Carlo Feltrinelli, editor: “Existe una red invisible de millones de lectores que contribuyen al bien en el mundo”
Figura clave en el mundo de los libros, que ya su padre entendió como arma contra el fascismo, su histórica editorial italiana salda su alianza con Anagrama con una fundación conjunta, salta a España con un sello propio y llega a Latinoamérica con una librería en Montevideo

En lo alto del edificio de la Fundación Feltrinelli en Milán hay una sala presidida por una bandera original de la Comuna de París, y el sótano alberga uno de los principales archivos del mundo, con más de un millón y medio de documentos, sobre la historia de los movimientos revolucionarios y de la izquierda. De arriba a abajo, Feltrinelli es una editorial con una espina dorsal de clara vocación política y de participación en la vida cultural de Italia que, desde 1955, sigue el propósito original de su legendario fundador, Giangiacomo Feltrinelli: hacer libros y hacer cosas para cambiar el mundo. En el convulso periodo de los llamados años de plomo, cuando se temió en Italia un golpe fascista, el creador del sello llegó a pasar a la clandestinidad y murió en 1972 por la explosión de una bomba que, según la reconstrucción judicial, estaba intentando colocar en una torre eléctrica de Milán. Aunque ese es otro más de los misterios de Italia de aquellos años.
Su hijo, Carlo Feltrinelli (Milán, 64 años), presidente de la editorial y que narró la increíble vida de su padre en un libro fascinante, Senior service (Anagrama), admite que la casa Feltrinelli “es un animal extraño”. Revolucionó el mundo editorial en los sesenta, tiene más de 120 librerías en Italia y a partir de 2010 aterrizó en España a través de la editorial Anagrama, por lazos de amistad y afinidad de visiones, hasta hacerse con la propiedad.
Esa alianza ahora va a ir a más: nace la Fundación Feltrinelli Anagrama, cuyo primer acto será un encuentro con Lea Ypi, en el CCCB de Barcelona, el próximo 17 de marzo y, en mayo, arranca una nueva editorial en español, Editores Feltrinelli, que empieza con uno de los títulos míticos de la casa, Doctor Zhivago, y Principio, medio, fin de la mexicana Valeria Luiselli. Y este salto al mundo de las letras hispanas también alcanza a Latinoamérica: con la inauguración este sábado de la primera librería Feltrinelli en este continente en Montevideo.
Pregunta. La editorial nació en 1955 con dos libros: El azote de la esvástica y la autobiografía de Nehru. Muy actual.
Respuesta. Sí, acabamos de cumplir 70 años, y lo que más me alegra es la conciencia de haber actualizado nuestra capacidad de estar en el mundo, dialogando siempre con las ideas que mi padre tuvo: adhesión a la democracia y el imperativo cultural de publicar libros para que las personas estén más preparadas para afrontar su futuro. Una visión editorial que se esfuerza por evitar la banalidad y quiere participar en la batalla de las ideas.
P. Su padre pensó primero en fundar un periódico, pero no le pareció buen negocio, y fundó la editorial, con la aspiración de impactar en la realidad.
R. Sí, Feltrinelli nació con tres ideas. Primero, la adhesión a la cultura de la resistencia, del antifascismo. Segundo, intentar conectar Italia con el mundo. Y tercero, estudiar la coexistencia entre países con diferentes sistemas económicos. Así que hay una enorme apertura al mundo. Nos da una gran convicción para pensar que los libros siguen siendo un medio clave para defender la continuidad cultural. Existe una red invisible de millones de lectores que contribuyen al bien en el mundo, conscientes de que la experiencia de la lectura es algo que nos hace más generosos y hace la vida más interesante. El escritor Antonio Scurati ha dicho que el mundo se salvará de las nuevas formas de soberanismo gracias a la democracia de los lectores. Yo quiero creerlo.
P. Dos libros, El Gatopardo y Doctor Zhivago, marcaron la historia de la editorial, dos éxitos increíbles. Antes de la publicación de Doctor Zhivago ya se sabía que tendría repercusiones políticas. Los servicios secretos estaban interesados. ¿Un libro puede seguir teniendo ese poder desestabilizador hoy?
R. Creo que sí. En estos tiempos tan oscuros, un libro es, quizás junto con la música, el único instrumento de redención. Por ejemplo, Un día todos dirán que estaban en contra, de Omar El Akkad, que hemos publicado en Italia, ha tenido un gran impacto. Como dijo Vila-Matas, la literatura es la única disciplina que puede ayudarnos a comprender la complejidad del mundo.
P. Feltrinelli ha tenido en Italia un papel crucial. Ha contribuido a esa idea de la hegemonía cultural de la izquierda, a la que Meloni intenta responder ahora con una de derecha. ¿Qué opina de estas guerras culturales?
R. En Italia hemos tenido 25 años de Berlusconi y en cuanto a hegemonía cultural fue el verdadero ganador. En cuanto a la derecha, me parece que expresa muy poco, sobre todo con un estilo y un lenguaje de épocas que desearíamos haber olvidado. Ciertamente, asistimos a un choque brutal, un ataque a la democracia y a la convivencia. Es el resultado de una sociedad completamente nueva, de naturaleza tecno-feudal y oligárquica. Es algo que hay que combatir y nosotros intentamos hacer nuestra parte como editores, con nuestras librerías, con nuestra fundación. Ha sido bonito encontrar alianzas, como la que surgió en España con Jorge Herralde y Anagrama.
