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María Mercedes Carranza, poesía y muerte con las FARC de fondo

15 años después de que la poeta colombiana se quitara la vida, sus poemas siguen vigentes en su tierra

María Mercedes Carranza, en un acto en Casa América de Madrid en 2001, junto a Tomás Segovia. Ampliar foto
María Mercedes Carranza, en un acto en Casa América de Madrid en 2001, junto a Tomás Segovia.

“La vida eran aún los desastres de la guerra, / el recelo aún, la desesperanza / en la dura mirada de las gentes”, escribió la colombiana María Mercedes Carranza en el poema Ledesma, 1951, cuyo nombre hace referencia a un pueblo castellano que visitó cuando era niña durante el franquismo. La escritora argentina Noni Benegas subrayaba el pasado mayo en un homenaje celebrado en Casa de América en Madrid que estos versos, que remiten también a la película Europa, 1951, del director italiano Roberto Rossellini, continúan de alguna manera en las líneas de Bogotá, 1982, en las que Carranza dibuja un panorama similar, pero en suelo colombiano y que son como el preámbulo de una tragedia nacional propia: “Nadie mira de frente, / de norte a sur la desconfianza, / el recelo, entre sonrisas / y cuidadas cortesías”.

Este miércoles, cuando se cumplen justamente 15 años de la muerte de la escritora (Bogotá, 1945-2003), la mirada desencantada sobre la realidad de su país cobra una nueva actualidad. “En las pasadas elecciones creo que hubiera ido con Sergio Fajardo, por el aspecto social. Y también, que no hubiera estado a disgusto con Gustavo Petro. Lo que tengo claro es que nunca hubiera ido con [Álvaro] Uribe y los suyos”, señala el periodista y escritor colombiano Daniel Samper, partícipe en el homenaje.

Hija de un poeta aclamado en Colombia, Eduardo Carranza —cabeza del movimiento piedracielista, a cuya sombra escribió Gabriel García Márquez sus poemas de adolescencia—, María Mercedes vivió en España de los seis a los trece años por el cargo diplomático que su padre ocupaba en Madrid, y forjó allí un carácter franco que sus amigos recordaron en el homenaje de Casa de América. “Ella tenía tres aspectos en su vida. Por un lado estaba la profesional de la cultura. También estaba la propia artista, la poeta. Y luego estaba su dimensión personal y sus convicciones, que eran muy sólidas”, señala Samper. “Sobre esto tengo que decir algo, y es que, a pesar de lo estricta que podía parecer por fuera, la gente no se hace una idea de lo divertida que podía ser”, agrega.

De vuelta en Colombia y tras un regreso de unos cuantos años a España para licenciarse en Filosofía y Letras, Carranza estuvo como intelectual en la primera línea de la política y la actualidad colombianas. Y desde 1986 hasta su muerte dirigió la histórica Casa de Poesía Silva, desde la que contribuyó a sacar la poesía del círculo académico habitual.

Desde la izquierda, Pedro Alejo Gómez, actual director de la Casa de Poesía Silva, y los poetas Francisco José Cruz y Mario Rivero, el 27 de julio de 2006 en la Casa de Poesía Silva de Bogotá.
Desde la izquierda, Pedro Alejo Gómez, actual director de la Casa de Poesía Silva, y los poetas Francisco José Cruz y Mario Rivero, el 27 de julio de 2006 en la Casa de Poesía Silva de Bogotá.

Bogotá, 1982 habla de una ciudad ensimismada, cuyas tensiones sociales iban a explotar definitivamente a lo largo y ancho del país precisamente en la década de los ochenta: unas guerrillas fundadas décadas atrás pero cada vez más fortalecidas; unos carteles de la droga que ya hacían gala total de su poderío económico y de su sevicia expresada en bombas y asesinatos de personalidades que se les oponían; y de unos grupos paramilitares que medraban en el seno mismo de las bandas de narcotraficantes.

País en el abismo

La propia poeta dedicaría un libro celebrado por la crítica, El canto de las moscas, sobre los horrores de ese país que se despeñaba por el abismo, con pinceladas como esta sobre un pueblo antioqueño azotado por la guerra: “Quizás / el próximo instante / de noche tarde o mañana / en Necoclí / se oirá nada más / el canto de las moscas”.

Al final de su vida, Carranza, miembro de la Constituyente que redactó la conservadora Carta Magna de 1886 —“su convicción era democrática: creía en la igualdad, en la no discriminación, en la tolerancia”, recuerda Samper—, padeció directamente los horrores de esa guerra que se cernía sobre el país. Su hermano Ramiro fue secuestrado —y posteriormente asesinado— por las FARC. Una sobredosis de antidepresivos acabó con su angustia por ese secuestro. 15 años después, las FARC se han desmovilizado y convertido en partido político tras los acuerdos de paz de 2016. Y la poesía de Carranza sigue delineando el imaginario colectivo colombiano.

La influencia literaria de España

María Mercedes Carranza “se había formado bajo los mejores maestros”, señaló el crítico literario Juan Gustavo Cobo Borda, “cuando su padre bebía en España cerca de Vicente Aleixandre y Salvador Dalí, Dámaso Alonso y Antonio Tovar, Pedro Laín Entralgo y los jóvenes poetas colombianos que admiraban el arrogante magisterio lírico de [Eduardo] Carranza: Jorge Gaitán Durán y Eduardo Cote Lamus”. En España, Carranza empezó una relación con el poeta Juan Luis Panero, quien así la describe en sus memorias, Sin rumbo cierto: “María Mercedes Carranza (...) se metió en la relación conmigo como un caballo… Yo solía llamarla así, Caballo loco, en el sentido de que era una persona muy desbocada”.

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