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Manos libres para Pinochet tras el plebiscito

Chile tendrá también su movimiento, según anunció el general Augusto Pinochet, que invitó a inscribirse en las miinicipalidades a los varios miles de personas que acudieron a festejar su triunfo ante la sede presidencial de Diego Por tales, después de conocer el resul tado del plebiscito (67,5% a favor y 29,6% en contra), que le deja las manos libres durante los próximos años. La oposición, por su parte, teme el aumento de la represión.

Aunque no explicó los objetivos y la estructura de su movimiento cívico-militar, todo hace creer que se trata de un proyecto nacido cerca de la experiencia Franquista, por la que siente gran admiración.

Resulta notoria la coincidencia terminológica entre este nuevo planteamiento de la Junta y la alternativa de consenso nacional en torno al Gobierno cívico-militar propuesta por la oposición. En medios disidentes existe el temor de que este movimiento pueda convertirse en la práctica en un partido único durante los próximos ocho años y medio, ya que los artículos transitorios aprobados en el plebiscito establecen que durante este tiempo continuará suspendida la actividad de los partidos.

Washington, horas después de la celebración del plebiscito, dictó su condena, lamentando «que el período de transición hacia la democracia sea tan largo», así como la intimidación del Gobierno chileno hacia sus adversarios. En un acto que recordaba las conmemoraciones de la madrileña plaza de Oriente, varios miles de personas vitorearon, al general con gritos de «Muchas gracias, Pinochet. Somos libres otra vez».

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Pinochet: "Hemos demostrado al mundo que Chile es una nación democrática"

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La canción Libre, del infortunado Nino Bravo, fue entonada con fervor por los seguidores de la Junta, que la han convertido poco menos que en himno propio. Innumerables retratos del titular de la República, así como miles de antorchas y pancartas que convertían el sí plebiscitario en un «sí a Pinochet», inundaron la Alameda.

En este clima, el general Augusto Pinochet, a quien acompañaban en el estrado los otros tres miembros de la Junta y sus esposas, anunció que el plebiscito suponía una segunda victoria sobre el marxismo totalitario y que el pueblo había expresado su decisión de seguir con el Gobierno militar. «Hemos demostrado al mundo cuán democrática es esta nación y no necesitamos que nadie venga a darnos enseñanzas».

Cualquier alusión hecha a la Prensa internacional a lo largo de la noche fue subrayada por la multitud con gritos de «que se marchen».

De cara al futuro anunció el propósito de crear un millón de puestos de trabajo en los próximos nueve años, construir 900.000 viviendas y reformar el sistema de la Seguridad Social. Al término de ese período manifestó que uno de cada siete chilenos tendrá automóvil y teléfono y que uno de cada cinco dispondrá de televisor.

En el capítulo de los agradecimientos citó al Todopoderoso -« El nos ha ayudado»- y dedicó especial atención a la mujer. Terminó sus palabras diciendo que «el enemigo no está totalmente derrotado, está presente», a pesar de que instantes antes había manifestado que no existían vencedores ni vencidos.

También invitó a quienes consideran que el plebiscito ha sido un fraude a deponer su actitud y a «reconocer el triunfo legítimo del pueblo de Chile».

A la misma hora en que Pinochet se dirigía a sus partidarios, personalidades de la oposición denunciaban la validez del plebiscito. «El Gobierno», dice la nota, «haciendo uso ¡limitado de recursos fiscales, copó los medios de comunicación, negó, a quienes tuvieron un pensamiento discrepante todo acceso a la televisión, negó el derecho a reunirse, realizó una campaña de amedrentamiento y culminó su acción con el control total de las mesas con sus partidarios y del recuento de los votos por funcionarios dependientes de su exclusiva confianza o grupos empresariales».

«El resultado ha sido», añaden, «el que se tenía preparado, como lo previnimos desde el primer momento. De esta manera se ha incurrido en un enorme fraude y se ha impedido la libre expresión de la voluntad de los chilenos». Los firmantes invitan a seguir luchando con métodos pacíficos por la alternativa de consenso nacional en torno a un Gobierno cívico-militar.

El escrutinio de los votos produjo en algunas mesas enfrentamientos entre sus componentes y quienes asistían al recuento. En barrios populares de Santiago, el no superó, en algunos casos, el 70%, en tanto que en las zonas céntricas se invertían los porcentajes y en los barrios de clase media se producían muchas oscilaciones.

Las fuerzas de la oposición, en contra de lo denunciado por el propio Gobierno, no hicieron público ningún resultado, ni siquiera parcial, aunque varias personalidades recalcaron que nunca se sabrá el cómputo real de este plebiscito. El casi absoluto mutismo de la disidencia después de la jornada electoral se interpreta aquí como una nueva vuelta a las catacumbas, después de la relativa actividad pública mantenida durante la campaña.

Prueba de la prepotencia manifestada por los seguidores de la Junta es que en la misma noche de ayer se produjo un asalto a la sede de la vicaría de pastoral juvenil, cuyos tres cuidadores fueron detenidos por personas no identificadas. Por espacio de varias horas, los partidarios del atronaron la noche de Santiago con bocinazos y gritos en apoyo a Pinochet y al Gobierno militar («La Junta, unida, jamás será vencida»).

Pasadas las dos de la madrugada, el subsecretario del Interior, general Enrique Montero, daba a conocer los últimos resultados oficiales, que otorgaban un 67,5 % para el sí (los votos en blanco entran en este capítulo) y un 29,6% para el no. Fueron anuladas casi el 3% de las papeletas. Faltan por escrutar del orden de 330.000 votos de la capital. Oficialmente se estima que la abstención habrá quedado por debajo del 10%.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de septiembre de 1980

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