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‘La camarista’, el ritual de sacrificios de las empleadas de un hotel

La película de Lila Avilés, que ofrece un retrato de la autoexplotación laboral al mismo tiempo que descubre un oficio, llega a las salas mexicanas tras haber sido galardonada en los premios Ariel y en el Festival de Morelia

La directora Lila Avilés, y las actrices Gabriela Cartol y Teresa Sánchez.
La directora Lila Avilés, y las actrices Gabriela Cartol y Teresa Sánchez. El País

En el piso 42 del hotel Presidente se esconden los sueños de Eve. No hay nada más allá. Es la última planta y también la máxima aspiración de esta empleada. Limpiar la zona de los poderosos, sus suites y sus excesos supone poner fin a sus problemas, es su mayor deseo y también la forma de alcanzar la felicidad. Allí se dirige clandestinamente en los escasos ratos libres de los que goza. Sube, se apoya contra una columna, mira a través del cristal y simplemente sueña con convertirse en una de las elegidas para asear el área más lujosa de este hotel de Ciudad de México.

Galardonada en los Ariel con el premio a mejor ópera prima tras cosechar 10 nominaciones y en el festival de Morelia como mejor película, La Camarista ofrece un relato cargado de crítica, en el que también descubre un oficio y donde la protagonista va encontrándose con su propio yo. En ella se narra con un ritmo pausado la lucha de Eve por lograr su anhelado ascenso y pasar de limpiar la planta 21 a la 42. Para lograrlo, esta empleada, de 24 años y con un hijo a su cuidado, se levanta a las 4.00 de la madrugada, hace horas extras, estudia hasta en el baño para sacarse el bachillerato e incluso en ocasiones duerme en el propio hotel. Entra de noche y sale cuando ya oscureció; los días pasan y ni siquiera le da la luz del sol. “A lo largo de la película, Eve se vuelve más introspectiva, más solitaria y sensible. Tal vez se perciba como amargada, pero en realidad lo que intenta es protegerse”, cuenta Gabriela Cartol, que interpreta a la protagonista.

La ópera prima de Lila Avilés, que llega este viernes a los cines mexicanos, ofrece un retrato de la autoexplotación laboral, reflexiona sobre el menosprecio de los más ricos hacia el servicio y habla del paternalismo que asola en ocasiones la relación entre cliente y empleado. Al mismo tiempo, narra la vida de Eve, cómo se descubre a sí misma, explora su sexualidad y acaba pasando de la timidez y la introspección a la furia pública. Todo ello sin que la cámara salga del hotel y sin perderle el rastro a la protagonista más allá de unos segundos.

“Habla de la necesidad de descubrir el universo propio, de cómo nos vemos a nosotras mismas, de la visión femenina. Se aprecia a la protagonista tratando de identificarse, humana y sexualmente, indagando en su propio cuerpo y en el vínculo que tiene con este”, señala Avilés acerca de una película en la que también actúan Teresa Sánchez y Agustina Quinci.

Por otra parte, esta cinta, que ya se ha estrenado en Estados Unidos, logra convertir el trabajo de la camarista en un oficio. Retrata el minucioso detalle con el que trabajan, las técnicas que utilizan para que un cuarto quede perfecto y el sinfín de atenciones que requiere lograr la satisfacción de un cliente. Cada mañana, un ejército de camaristas se despliega a través de los 42 pisos de este hotel. Toda una legión de empleadas que, para limpiar, acaban adentrándose en la intimidad de los cuartos. Mientras dejan impolutos los baños y desafían a la física hasta lograr estirar al máximo sábanas y colchas, conocen las vidas de sus clientes, sin que ellos, en la mayoría de los casos, sepan ni siquiera quién limpia su habitación.

“Una camarista trabaja a diario con la impermanencia: pase lo que pase, se limpia, se acomoda y a lo siguiente. Es una rastreadora de todo. Por el olor, por la forma en que quedan las sábanas tras dormir o por cómo están acomodados los zapatos puede saber algo de la personalidad del cliente”, señala Avilés.

Ante la adversidad, Eve solo encuentra un camino: el del esfuerzo. Pero, ¿es esta la mejor vía para lograr un ascenso? Una pregunta que tendrá respuesta al final de este filme grabado en un exclusivo hotel de la capital mexicana donde cada día trabajan cientos de Eves intentando encontrar la fórmula para tener una vida mejor. Con esta película, Avilés pone fin a ocho años de trabajo. Ha logrado llevar a la gran pantalla la idea con la que empezó a formarse como cineasta y que también trasladó al teatro. Tras su estreno en las salas mexicanas, se acaba su gran proyecto.

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