P. La relación de Feltrinelli con España viene de lejos. En 1961, Juan Goytisolo vino a Milán a presentar La resaca, que publicó Feltrinelli, y el acto fue interrumpido por fascistas.
R. Muchos autores españoles han publicado en nuestro catálogo. Y luego está la amistad con Jorge Herralde, que se inspiró en Feltrinelli en 1968 para dar el nombre a su editorial, lo tomó de Senso e anagrama, de Giancarlo Marmori. Mi madre, Inge, estaba muy ligada a Jorge, y con Christian Bourgois y Klaus Wagenbach, que por desgracia ya no están con nosotros, formaron un club de editores potentes en la cultura europea. Yo he tenido el privilegio de seguir esa relación de amistad y armonía que ha llevado a Jorge a la decisión de continuar Anagrama con Feltrinelli. Él ha sido una suerte de padre para mí. Como editor ha sido una gran inspiración. El hecho de que hayamos hecho un trabajo tan bueno en los últimos años con Anagrama es una de mis mayores satisfacciones. Fue una decisión afortunada, de muchas complicidades, y lo mismo podría decir de nuestra participación en las librerías La Central, fundada por dos pioneros como Antonio Ramírez y Marta Ramoneda.
P. ¿Cómo conoció a Jorge Herralde?
R. Hace muchos años, en la Feria del Libro de Fráncfort. Y luego en sus visitas a Italia. Encontré hace poco una postal de cuando tenía ocho años que me escribió desde Palermo. Firmó Jorge y entre paréntesis, Anagrama.
P. Su editorial revolucionó no solo la creación de libros, sino también las librerías como lugar de encuentro. Antes eran como una ferretería.
R. Sí, con un gran mostrador. Las librerías que mi padre abrió en los años sesenta tenían la idea opuesta, una relación directa entre el libro y el lector. Quería garantizar el acceso a todos, no solo a la élite, veía el libro como un instrumento activo de participación, rebelión, democracia.
P. También introdujo el libro de bolsillo, antes los ensayos o los libros de historia eran ladrillos.
R. Exacto, fue decisivo para popularizar libros de todo tipo, matemáticas, antropología, filosofía... Los libros de bolsillo y el saber hacer librerías son dos de las razones por las que hemos resistido. Creemos en la centralidad de las librerías, no podemos consentir que en el centro de las ciudades solo haya hamburgueserías o tiendas de ropa interior.
P. Su padre quería animar a la gente a leer por una motivación antifascista, para que no se repitiera el fascismo. Sigue siendo actual.
R. Sí, dramáticamente actual. Cuando digo que somos una realidad particular, no digo que seamos mejores ni peores que otros, pero ciertamente interpretamos nuestro trabajo como una responsabilidad, una vocación. En este momento estamos en medio de una batalla, y tenemos un impulso que va más allá de ser una empresa. No quiero sonar pomposo, pero también es una cuestión de responsabilidad humana y cívica.
P. ¿Qué recuerdos tiene de su padre, de las últimas veces que lo vio?
R. En el fondo todo fue bastante simple con mi padre. Tuve la oportunidad de pasar tiempo con él y mantengo un afecto, una admiración y un conocimiento de él muy poco problemático. De hecho, cuanto más tiempo pasa, más creo que en muchos aspectos tenía toda la razón. Claro, no se puede comparar esta época con la de hace sesenta años. Sin embargo, las cosas que le movían están todavía ahí: la guerra, el autoritarismo, el fascismo.
P. ¿Qué idea se ha hecho de su muerte?
R. Nunca se ha aclarado del todo. Hay un veredicto judicial que habla de un accidente, y creo que es totalmente plausible, sin descartar la posibilidad de que se hayan producido otras intervenciones. Creo que fue un accidente, pero no me atrevería a excluir al 100% que no lo fuera.
P. En un cierto momento es como si él hubiera perdido la fe en que el poder de los libros fuera suficiente para cambiar el mundo.
R. Sí, fue la formidable aceleración de los años sesenta, y perdió lucidez, se vio atrapado por la fiebre de esas dinámicas, que eran peligrosas.
P. ¿Con qué idea nace la Fundación Feltrinelli Anagrama?
R. Estudiar, investigar y promover las maneras en que debemos preservar el papel activo de la cultura como fuerza democrática. La sinergia entre la fundación de Milán y la nueva fundación española generará oportunidades de formación para jóvenes editores y libreros, actividades de investigación sobre cultura independiente y promoverá anticuerpos para los problemas de nuestra época.
P. ¿Por qué han elegido Montevideo para abrir su primera librería en Latinoamérica?
R. Sinceramente, porque encontramos amigos, socios, que nos ayudaron en esta aventura: Alejandro Lagazeta y Juan Castillo, dos libreros de Montevideo, y Pablo Braun, dueño de una maravillosa librería en Buenos Aires. Con ellos hemos encontrado una afinidad y nos enamoró la idea de abrir una librería grande y moderna en un país con fuertes intereses culturales. Será un paso importante. No es casualidad, no podemos olvidar el papel que Feltrinelli desempeñó como puente entre Latinoamérica y Europa desde los sesenta traduciendo a tantos autores.
P. El año pasado, Anagrama afrontó una gran polémica con El odio, de Luisgé Martín. ¿Cómo ve lo que sucedió?
R. Creo que fue una decisión de la editorial, ciertamente dolorosa, que fue la correcta. En cualquier caso, contribuyó al debate en España sobre estos temas. Fue una decisión de Anagrama, muy pensada por la directora editorial, que está haciendo un trabajo increíble y tomó la decisión de manera completamente autónoma.
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