La actriz Kirstie Alley muere a los 71 años como consecuencia de un cáncer

La intérprete fue muy popular en los años ochenta y noventa por su participación en la producción televisiva ‘Cheers’ y la saga de películas ‘Mira quién habla’

Kirstie Alley, en los años ochenta, cuando participó en 'Cheers'.Foto: GETTY (GETTY)

La actriz Kirstie Alley ha muerto este martes a los 71 años, según ha confirmado la familia de la intérprete, que se hizo muy popular en los años ochenta y noventa por su participación en la serie de televisión Cheers y en la saga de películas Mira quién habla. Según un comunicado publicado en las redes sociales por sus hijos, William True y Lillie Parker, Alley, que había nacido en Wichita (Kansas), en 1951, ha fallecido como consecuencia de un cáncer “recientemente descubierto” que afrontó “con gran fuerza”.

“Nos deja con la certeza de su inagotable alegría de vivir las aventuras que siempre quedaban por venir”, añade la nota. “El enorme entusiasmo y la pasión por su vida, sus hijos, nietos y animales, sin mencionar su eterna alegría por crear, no tienen paralelo y nos dejan mucha inspiración por vivir la vida de la manera más plena”, han agregado sus hijos, fruto de su matrimonio con el también actor Parker Stevenson. La familia ha dado las gracias a los doctores y sanitarios del hospital Moffit Cancer Center, en Florida, donde estaba ingresada.

La actriz Kirstie Alley, en una imagen con Ted Danson en la serie 'Cheers'.
La actriz Kirstie Alley, en una imagen con Ted Danson en la serie 'Cheers'.Getty

Alley conquistó la fama al encarnar a Rebecca Howe, la gerente de Cheers, el bar más famoso de la televisión estadounidense. La serie tomó el testigo de MASH como icono de la comedia para la cadena NBC mucho antes de que Jerry Seinfeld reinventara las normas de este género en la televisión. Alley se convirtió en una estrella de una serie que creó escuela y que impulsó tanto su carrera como las de Ted Danson, Woody Harrelson, Kelsey Grammer (cuyo personaje en la serie, el psiquiatra Frasier Crane, protagonizó después una serie derivada, Frasier) y George Wendt.

El personaje de Alley, que no estaba al comienzo, fue introducido por los guionistas para tomar oxígeno en una serie que se prolongó durante 11 temporadas. Rebecca Howe apareció en la sexta, como reemplazo femenino de la actriz Shelley Long, que era la camarera del bar, propiedad de Sam (interpretado por Ted Danson). A esas alturas de la historia, Sam acababa de vender su bar a una gran corporación y pasó de mandar a obedecer las órdenes de Alley, la encargada de dirigir la transición tras la compraventa. Lo hacía con la severidad que se esperaba de una egresada de una escuela de negocios.

Alley recibió por este papel cinco nominaciones a los Premios Emmy. Finalmente, se lo llevó en 1991 en la categoría de mejor actriz. En 1994 ganó otra estatuilla por su participación en la miniserie David’s Mother, donde interpretaba a la madre de un menor con autismo.

Cheers significó un antes y un después para Alley. Su inicio en la industria había estado en el cine. En 1982 debutó en la gran pantalla en una de las sagas de más renombre en el mundo de la ciencia ficción estadounidense, Star Trek. Alley daba vida a una teniente originaria del planeta Vulcano, con sus conocidos habitantes de orejas puntiagudas. La película en la que apareció, Star Trek II: La ira de Khan, es una de las mejor valoradas de la saga. También apareció junto a grandes ídolos de la época, como Tom Selleck, en Runaway: Brigada especial, y John Hurt en Reto al destino, ambas de 1984. En 1988 compartió protagonismo con Sidney Poitier en Dispara a matar.

Sin embargo, su gran éxito cinematográfico llegó en 1989 con la comedia Mira quién habla, donde Alley interpretaba a Mollie, una madre soltera que debía decidir si criar a su bebé (al que ponía voz Bruce Willis) con James, protagonizado por John Travolta, un amigo taxista, tras ser abandonada por el padre biológico del bebé, Albert (George Segal). La película de la directora Amy Heckerling no fue bien recibida por la crítica, que la calificó de tierna y simplona, pero se convirtió en un gran éxito de taquilla. Recaudó casi 300 millones de dólares en todo el mundo, suficiente para poner en marcha dos filmes más que continuaban la trama y marcaron el cine comercial de inicios de los noventa.

Alley nació en una familia de clase media en Wichita, donde trabajó como diseñadora de interiores hasta que decidió marcharse a Hollywood en 1981 sin conocer allí a nadie, únicamente gracias a lo que llamó “un impulso”. Solo seis meses después estaba vestida con el uniforme de la Enterprise, la nave insignia de Star Trek.

Aunque se había mudado a California, la actriz no abanderaba la ideología predominante en la costa oeste. Era conservadora (aunque dijo haber votado por Obama) y se convirtió después en ferviente seguidora de Donald Trump, a quien apoyó en 2016 en su carrera a la Casa Blanca. Después afirmó que ese apoyo al presidente estadounidense la llevó a ser incluida en una lista negra de Hollywood. De hecho, en mayo de 2021 Trump le mandó un mensaje: “Es muy fuerte e inteligente... Hay que apoyar a Kirstie Alley”, escribió el exmandatario. Ella le agradeció el gesto y dijo que lo echaba de menos en Twitter, de donde Trump había sido expulsado en enero de 2021 por “incitación a la violencia” tras el asalto al Capitolio por un grupo de ultras seguidores del presidente.

Alley también fue conocida por su humor. No tenía temor a reírse de ella misma. En 2005 apareció en la comedia Fat Actress, emitida por la cadena Showtime, en la que encarnaba a una actriz que, como ella en la vida real, intentaba mantener viva su carrera en una industria obsesionada con la imagen y que no perdonaba los kilos de más. Esa fue una batalla real durante la vida de Alley, quien fue durante años además portavoz de una empresa que vendía productos para adelgazar.

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Sobre la firma

Luis Pablo Beauregard

Es uno de los corresponsales de EL PAÍS en EE UU, donde cubre migración, cambio climático, cultura y política. Antes se desempeñó como redactor jefe del diario en la redacción de Ciudad de México, de donde es originario. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana y el Máster de Periodismo de EL PAÍS. Vive en Los Ángeles, California.

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