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La obra sobre el paisaje y la memoria de Montserrat Soto, premio Nacional de Fotografía

El jurado destaca del trabajo de la artista barcelonesa, de 58 años, su "peso de orden político, antropológico y social"

Montserrat Soto, en una exposición en Valladolid en 2007.
Montserrat Soto, en una exposición en Valladolid en 2007. Efe

La artista barcelonesa Montserrat Soto, de 58 años, ha sido distinguida este viernes con el Premio Nacional de Fotografía, que concede el Ministerio de Cultura y Deporte y está dotado con 30.000 euros. Soto, que no solo trabaja la fotografía, sino también el vídeo, las instalaciones y la escultura, ha recibido el galardón por su "preocupación por la ecología y la memoria, que otorga a su trabajo un peso de orden político antropológico y social", ha destacado el jurado en su comunicado. "Ha sido una sorpresa cuando me han llamado", ha dicho Soto por teléfono a EL PAÍS, muy contenta.

En esa frase del jurado están sus “dos líneas de trabajo”, como ha reconocido Soto, que normalmente muestra su obra en series. Por un lado, su fotografía aborda "los espacios del arte, los lugares del acto creativo; así como la censura y la autocensura del artista, hasta llegar a Internet". Un amplísimo ámbito que ella define como "la memoria relacionada con la historia".

La otra línea creativa es "el paisaje a través del viaje". "He recorrido espacios habitados y no habitados, abruptos, urbanos y periferias... De hecho, estoy terminando una serie que parte de esto y en la que llevo trabajando 10 años. He estado en Siria, Namibia, Sao Paulo, La Habana, Túnez, Madrid... del hombre nómada al hombre sin lugar". Es lo que el jurado ha descrito como el "compromiso con los espacios habitados y con las presiones que ejercen sobre las personas que los ocupan". El Nacional de Fotografía, que podrá celebrar en Albarracín (Teruel), donde ha acudido como ponente en el Seminario de Fotografía y Periodismo que organiza cada año el reportero Gervasio Sánchez, le ayudará a acabar este trabajo monumental, que ha bautizado como Doomcity, del que espera que atraiga la atención de un centro adecuado, con amplio espacio para exponerlo porque ya tiene "nueve libros de imágenes más esculturas, banderas, fotos, videoinstalaciones…”.

Para Soto, “la fotografía es un medio”. “Claro que tiene un lenguaje particular, que permite a partir de la imagen repensar lo que ves e ir a otros lugares. Son como lienzos que permiten introducirte en ellos…”. Pero su forma de trabajar se basa en crear archivos. “Ello me permite guardar y analizar, y cuando tengo el archivo hecho, pienso en cómo mostrarlo, normalmente con fotografías, pero pueden ser miles de imágenes, documentos… luego selecciono y hago mi serie". "No soy una fotógrafa tradicional".

La vida en un pueblo

También le ayuda a esta laboriosa forma de crear el poder vivir desde hace años en una pequeña localidad de Burgos (Gumiel de Izán), que no llega a los 600 habitantes. Soto necesita “espacio para pensar y desarrollar una idea hasta el final. Las interrupciones constantes de la gran ciudad no lo permiten. Estar en este lugar, con una vida social tranquila, ha sido una consecuencia de mi trabajo". Precisamente, la forma de vida de los artistas ha cambiado desde la gran crisis económica, afirma. "Son muy pocos los que pueden vivir de su trabajo. Somos precarios", dice entre risas. “Si te dedicas a esto, te absorbe tanto que es difícil tener otras actividades para poder vivir mejor”.

El año pasado, Soto salió de su retiro burgalés para mostrar en PHotoEspaña su serie Imprimatur, en la Sala Alcalá 31 de Madrid. Se trataba de un gran collage con fotos de pinturas y textos, una investigación sobre la iconografía del libro en la pintura.

Soto es la sexta mujer -la tercera en los últimos cuatro años- que recibe el Nacional de Fotografía desde que se instauró en 1994. Nacida en Barcelona, en 1961, estudió pintura en la Escola Massana y en la École Supérieure d’Art de Grenoble (Francia). A principios de los noventa inició su trayectoria, tanto en la fotografía y vídeo. En 1993 tuvo su primera exposición individual, en el Espai 13 de la Fundación Joan Miró (Barcelona). Desde entonces, su obra se ha podido ver, entre otros centros, en La Caixa (Barcelona), Koldo Mitxelena (San Sebastián), Fundación Telefónica (Madrid), Museo Reina Sofía (Madrid), Centre d´Art la Panera (Lleida), Museo Patio Herreriano (Valladolid), Centre d’Art Santa Mònica (Barcelona), Fundación Lázaro Galdiano (Madrid) o el Museo de Zaragoza.

Además, en los últimos años ha colaborado en proyectos relacionados con la poesía, el teatro y el cine, como el Festival de Poesía en el Palau de la Música con una instalación multimedia; asimismo creó la escenografía de la obra teatral Las tierras de Alvargonzález, en el María Guerrero de Madrid, y junto a la directora de cine Chus Gutiérrez realizó el cortometraje Las que viven en la niebla, en el que fue la autora de un guion que cuenta la historia de superación de varias mujeres africanas.

El jurado de la 25ª edición del Premio Nacional de Fotografía estuvo presidido por Román Fernández-Baca Casares, director general de Bellas Artes, actuó como vicepresidenta Begoña Torres González, subdirectora general de Promoción de las Bellas Artes, y ha estado formado por Carlos Gollonet Carnicero, conservador jefe de Fotografía del Área de Cultura de Mapfre; Javier Vallhonrat Ghezzi, fotógrafo; Laura Terré Alonso, comisaria de exposiciones; Semíramis González Fernández, historiadora y comisaria independiente, y Gloria Oyarzabal Lodge, fotógrafa.

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