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CONGRESO DE LA ASALE

‘Rayuela’, los heterodoxos y los doblajes en el cine

La penúltima jornada de la cumbre de las 23 Academias de la Lengua sale a la calle

Félix de Azúa, este jueves durante su ponencia en el congreso de la Asale en Sevilla.
Félix de Azúa, este jueves durante su ponencia en el congreso de la Asale en Sevilla.

La penúltima jornada de la 16ª cumbre de la Asociación de las Academias de la Lengua Española (Asale), una de las más apretadas del congreso que ha reunido en Sevilla a representantes de 23 Academias, ha salido este jueves a la calle, en realidad al umbral de una sala del Ayuntamiento ante el temor a una fina lluvia que ha caído esta mañana, para invitar al público a leer Rayuela, de Cortázar, una de las obras centrales del llamado boom latinoamericano. Entre las muchas citas abiertas al público, el escritor y cineasta Manuel Gutiérrez Aragón ha disertado sobre las variantes del español en el cine y su recepción por los espectadores españoles; mientras que los escritores Félix de Azúa, Alberto González Troyano y Andrés Trapiello analizaron a tres heterodoxos andaluces.

Casi 150 personas han leído sus fragmentos favoritos de Rayuela, obra fetiche de muchos de los lectores de Julio Cortázar. Durante dos horas y media, autores, directores de algunas de las Academias de la Lengua y lectores anónimos han cogido el micrófono, instalado en una sala abierta hacia la plaza de San Francisco, para leer capítulos, párrafos o frases de la novela que Cortázar publicó en 1963 y, siguiendo las indicaciones de su autor, lo han hecho a su antojo, en cualquier orden.

"Los lectores tienen una conexión muy especial con esta obra y cada uno ha leído lo que más le llega de la novela, no hemos impuesto longitud ni orden. Incluso hemos contado con la voz de Cortázar para oír las grabaciones de los capítulos 2, 7, 32 y 68, las únicas que se conservan", ha explicado Carolina Reoyo, editora de Alfaguara. Santiago Muñoz Machado, director de la RAE y presidente de la Asale, rompió el hielo. Han intervenido también el escritor peruano Marco Martos, el físico José Manuel Sánchez Ron (RAE), los escritores Luis Mateo Díez y José María Merino, el filólogo José Manuel Blecua (RAE), el escritor y director de la Academia Mexicana Gonzalo Celorio o los periodistas de EL PAÍS Álex Grijelmo y Juan Cruz. Todos, para llegar hasta el atril desde el que han leído, lo pasado sobre una rayuela pintada en el suelo de la sala por el artista Pablo Little.

Para el escritor Félix de Azúa, miembro de la RAE y columnista de EL PAÍS, el gran heterodoxo fue Casiodoro de Reina, el monje jerónimo que tardó 12 años en traducir al español la biblia hebrea y lo hizo en una continua huida por Europa que le llevó desde Sevilla, donde la Inquisición quemó en la hoguera a 50 monjes de su cenobio de San Isidoro del Campo, en Santiponce, hasta Basilea (Suiza), donde por fin pudo imprimir la Biblia del oso en 1569. "A pesar de ser su mayor enemigo, Menéndez Pelayo dice en su Historia de los heterodoxos españoles que la traducción de De Reina y Cervantes han hecho las dos mayores aportaciones a la lengua literaria española", ha apuntado Azúa. "De él se conocen muy pocas cosas, pero su obsesión por traducir la Biblia es fruto de su defensa de la libertad individual. La suya es la primera ideología de la tolerancia y la liberación que se ha dado en este país, poco dado a estas cosas. Él mismo lo explicó: 'La palabra de Dios no puede quedar en manos de aquellos para quienes menester era que el vulgo no las entendiese, sino solo aquellos a quien eran provechosas para sustentar sus vientres y gloria", ha comentado el autor de Las lecciones de Jena.

De Azúa, quien antes de su charla en la Casa de la Provincia ha estado en la Biblioteca Colombina, del Cabildo de la catedral de Sevilla, ojeando un ejemplar de la primera edición de la Biblia del oso, ha recordado que la obra, que estuvo prohibida durante cuatro siglos porque su autor defendió la Reforma, sigue siendo una desconocida en España, donde se publicó por primera vez en 1987 por Alfaguara.

La vida y la obra del político liberal y escritor José Marchena (1768-1821), "un heterodoxo elevado a una altísima potencia", como apunta el escritor Alberto González Troyano, "que sirve para desdecirnos de esa imagen gris que tienen los españoles de la Ilustración". "Marchena apostó desde el primer momento por el compromiso a través de la acción y de la escritura, pero es un personaje tristemente olvidado. Menéndez Pelayo se hace eco de su obra y lo reeditó. Después algunos hispanistas franceses se han hecho de su obra", ha recordado González Troyano. Mientras que Andrés Trapiello, quien ha disertado sobre el escritor, teólogo y periodista sevillano José María Blanco White (1775-1841) y los exiliados románticos, ha dudado de la condición de heterodoxo de su personaje. "Hasta hace tres semanas, cuando me invitaron a participar en esta charla, no había leído nada de Blanco White, pero la verdad es que solo escribe sobre sí mismo y culpa de todos sus males a España. Aquí se siente una víctima, de forma que se va a Inglaterra, donde vive una vida acomodada", ha comentado Trapiello.

"El cine homogeiniza la lengua, para bien o para lo que sea", ha afirmado este jueves en la Fundación Cajasol, otra de las sedes del congreso de Asale, el cineasta, escritor y miembro de la RAE Manuel Gutiérrez Aragón. El director de Demonios en el jardín ha hecho un recorrido por cómo el cine español ha pasado de doblar las películas que se producían en Latinoamérica a "abrir los oídos de par en par a toda clase de acentos" con películas como Fresa y chocolate (1993). "El cambio se produce con la llegada de actores exiliados de la dictadura, lo que propició una presencia importante de esos intérpretes en producciones españolas: Marilina Ross, Héctor Alterio, Luis Politti, Walter Vidarte... Antes, incluso películas hechas allí por directores españoles, como Los inocentes (1963), de Juan Antonio Bardem o La boutique, de Luis García Berlanga, se 'doblaban' al español para suprimir el acento argentino".

El cineasta ha recordado cómo en España, durante mucho tiempo, incluso los acentos de las distintas regiones españolas solo se han tolerado en la comedia, "no en las películas serias". "El acento andaluz solo servía para el gracioso de turno. En nuestro cine frases como 'te quiero' o 'tu madre ha muerto' podían producir risa si eran pronunciadas con el más leve acento que no fuera el del español oficial", ha recordado el director de Demonios en el jardín..

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