelas, libros de viajes, cartas o ensayos.

Si la elección del Premio Nobel de Literatura, en sus cien años de vigencia, ha estado condicionada en cada ocasión por las tendencias culturales del momento, como lo demuestra un repaso a los nombres de los premiados, la elección de Naipaul expresa en este caso el reconocimiento a una obra que toca todos los géneros y las temáticas más variadas. La ausencia de raíces, el sentimiento de encontrarse extranjero, la búsqueda permanente de la identidad son algunos elementos que recoge su obra y que, en buena medida, corresponden a su propia experiencia vital.

Heredero de Conrad

Los distintos ámbitos geográficos que Naipaul ha diseccionado son variadísimos y recorren paisajes que van desde el mundo antillano que lo vio nacer a la India, África o América del Sur y del Norte, sin olvidar los países islámicos de Asia, a los que ha dedicado algunos de sus libros más polémicos, además del Reino Unido, país al que llegó cuando era joven y donde terminó por instalarse. A Naipaul se lo ha considerado heredero de Conrad por su descripción de imperios en decadencia desde la perspectiva moral de su impacto sobre los seres humanos. Su reputación como narrador se funda en su memoria para rescatar hechos históricos olvidados e iluminar las peripecias de los perdedores.

La primera reacción de Naipaul al saberse galardonado con el Nobel de Literatura fue de incredulidad, informa Lourdes Gómez. El escritor quiso incluso ignorar la llamada telefónica del portavoz de la Academia Sueca, Horace Engdahl. Tan sólo la perseverancia de su esposa, la periodista paquistaní Nadira Khannun Alvi, lo convenció de la trascendencia de la ocasión. 'Estaba muy sorprendido y no creo que fingiera. Se sorprendió porque siente que, como autor, no representa a nadie más que a él mismo', dijo Engdahl tras hablar ayer por la mañana con Naipaul.

Un portavoz del literato confirmó que éste se sintió 'totalmente abrumado' con el extraordinario premio que suma a su ya larga lista de galardones. El Nobel era uno de los reconocimientos que le faltaba al escritor, que cosechó el Booker en 1971, el T. S. Eliot en 1986, que recibió el título de caballero en 1990 y, tres años después, el prestigioso David Cohen por el conjunto de su obra literaria y documental.

'Estoy rotundamente encantado, es un honor inesperado', dijo finalmente en un comunicado. Naipaul no cayó en las adulaciones que le proclaman 'el más importante escritor contemporáneo de la prosa inglesa' e identifican como 'un notable precursor' en la recreación de los problemas que el desplazamiento y la migración están causando desde finales del XX. Naipaul, por el contrario, acogió el galardón como 'un tributo a Inglaterra, mi morada, e India, la tierra de mis antepasados'.

Tampoco olvidó celebrar la 'dedicación y apoyo' de su agente literario, Gillon Aitken, quien editó Between father and son: family letters (Correspondencia entre un padre y su hijo) sin que el autor revisara la correspondencia que mantuvo con su padre en los años cincuenta desde su nueva residencia en Oxford.

Naipaul recordó en su escueta respuesta a Inglaterra e India y no mencionó la isla de Trinidad, donde nació en 1932 en el seno de una familia de emigrantes indios.

En su última novela, Half a life, de tono biográfico, ignora de nuevo sus vivencias caribeñas y sitúa la acción en India en los años treinta, Londres en los cincuenta y en un ficticio Mozambique en los setenta. Su publicación ha hecho rebrotar la vendetta con el que fuera su discípulo y amigo, Paul Theroux. En una devastadora crítica, el autor norteamericano describe la obra de 'torpe, increíble, sin fluidez, mal escrita, deliberada y rara'. Pero Naipaul guarda silencio mientras se prepara para recibir el Nobel de Literatura el próximo diciembre.

En la reseña de la Academia Sueca que analiza la obra del escritor premiado se afirma que gracias a las historias burlescas que cultivó en su primera novela o en Miguel Street, Naipaul adquirió reputación de humorista y de pintor de la vida cotidiana. Una casa para el señor Biswas marcó un gran paso hacia la construcción de un universo propio, ambientado en la India colonial. Naipaul supo abrir las puertas del santuario de la gran literatura a los seres marginales y, de ese modo, invirtió la perspectiva habitual al despojar a los lectores de su distancia protectora. Relatos de ficción, textos autobiográficos y testimonios de gente muy diversa confluyen en su escritura y se funden hasta el punto de hacer imposible la identificación del componente dominante.

Una mirada pesimista

Después del éxito de Una casa para el señor Biswas, Naipaul amplió las perspectivas geográficas y sociales de su actividad literaria. Analizó con pesimismo creciente los efectos perversos del colonialismo y de los nacionalismos que surgieron en diversas regiones del Tercer Mundo después de la II Guerra Mundial. Son cuestiones que alimentan libros como Guerrillas (1975) y En la curva del río (1979).

Algunos de sus libros de viajes se han vuelto sorprendentemente actuales. Es el caso de La India: un millón de revueltas (1990), donde describe el universo humano de sus padres, o el de Crepúsculo sobre el islam (1981) o Hasta el fondo de la fe (1998), donde formula una crítica al integrismo musulmán de países como Indonesia, Irán, Malasia y Pakistán.

Si los elementos autobiográficos están presentes en la mayoría de sus obras, es en El enigma de la llegada (1987) y en Un camino en el mundo (1994) donde la autobiografía afirma su presencia. Este último título incluye nueve cuentos independientes, pero que tienen una temática común en la que las tradiciones antillanas e indias se funden con la cultura que descubre el autor cuando pasa a residir en Inglaterra a la edad de 18 años. En El enigma de la llegada, el autor describe al propietario de unas fincas del sur de Inglaterra que, después de su carrera colonial, sufre una lenta decadencia hasta su aniquilación final.

'Escritor-filósofo de nuestra época, Naipaul perpetúa la tradición originada en Las letras persas y Cándido. Con un estilo lúcido, que despierta admiración, deja que los acontecimientos se expresen gracias a su ironía intrínseca', subraya el documento de la Academia Sueca como una síntesis que resume y apoya su decisión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de octubre de 2001